Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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Lo que Valentina hizo aquella noche
Capítulo 9 —
Valentina permaneció inmóvil.
—¿Yo sabía quién era el culpable?
Mateo no respondió.
—¡Te estoy preguntando si yo sabía quién era!
—Sí.
Valentina sintió que le faltaba el aire.
Emilia se acercó lentamente.
—Hay algo que debes recordar antes de saber quién es.
—¿Qué?
—Por qué estabas buscando a esa persona.
Valentina negó con la cabeza.
—No entiendo.
Mateo se pasó una mano por el cabello.
—La noche que desapareciste no estabas huyendo.
—¿Entonces?
—Estabas buscando a alguien.
—¿A quién?
Mateo la miró fijamente.
—A la persona que había estado siguiendo tus pasos durante meses.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Me estaban siguiendo?
—Sí.
—¿Y ustedes lo sabían?
Mateo bajó la mirada.
—Yo lo descubrí demasiado tarde.
Valentina se quedó callada.
Entonces una imagen apareció en su mente.
Ella caminando por una calle.
Mirando hacia atrás.
Alguien detrás de ella.
Un automóvil negro.
Y una voz.
"No mires."
Valentina cerró los ojos.
—El automóvil...
Mateo levantó la cabeza.
—¿Qué automóvil?
—Uno negro.
Emilia palideció.
—¿Lo recuerdas?
—No completamente.
—¿Qué más?
Valentina respiró profundamente.
—Había alguien dentro.
—¿Viste su rostro?
—No.
Silencio.
Hasta que Valentina abrió los ojos.
—Pero recuerdo la matrícula.
Mateo y Emilia se miraron.
—¿Cuál era? —preguntó Mateo.
Valentina comenzó a decir los números.
Pero se detuvo.
—No...
—¿Qué pasa?
—Ya los había visto antes.
—¿Dónde?
Valentina miró a Mateo.
—En tu casa.
Mateo se quedó completamente quieto.
—Eso es imposible.
—Yo recuerdo esa matrícula.
—Valentina...
—¡La recuerdo!
Emilia intervino.
—Mateo, déjala hablar.
Valentina respiró profundamente.
—Estaba en una fotografía.
—¿Qué fotografía?
—Una fotografía de tu familia.
Mateo palideció.
—No.
—Sí.
—Valentina, tú nunca viste esa fotografía.
Ella lo miró.
—Entonces explícame por qué puedo describirla.
Mateo no respondió.
Emilia cerró los ojos.
—Porque ella estuvo allí.
Valentina se giró hacia ella.
—¿Dónde?
Emilia respondió:
—En la casa de Mateo.
Esa noche, los tres llegaron a la antigua casa de Mateo.
La casa llevaba años vacía.
Valentina entró lentamente.
Todo le parecía extrañamente familiar.
—He estado aquí.
Mateo la observó.
—Sí.
Valentina caminó por el pasillo.
Una puerta.
Un cuadro.
Una escalera.
Cada cosa despertaba pequeños recuerdos.
Entonces llegó frente a una habitación.
Se detuvo.
—Aquí.
Mateo se acercó.
—¿Qué?
—Aquí pasó algo.
Abrió la puerta.
Dentro había un escritorio antiguo.
Valentina caminó hasta él.
Abrió el primer cajón.
Nada.
El segundo.
Nada.
El tercero estaba cerrado.
—Dame la llave.
Mateo negó con la cabeza.
—No la tengo.
Valentina lo miró.
—Entonces la encontraremos.
Emilia revisó una estantería.
Después de unos segundos encontró una pequeña caja.
Dentro había una llave.
Valentina la tomó.
—¿Cómo sabías que estaba ahí?
Emilia la miró.
—Porque tú me dijiste dónde estaba.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Yo?
—Sí.
Abrió el cajón.
Dentro había una memoria USB.
Y un teléfono antiguo.
Valentina lo tomó.
La pantalla se encendió.
Había un único archivo de video.
VID_0917
Valentina presionó reproducir.
La imagen apareció.
Era ella.
Sentada exactamente en aquella habitación.
Pero esta vez no estaba llorando.
Estaba furiosa.
—Si alguien encuentra esto —decía la Valentina del video—, significa que algo salió mal.
Mateo se acercó a la pantalla.
La Valentina del video continuó:
—No puedo confiar en nadie.
Hizo una pausa.
—Ni siquiera en Damián.
Damián.
Valentina miró a Emilia.
Luego volvió al video.
—Pero hay alguien que sabe toda la verdad.
La Valentina del video miró directamente a la cámara.
—Y esa persona está más cerca de lo que creen.
El video terminó.
Valentina quedó en silencio.
—¿Quién? —susurró.
Mateo tomó el teléfono.
—No lo sé.
—Mientes.
—No.
—¡Todos ustedes mienten!
Valentina salió de la habitación.
Mateo fue detrás de ella.
—Valentina, espera.
—¡No me sigas!
—Solo quiero ayudarte.
Ella se giró.
—Entonces dime la verdad.
Mateo guardó silencio.
—¿Me amabas aquella noche?
La pregunta lo tomó completamente desprevenido.
—Sí.
Valentina sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—¿Y ahora?
Mateo la miró.
—Más que antes.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Valentina bajó la mirada.
—Entonces ¿por qué siento que no debería confiar en ti?
Mateo se acercó.
—Porque alguien hizo que desconfiaras de mí.
—¿Quién?
Mateo levantó una mano y acarició suavemente su rostro.
—Eso es lo que todavía tenemos que descubrir.
Valentina no se apartó.
Pero antes de que pudiera responder...
¡CRASH!
Un vidrio se rompió en la planta baja.
Los tres se sobresaltaron.
—¿Qué fue eso? —preguntó Valentina.
Mateo corrió hacia las escaleras.
—¡Quédense aquí!
Se escucharon pasos.
Luego otro golpe.
Después silencio.
Mateo regresó unos segundos después.
Tenía algo en la mano.
Una fotografía.
—La dejaron afuera.
Valentina la tomó.
Era una fotografía de ella.
Pero no estaba sola.
A su lado aparecía Damián.
Y detrás de ellos...
una persona cuyo rostro había sido tachado con tinta negra.
En la parte inferior había una frase.
"Pregúntale a Damián por la noche del incendio."
Valentina levantó lentamente la mirada.
—¿Qué incendio?
Emilia se quedó completamente pálida.
Mateo también.
—¿Qué incendio? —repitió Valentina.
Emilia cerró los ojos.
—El incendio donde desapareció mi hermana.
Valentina la miró.
—Pero tú eres Emilia.
—Exactamente.
Valentina sintió que la sangre se le helaba.
—Entonces...
Emilia abrió los ojos.
—La persona que desapareció aquella noche...
Hizo una pausa.
—no era yo.