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"El Código Del Inmortal De Hierro"

"El Código Del Inmortal De Hierro"

Status: En proceso
Genre:Superhombre / Salvando al mundo / Supersistema / Apoyo mutuo
Popularitas:457
Nilai: 5
nombre de autor: Mery Tortolero

En un mundo donde la magia es un privilegio genético, él nació como un error del sistema.

Durante milenios, los Puros —una aristocracia elfa de linaje divino— han gobernado el continente de Aethelgard. Su magia de éter alimenta las ciudades flotantes y otorga una vida eterna, mientras la humanidad sobrevive en las sombras de las mega-ciudades industriales, trabajando como simple combustible para mantener el paraíso de sus amos.

Zane es nadie. Un minero de dieciocho años destinado a morir por la "Peste del Taller" en los niveles más bajos de la Ciudad de Nebulosa. Pero todo cambia cuando, en una fosa de desechos alquímicos, encuentra el Núcleo Zero: un artefacto prohibido de la Era de los Creadores que no debería existir.

Al fusionarse con el núcleo, Zane descubre una verdad aterradora: la realidad no es mística, es código. Y él acaba de convertirse en el primer usuario con permisos de administrador.

"Rescríbela. Devórala. Gobiérnala."

NovelToon tiene autorización de Mery Tortolero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Los Nómadas del Acero

El mundo físico era un desierto de ceniza y óxido que no perdonaba. Zane caminaba con dificultad, su respiración siseando a través de los filtros saturados de su máscara. La Esencia del Éter (la quinta pieza) latía en su cinturón, pero en este lugar sin red, su poder se sentía pesado, una carga que lo anclaba a la tierra en lugar de elevarlo.

[ADVERTENCIA: INTEGRIDAD BIOLÓGICA AL 60%][AVISO: TORMENTA DE CENIZA ELÉCTRICA DETECTADA EN 15 MINUTOS]

—Zane, tienes que encontrar refugio —la voz de Aurora sonó débil, un susurro en su mente—. Si la tormenta nos alcanza, la carga estática sobrecargará tu Núcleo Zero y freirá tu cerebro.

Zane activó su nueva habilidad de Forja de Materia. Extendió su mano de cromo y, con un esfuerzo de voluntad, materializó un escudo de aleación ligera para protegerse del viento que empezaba a aullar. La creación de materia física sin un servidor de respaldo consumía su propia energía biológica. Sintió un mareo súbito.

De repente, un estruendo rítmico hizo temblar el suelo. No era un trueno. Era un sonido mecánico, pesado y brutal.

De entre la niebla de ceniza surgió una aparición de pesadilla industrial. Era una mole de metal remachado, del tamaño de un acorazado, moviéndose sobre orugas inmensas que trituraban las ruinas de la antigua civilización. Chimeneas gigantescas vomitaban humo negro y vapor, y en su casco, escrito con pintura roja y oxidada, se leía: "LIBERTAD O CENIZA".

Era una Ciudad Móvil de los Nómadas del Acero.

Un cañón de vapor en la cubierta superior giró hacia Zane. Antes de que pudiera reaccionar, una red de cables de acero, lanzada por un arpón, lo envolvió, inmovilizando su brazo de cromo y tirándolo al suelo.

Zane fue arrastrado hacia el interior de la ciudad móvil. El aire olía a grasa, carbón y sudor humano. No había luces de neón, solo bombillas de filamento que parpadeaban. En el centro del casco, rodeado de calderas silbantes, lo esperaba una mujer de cabello canoso curtida por el viento, con un brazo biónico tosco hecho de pistones hidráulicos: Capitana Kaelen.

—¿Qué tenemos aquí? —dijo Kaelen, examinando a Zane con desprecio—. Ropa de la Ciudad de Cristal, pero sangre de la Fosa. Y un brazo de juguete que brilla demasiado.

—Soy Zane —dijo él, intentando liberarse de las redes—. Vengo de Aethelgard. Estoy buscando la forma de detener a los Elfos.

—¿Aethelgard? —Kaelen escupió al suelo—. Ese es el nombre que los Elfos le dieron a su prisión de datos. Nosotros llamamos a este lugar La Realidad. Y aquí fuera, niño, tu magia de luces no vale nada. Aquí sobrevivimos con acero y vapor.

—Zane, detecto la firma de la sexta pieza de la Corona dentro de este vehículo —susurró Aurora—. Está en la sala de máquinas principal.

Zane miró a Kaelen. Su Visión de la Claridad le mostró que la capitana no mentía; su odio hacia los Elfos era genuino, pero su desesperación era aún mayor. El motor principal de la ciudad móvil estaba fallando.

—Vuestro motor se está muriendo —dijo Zane—. Si no lo arregláis en las próximas dos horas, la tormenta de ceniza os alcanzará y esta ciudad se convertirá en vuestra tumba.

Kaelen retrocedió, sorprendida. —¿Cómo lo sabes?

—Porque puedo ver el flujo de energía —Zane levantó su brazo de cromo—. Déjame ir a la sala de máquinas. Puedo arreglarlo. A cambio, quiero lo que tenéis guardado allí.

Kaelen dudó, pero el silbido agonizante del motor la convenció. Zane fue escoltado a la sala de máquinas, un infierno de calor y pistones. En el centro del motor, usado como una fuente de energía inestable, flotaba un fragmento de cristal rojo carmesí: el Pulso de Vida.

[IDENTIFICACIÓN: SEXTA PIEZA DE LA CORONA][ESTADO: USADO COMO GENERADOR ANALÓGICO INFICIENTE]

Al tocar el cristal, Zane no sintió datos. Sintió una vitalidad abrumadora. El Pulso de Vida no controlaba la electricidad o la lógica; controlaba la biología. Al integrarlo, sintió que sus pulmones se curaban de la ceniza y que su sangre corría con una fuerza renovada.

Extendió su mano de cromo hacia el motor moribundo y usó su habilidad de Forja de Materia combinada con el Pulso de Vida. No creó metal; creó una simbiosis. El motor de acero empezó a latir como un corazón orgánico. El vapor se volvió limpio y la ciudad móvil rugió con una potencia que no había sentido en décadas.

[PIEZAS DE LA CORONA: 6/7][HABILIDAD DESBLOQUEADA: BIO-MECÁNICA (Permite fusionar tecnología y biología para mejorar estructuras o curar heridas graves)] [NIVEL SUBIDO: NIVEL 16] [HUMANIDAD: +10% (Total 98%) - El contacto con la vida física real ha restaurado casi por completo su red neuronal original]

Kaelen entró en la sala de máquinas, mirando el motor que ahora brillaba con una luz roja suave. Sus ojos se llenaron de lágrimas de alivio.

—Lo has salvado —dijo ella, mirando a Zane con un nuevo respeto—. No eres un elfo, y tampoco eres el niño que creía. Eres algo nuevo.

—Soy el Administrador —dijo Zane, guardando la sexta pieza—. Y necesito vuestra ciudad móvil. Vamos a ir al Cementerio de Satélites, en la órbita baja. Allí está la última pieza, el Corazón del Servidor.

Kaelen sonrió, y esta vez fue una sonrisa de guerra. —Si ese motor aguanta, te llevaremos al fin del mundo, Administrador. Vamos a enseñarles a esos dioses de cristal lo que pasa cuando el acero se levanta.

La ciudad móvil cambió de rumbo, acelerando hacia el horizonte donde los restos de la antigua era espacial descansaban bajo la ceniza. Zane miró hacia el cielo gris. Tenía 6 de las 7 piezas. La rebelión en la Realidad acababa de comenzar.

1
b zamitiz
🙂
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