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SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

SU MAJESTAD, ESTE NO ES SU SIGLO, PERO TIENE MI CORAZÓN

Status: Terminada
Genre:Viaje En El Tiempo / Magia / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: RENE TELLO

Hace tres siglos, la joven reina Isolda fue traicionada la noche antes de firmar un tratado que habría salvado su reino.
En su última hora, una mujer misteriosa le prometió: “Tendrás otra oportunidad, pero no en este tiempo.”
En el 2025, Tomás Vidal, es un arquitecto urbano y orgulloso escéptico de todo lo sobrenatural, encuentra en la restauración de un antiguo palacio europeo a una mujer desorientada, vestida como si acabara de salir de una pintura. Dice ser reina. No recuerda cómo llegó allí.
Entre intentos por adaptarse a un mundo sin carruajes, sin criadas y con “pantallas mágicas”, Isolda se convierte en un fenómeno viral.
Tomás intenta protegerla de la prensa y de sí misma, pero acaba descubriendo que lo imposible tiene su propia lógica y que está empezando a enamorarse de alguien que, literalmente, no pertenece a su tiempo.
Mientras tanto, los fragmentos de la traición que la condenó comienzan a resurgir.
¿Sobrevivirán al pasado o al presente?

HISTORIA DE 25 CAPÍTULOS. GRACIA

NovelToon tiene autorización de RENE TELLO para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10

La noticia de la fundación corrió más rápido que el rumor de un baile real.

En menos de una semana, Tomás recibió tres correos, dos llamadas y una videoconferencia donde todos lo trataban como si ya fuera un experto en restauración de patrimonio.

—¿Experto? —dijo, rascándose la nuca—. Yo solo tengo los planos… y un castillo que aún gotea por todas partes.

—Eso mismo dijeron de Versalles —replicó Isolda desde la cocina, donde intentaba comprender el funcionamiento del microondas—. Y mira ahora, cobran por entrar.

—Sí, pero ellos tenían un ejército de obreros. Yo tengo… a ti.

—Y un baño que canta —añadió ella con solemnidad.

Tomás rió. Desde que Fundación Lady Idolen apareció, las cosas habían tomado un rumbo inesperado.

La fundación ofrecía financiar parte del proyecto si Tomás presentaba una propuesta audiovisual convincente.

El problema: necesitaba producir un video en menos de diez días.

—¿Video? —preguntó Isolda—. ¿Eso es como una pintura que se mueve?

—Más o menos.

—Entonces puedo ayudar. Tengo experiencia quedándome quieta durante horas.

—No, esta vez hay que hablar frente a cámara.

—Ah. —Lo pensó un instante—. También tengo experiencia dando discursos antes de una ejecución.

Tomás se atragantó con el café.

Mientras tanto, su fama crecía sin control. Las fotos de la campaña de joyas seguían multiplicándose, y alguien había abierto una cuenta oficial con el nombre Isla Doren. En menos de una semana, tenía medio millón de seguidores.

—Dicen que eres un fenómeno —comentó Tomás, mostrándole la pantalla.

—¿Fenómeno? ¿Como una tormenta?

—Algo así.

Ella suspiró. —Al menos soy una tormenta bien peinada.

El estudio la contrató otra vez, esta vez para una colección de perfumes inspirados en “mujeres eternas”. Isolda aceptó sin pensarlo.

—Al final, no es tan diferente de posar para un retrato. Solo que ahora los pintores hablan demasiado.

Lo que no esperaba era el sobre que llegó días después: un cheque con varios ceros.

—Tomás —dijo, con una mezcla de desconcierto y culpa—, ¿esto es una fortuna?

Él lo miró y asintió. —Con eso puedes pagar la mitad de la restauración del castillo.

—Entonces lo haré.

—No, no, Isolda, eso es tuyo.

—Tomás —dijo ella, mirándolo con calma—, si el castillo vuelve a levantarse, también lo hará mi historia. Déjame pagar por ella.

Él quiso protestar, pero sus ojos no le dieron permiso.

Más tarde, mientras trabajaban juntos en los planos, Isolda observó el nombre de la fundación en la carpeta.

Lady Idolen.

Algo en su pecho vibró, como si el tiempo se hubiese encogido.

—¿Y si… esa dama fuese yo? —preguntó en voz baja.

—¿Tú? —Tomás rió—. No creo que los fondos acepten fantasmas.

—No sería la primera vez que un fantasma maneja un reino —respondió con media sonrisa.

Tomás se quedó mirándola más de lo necesario, y cuando ella se dio cuenta, bajó la mirada.

—Tomás —dijo ella al fin—, ¿y si este siglo no es tan malo después de todo?

Él sonrió. —Depende. ¿Te quedarías?

—Aún no lo sé —susurró—. Pero cada día me da menos miedo averiguarlo.

Dos días después, Tomás convirtió el estudio en un improvisado set de filmación. Había luces, una cámara prestada, cables que parecían raíces de un bosque y una Isolda vestida con un elegante traje azul que había escogido “porque inspiraba respeto sin parecer luto”.

—Solo tienes que leer esto —le dijo Tomás, entregándole una hoja—. Es el guion del video de presentación.

—Perfecto —respondió ella, acomodándose el cuello—. ¿Y qué debo hacer con las cámaras?

—Ignorarlas.

—¿Como a un mensajero con malas noticias?

—Exactamente.

Tomás se colocó detrás de la cámara y contó: —Tres, dos, uno… ¡acción!

Isolda respiró hondo.

—Queridos súbditos del… siglo veintiuno —empezó solemnemente.

Tomás se llevó una mano a la frente.

—Corta, corta, corta. No son súbditos, son patrocinadores.

—¿No hay diferencia?

—Mucha. Intenta de nuevo.

Ella asintió.

—Estimados mecenas del porvenir, hoy os convoco para restaurar una joya de piedra y memoria…

Tomás intentó aguantar la risa.

—¿Convoco? —susurró—. No estamos levantando un ejército.

—Pero suena majestuoso, ¿no crees?

—Sí, demasiado. Vamos con algo más… natural.

—¿Natural? ¿Como una tormenta o una revolución?

—Como una conversación.

Isolda enderezó la espalda y miró directo al lente.

—Me llamo Is… Isla Doren. —Hizo una pausa breve—. Y creo que algunas cosas del pasado merecen otra oportunidad, igual que las personas.

Tomás bajó lentamente la cámara.

Esa frase no estaba en el guion.

Y sin embargo, era perfecta.

—¿Lo dije bien? —preguntó ella.

—Lo dijiste… mejor de lo que yo hubiera escrito.

Horas después, mientras revisaban la grabación, Isolda se quedó mirando la pantalla.

Ver su propio rostro moverse, sonreír y hablar con tanta vida le resultaba casi mágico.

—¿Sabes? —dijo suavemente—. Creo que empiezo a comprender por qué a tu siglo le gusta tanto guardar imágenes.

—¿Por qué?

—Porque así el tiempo no puede quitártelas.

Tomás la miró.

Y tuvo la certeza de que, si algún día ella decidía regresar a su época, el futuro se le quedaría demasiado vacío.

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Lupita Espinoza Castro
Rara historia, interesante, gracias escritora
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Excelente
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Thibizay Garcia
Me ha encantado leerte y mucho /Proud//Proud//Proud/
Ana Elena Jiménez
felicitaciones @RENE muy linda la historia 👏👏👏
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja
Ana Elena Jiménez
super fascinante 🫶
Ana Elena Jiménez
muy linda la historia,
Ana Elena Jiménez
cuanto misterio 🫢
MANATE
😘💯
RENE: Gracias ☺️
total 1 replies
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja con isolda es para morirse de la risa definitivamente 🫢
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja isolda totalmente atropellada por la tecnología
Ana Elena Jiménez
eso sí es cierto
Ana Elena Jiménez
amo esta historia,es espectacular 🫶
Ana Elena Jiménez
está historia es espectacular muchas gracias René Tello por continuarla 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja
Ana Elena Jiménez
este par son todos un personaje 🫶🫶🫶
Ana Elena Jiménez
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja ya no puedo más con isolda
Ana Elena Jiménez
me encanta este amor 😍😍
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