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Desafiando Al Sistema

Desafiando Al Sistema

Status: En proceso
Genre:Aventura / Romance
Popularitas:760
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.

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Capítulo 1 — El Último en la Fila

La lluvia no caía.

Castigaba.

Golpeaba el asfalto con furia, salpicando barro y agua sucia contra las botas alineadas frente al edificio acordonado. Las luces de emergencia parpadeaban, tiñendo todo de rojo intermitente, como si la ciudad estuviera respirando con dificultad.

Diecisiete pisos de concreto gris se alzaban frente a ellos. Ventanas rotas. Fachada agrietada. Algo en la parte superior parecía más oscuro que el resto.

El aire se tensó.

Y entonces ocurrió.

No fue una apertura limpia.

El espacio se partió como vidrio bajo presión.

Un desgarrón ovalado se formó en el piso diecisiete, torciendo la luz alrededor, doblando las líneas del edificio. El sonido no fue fuerte… fue profundo. Un crujido que parecía venir desde dentro del pecho.

Nadie habló.

Todos miraron.

Cael Verdan también.

La lluvia le corría por el rostro, mezclándose con el sudor frío que no admitía sentir. El chaleco viejo pesaba más de lo normal empapado. Su espada colgaba en silencio. Acero común. Nada brillante. Nada especial.

Rango F.

El que entra primero.

El que absorbe el riesgo.

El que nadie cubre.

—Equipo Hale. Formación —ordenó Marcus por el comunicador.

Marcus Hale, rango B. Abrigo reforzado. Postura firme. Seguridad que no necesitaba probarse. Su voz no dudaba porque nunca había tenido que hacerlo.

—Entramos, revisamos vestíbulo, salimos. Sin heroísmos.

Asentimientos breves.

Luego, esa pausa.

Esa mínima fracción de segundo que siempre precedía la orden.

Marcus giró el rostro apenas.

—Cael. Adelante.

No fue la lluvia lo que hizo frío el aire.

Fue el silencio.

Lina evitó mirarlo. Ajustó la cuerda de su arco con dedos tensos. Bren acomodó el escudo como si no hubiera escuchado nada. Nadie protestó. Nadie sugirió rotación.

Cael sintió el golpe interno.

No miedo.

Resignación.

—Recibido.

Avanzó.

El portal vibró al acercarse. El edificio dejó de existir ante sus ojos.

En su lugar, piedra negra.

Columnas altas.

Techos que no respetaban geometría conocida.

Runas azuladas latiendo en el suelo como si tuvieran pulso propio.

El aire era distinto. Más denso. Más antiguo.

—Ingreso confirmado —murmuró.

Dio un paso.

La presión llegó primero.

Después la criatura.

No hubo advertencia. Una masa oscura se lanzó desde la sombra lateral. Cael apenas levantó la espada a tiempo. El impacto le sacudió el brazo hasta el hombro. Sintió el tendón vibrar. Sus dientes chocaron entre sí.

La bestia olía a humedad y sangre vieja.

Rodó hacia un costado, clavó la hoja en el costado de la criatura. El chillido perforó el espacio. La forma se deshizo en humo negro que se pegó a su piel como ceniza caliente.

No respiró.

Otra sombra cayó sobre él.

Se lanzó hacia atrás. La piedra raspó su espalda. Sintió los colmillos rozarle el hombro antes de que lograra apartarse.

Dolor.

Agudo.

Real.

—Contacto múltiple —jadeó—. Solicito entrada.

El comunicador chisporroteó.

—Confirma número y patrón —respondió Marcus.

Cael miró alrededor.

Las sombras se movían.

Más de dos.

Más de tres.

—¡Estoy rodeado!

Silencio.

No interferencia.

Silencio deliberado.

Algo dentro de él se quebró un poco.

—Entendido —dijo la voz al fin—. Mantén posición.

Mantén posición.

Mientras seis figuras emergían de la oscuridad.

Cael retrocedió un paso.

Luego avanzó.

La espada no era elegante. No era precisa. Era desesperación convertida en acero. Cada golpe vibraba en sus muñecas. Cada impacto arrancaba aire de sus pulmones. Una criatura le saltó al pecho y lo derribó.

El peso lo aplastó.

La boca de la bestia se abrió frente a su rostro.

Calor fétido.

Colmillos.

Cael gritó.

Empujó con la rodilla, torció la hoja hacia arriba, sintió resistencia, luego ruptura. Sangre negra le salpicó la cara.

Otra mordida le desgarró el costado.

Esta vez gritó de verdad.

—¡Apoyo!

Nadie respondió.

El sonido del combate se tragó su propia voz.

Entendió entonces.

No iban a entrar.

Esperaban que limpiara lo suficiente.

O que muriera.

Se levantó con un gemido bajo, sangre filtrándose bajo el chaleco.

La última bestia se lanzó.

Cael no esquivó.

Avanzó contra ella.

La hoja atravesó cráneo y la criatura se desintegró.

Silencio.

Cayó de rodillas.

Le temblaban las manos. No por frío. Por descarga.

—Área asegurada… —susurró.

Las runas del suelo cambiaron de azul a rojo.

El aire cambió.

Un rugido profundo recorrió el lugar.

—Retirada inmediata —ordenó una voz alterada—. Portal inestable.

Cael levantó la vista.

La salida estaba reduciéndose.

—¡Estoy dentro!

Corrió.

Cada paso era un latigazo de dolor en el costado. La sangre se le pegaba al torso. El portal se hacía más pequeño.

—¡Marcus!

La luz era ya una franja.

—¡No me dejen!

Nadie respondió.

El portal se cerró.

No hubo explosión.

Solo ausencia.

Oscuridad.

Despertó sobre piedra fría.

No vestíbulo.

No edificio.

Un pasillo largo iluminado por antorchas azul pálido suspendidas en el aire.

Silencio absoluto.

Ni lluvia.

Ni comunicador.

Intentó ponerse de pie y el dolor casi lo derribó otra vez.

—Estoy… solo…

El aire frente a él se fracturó en paneles luminosos.

[Usuario compatible detectado.]

Parpadeó.

Pensó que estaba delirando.

[Estado crítico.]

[Propuesta de Vinculación activa.]

Recordó el silencio.

Las miradas esquivas.

La orden sin respaldo.

La lluvia cubriendo todo como si nada importara.

—¿Y si digo que no…?

[Probabilidad de supervivencia: 3%.]

Una risa amarga escapó de su garganta.

—Claro…

Cerró los ojos un segundo.

No había nadie más.

—Acepto.

La piedra bajo sus manos vibró.

No violento.

Profundo.

[Vinculación completada.]

[Bienvenido, Usuario Cael Verdan.]

[Habilidad pasiva adquirida: Tenacidad del Caído.]

El dolor no desapareció.

Pero dejó de empujarlo hacia el abismo.

Era como si algo lo sostuviera desde dentro.

Respiró.

Más estable.

Más claro.

A lo lejos, algo respiró en la oscuridad.

No como una bestia.

Más grande.

[Inicio de protocolo de Ascenso.]

Cael se secó el rostro con la manga ensangrentada.

No había gloria.

No había testigos.

Solo piedra.

Oscuridad.

Y una decisión.

Apretó la empuñadura.

Y caminó hacia la sombra.

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