Misaki Kuroda tiene demasiadas razones para odiar a los De Luca.
Hija del líder de una poderosa familia de la Yakuza, fue criada para no mostrar debilidad. Pero cuando un De Luca destruyó la vida que había imaginado para sí misma, Misaki respondió de la única manera que conocía: con sangre.
Dante De Luca no la culpa. Conocía demasiado bien a su hermano y sabe que Misaki tenía motivos para hacer lo que hizo. Pero comprenderla no significa que quiera convertirla en su esposa.
Para poner fin a años de enfrentamientos, los Kuroda y los De Luca sellan la paz mediante un matrimonio.
Misaki deberá casarse con un hombre cuyo apellido representa todo lo que perdió. Dante deberá compartir su vida con una mujer que tiene razones suficientes para odiar a toda su familia.
No habrá amor. No se espera perdón.
Pero el verdadero peligro comenzará cuando Dante deje de ser para Misaki simplemente un De Luca.
Porque hay sentimientos que ni el odio, ni la sangre, ni una familia pueden controlar.
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Capitulo 9
Nueva York
—No.
Matteo levantó la mirada.
—Pero...
—No.
—Ni siquiera sabés qué te iba a preguntar.
Dante continuó leyendo el periódico.
—Querés chocolate.
El niño miró la taza que tenía delante.
Después a su padre.
—¿Cómo sabés?
—Porque llevás cinco minutos mirando el frasco.
Matteo volvió la cabeza hacia el chocolate que descansaba sobre la mesada.
—Un poquito.
—Terminá el desayuno.
—Ya terminé.
Dante bajó lentamente el periódico.
Miró el plato.
—Tenés medio huevo.
—No me gusta esa parte.
—Es la misma que te comiste hace dos minutos.
—Esa estaba más rica.
Dante lo observó.
Matteo sostuvo su mirada con absoluta seriedad.
—Terminá.
El niño suspiró de manera exagerada.
Dante volvió al periódico.
—Eso tampoco va a funcionar.
—¿Qué?
—El suspiro.
Matteo tomó el tenedor.
—Con mamá funciona.
Dante bajó nuevamente el periódico.
—No soy tu madre.
—Ya sé.
—Entonces comé.
Matteo pinchó un pedazo de huevo.
El teléfono de Dante vibró sobre la mesa.
Lo ignoró.
Volvió a vibrar.
Dante extendió una mano.
La pantalla mostraba una llamada desde Italia.
Mamá.
Su expresión cambió ligeramente.
Miró la hora.
En Italia era pasado el mediodía.
Atendió.
—Mamá.
No hubo respuesta.
Solo una respiración entrecortada.
Dante dejó el periódico.
—¿Qué pasó?
—¿Es verdad?
La voz de su madre estaba quebrada.
Dante se enderezó.
—¿Qué cosa?
—Lo que me acaba de decir tu padre.
Dante cerró los ojos un instante.
Ya sabía.
—Mamá...
—Decime que no es verdad.
Matteo levantó la mirada desde el otro lado de la mesa.
Dante se puso de pie.
—Terminá de desayunar.
El niño asintió.
Dante salió de la cocina.
—Estoy escuchando.
—¿Vas a casarte con ella?
Dante caminó hacia el salón.
—Todavía no hay ningún matrimonio.
—¡Pero están negociándolo!
—Sí.
Hubo silencio.
Después escuchó un sollozo.
—Dante...
Él apretó la mandíbula.
—Mamá.
—¿Cómo podés hacerme esto?
Dante se detuvo frente a una de las ventanas.
—No te estoy haciendo nada.
—¡Es la mujer que mató a tu hermano!
Dante no respondió.
—Tu hermano, Dante. Tu hermano.
—Sé quién era.
—Entonces no entiendo. No puedo entenderlo.
Su madre comenzó a llorar abiertamente.
—Hablá con tu padre. Por favor. Decile que busque otra manera. Dinero, negocios, territorios... lo que quieran. Pero esto no.
—No es tan sencillo.
—Claro que es sencillo. Decí que no.
Dante miró la ciudad.
—No puedo tomar una decisión así solamente porque vos no soportes la idea.
—¿Solamente porque no la soporto?
Su voz se elevó.
—¿Escuchás lo que estás diciendo?
Dante guardó silencio.
—Esa mujer asesinó a mi hijo.
—Lo sé.
—¡Lo decapitó!
Dante cerró los ojos.
La imagen regresó sin que pudiera evitarlo.
El departamento.
La sangre.
El cuerpo.
—Lo sé, mamá.
—Profanó su cuerpo. Se llevó su cabeza como si fuera un trofeo. ¿Y ahora pretenden que entre a nuestra familia?
—No va a convertirse en tu hija.
—Va a convertirse en tu esposa.
—Si el acuerdo se concreta.
—Es una psicópata. Una demente. ¿Qué clase de persona hace algo así?
Dante abrió los ojos.
Durante unos segundos permaneció en silencio.
—Una que nos odia.
Su madre dejó de hablar.
—¿Qué?
—Misaki odia a nuestra familia tanto como vos la odiás a ella.
—No compares.
—No estoy comparando lo que hicieron. Estoy diciendo que el odio existe de los dos lados.
—Yo tengo motivos para odiarla.
Dante miró a través de la ventana.
—Ella también.
Silencio.
—No quiero escuchar eso.
—Entonces no me preguntes cómo puedo sentarme frente a ella.
—Mató a tu hermano.
—Después de que mi hermano matara al hombre que ella amaba.
—No fue así.
Dante frunció ligeramente el ceño.
—Mamá...
—Tu hermano cometió errores. Era impulsivo. Se metía en problemas. Pero no era el monstruo que todos quieren convertirlo ahora que está muerto.
—Nadie está haciendo eso.
—Vos sí.
—No.
—Cada vez que hablamos de él me recordás todo lo malo que hizo.
Dante bajó la mirada.
—Porque que esté muerto no convierte en buenas las cosas que hizo cuando estaba vivo.
—Era tu hermano.
—Y yo lo quería.
La respuesta fue inmediata.
Su madre calló.
—Lo quería, mamá —repitió Dante—. Era mi hermano. Crecí con él. Lo protegí más veces de las que puedo recordar. Pero no voy a inventar otra versión de él porque haya muerto.
Del otro lado se escuchó una respiración temblorosa.
—Era mi hijo.
La voz de ella era apenas un susurro.
La dureza de Dante desapareció.
—Lo sé.
—Yo lo llevé dentro de mí. Yo lo crié. Yo sabía cómo era cuando era chico. Vos no...
Su voz volvió a quebrarse.
Dante cerró los ojos.
—Lo sé, mamá.
—No podés pedirme que entienda a esa mujer.
—No te lo estoy pidiendo.
—Entonces hablá con tu padre.
—Voy a hablar con él. Pero no para cancelar una negociación que puede terminar con todo esto.
—¿Y realmente creés que ella quiere terminarlo?
Dante pensó unos segundos.
—Creo que quiere dejar de perder cosas por nuestra culpa.
Su madre permaneció en silencio.
—Y nosotros tenemos que dejar de perderlas por la suya —añadió—. Ese es el punto del acuerdo.
—No puedo mirarla.
—No tenés que hacerlo.
—Sí.
Dante frunció el ceño.
—¿Qué?
Su madre respiró con dificultad.
—Tu padre me dijo que voy a viajar.
—¿A Nueva York?
—Sí.
Dante cerró los ojos.
—Mamá...
—Quiero estar ahí.
—No es una buena idea.
—No me importa.
—A mí sí.
—Es mi hijo.
Dante guardó silencio.
—Tu padre me dijo que los Kuroda finalmente van a devolvernos su cabeza.
La voz volvió a romperse.
—Después de todo este tiempo...
Dante no dijo nada.
—Voy a poder enterrarlo completo.
Aquella frase consiguió atravesarlo.
Su madre lloró.
—Voy a poder tener a mi hijo entero otra vez.
Dante bajó la cabeza.
Durante más de un año había existido una tumba incompleta.
Un ataúd.
Un nombre.
Un cuerpo al que le faltaba una parte que los Kuroda habían decidido conservar como mensaje.
—Sí —dijo finalmente—. La van a devolver.
—Tu padre me lo prometió.
—Entonces la devolverán.
—Quiero hacer otra ceremonia.
Dante miró hacia la ventana.
—Está bien.
—Una misa.
—Sí.
—Quiero que esté la familia. Todos.
—Lo organizamos.
—Y quiero enterrarlo como corresponde.
Dante cerró los ojos.
—Lo vamos a hacer.
Su madre respiró del otro lado.
Parecía intentar calmarse.
—No quiero verla.
—Entonces no estés presente durante la negociación.
—Pero quiero verla.
Dante frunció el ceño.
—Acabás de decir lo contrario.
—Quiero ver a la mujer que hizo esto.
Ahí estaba.
La contradicción.
No quería verla.
Pero necesitaba hacerlo.
Después de más de un año odiando un nombre, necesitaba poner a Misaki Kuroda frente a ella.
—No hagas nada de lo que después puedas arrepentirte.
—¿Me estás amenazando?
—Te estoy pidiendo que recuerdes por qué vienen los Kuroda a Nueva York.
—¿Y qué querés que haga cuando la tenga enfrente?
—Nada.
—¿Nada?
—Vas a dejar que Takeshi y papá hablen.
—Esa mujer tuvo la cabeza de mi hijo durante más de un año.
—Lo sé.
—¿Y esperás que me quede callada?
—Espero que no empieces otra guerra el día que intentamos terminar la anterior.
Su madre guardó silencio.
Dante continuó:
—Ella te odia, mamá.
—No me importa.
—Debería. Porque vos también la odiás a ella. Y si las dos entran a esa habitación pensando únicamente en lo que la otra les quitó, no va a importar ningún acuerdo.
—Yo no le quité nada.
Dante se quedó quieto.
—Nuestra familia sí.
Su madre no respondió.
Dante tampoco añadió nada.
No tenía sentido.
No esa mañana.
No por teléfono.
—¿Y después? —preguntó ella finalmente.
—¿Después qué?
—Si te casás con ella.
Silencio.
—¿Qué vas a hacer?
Dante miró la ciudad.
—Lo que tenga que hacer.
—No te reconozco.
—Sigo siendo el mismo.
—Tu hermano jamás habría aceptado esto.
Dante endureció la expresión.
—Mi hermano es la razón por la que estamos teniendo esta conversación.
Silencio.
Esta vez ninguno habló durante varios segundos.
Dante se arrepintió de la frase apenas la dijo.
No porque fuera falsa.
Porque sabía dónde había golpeado.
—Mamá...
—Tengo que dejarte.
—Esperá.
—Nos vemos en Nueva York.
La llamada terminó.
Dante permaneció con el teléfono contra el oído.
Después lo bajó.
Durante unos segundos no se movió.
—Papá.
Giró.
Matteo estaba parado en la entrada del salón.
—Te dije que terminaras de desayunar.
—Terminé.
Dante miró hacia la cocina.
—¿Todo?
Matteo asintió.
—¿La abuela está triste?
Dante lo observó.
—Sí.
—¿Por qué?
Dante guardó el teléfono en el bolsillo.
—Extraña a alguien.
Matteo pensó unos segundos.
—¿Al tío?
Dante se quedó inmóvil.
—Sí.
—Yo no me acuerdo mucho de él.
—Eras chico.
Matteo bajó la mirada.
—Mamá dice que era divertido.
Dante no respondió.
Divertido.
Sí.
Su hermano podía serlo.
También podía entrar borracho a una casa a las cuatro de la mañana.
Podía provocar una pelea por nada.
Podía convertir un problema pequeño en uno que necesitaba diez hombres y demasiado dinero para solucionarse.
Podía hacer reír a una habitación entera.
Y podía destruir una vida sin pensar en las consecuencias.
Las personas no eran una sola cosa.
Quizás su madre necesitaba olvidar algunas para sobrevivir a su muerte.
Dante no podía permitirse ese lujo.
—¿Era malo? —preguntó Matteo.
Dante levantó los ojos.
—¿Quién te dijo eso?
—Nadie.
—Entonces ¿por qué preguntás?
Matteo se encogió de hombros.
—Porque la abuela llora por él y vos ponés esa cara cuando hablan de él.
Dante lo observó durante unos segundos.
Demasiado perceptivo.
—Tu tío cometió errores.
—¿Muchos?
—Sí.
—¿Vos cometés errores?
Dante arqueó una ceja.
—Pocos.
Matteo sonrió.
—El abuelo dice que muchos.
—Tu abuelo tiene demasiado tiempo libre.
El niño soltó una risa.
Dante apoyó una mano brevemente sobre su cabeza.
—Andá a vestirte.
—¿A dónde vamos?
—Al colegio.
—No quiero.
—No era una pregunta.
Matteo puso los ojos en blanco y se marchó.
Dante lo siguió con la mirada.
Su teléfono volvió a vibrar.
Esta vez era un mensaje de su padre.
Tu madre me llamó.
Dante respondió:
Ya sé.
La respuesta llegó segundos después.
¿Cómo lo tomó?
Dante miró hacia el lugar donde Matteo acababa de desaparecer.
Después escribió:
Como una madre que acaba de descubrir que su hijo va a casarse con la mujer que mató al otro.
Tres puntos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron.
Finalmente llegó la respuesta.
Va a viajar a Nueva York.
Dante cerró los ojos.
También lo sé.
Guardó el teléfono.
Una semana.
Los Kuroda llegarían a Nueva York.
Su madre también.
Misaki devolvería la cabeza de su hermano.
Dos familias se sentarían alrededor de la misma mesa.
Y en algún momento alguien pronunciaría en voz alta la palabra matrimonio.
Dante tomó su taza de café.
Ya estaba fría.
La dejó nuevamente sobre la mesa.
La reunión todavía no había empezado.
Y ya tenía la sensación de que todo podía irse al infierno.
y más animal delante de su hijo
dios mío santo este hombre es un bruto
será muy difícil el acercamiento de estos dos protagonistas si bien es cierto fue Lucio de luca quien lo mató
no es culpa de toda la familia bien claro nos dice dante que Lucio actuaba solo era un sicópata asesino un maldito y creo que misaky hizo su propia justicia si asesinarlo pero ahí termino y ella debe sanar necesita un sicólogo que le ayude a superar su dolor.
ahora veremos qué sucede🙎🙎🙎
esa mujer no sabe que eres el jefe al parecer cree que puede manipular todo de una vez ponla en su sitio
ponle una casa
total ella más está en la calle comprando bailando comiendo teniendo amantes en fin su vida loca
las niñeras cuidan de Mateo
y aquí es donde lo digo por primera vez que estos dos protagonistas no deben quedar juntos ojalá sea diferente y no sea el final feliz por ensima de dos vidas que no tenían nada que pagar
que bueno que Misaki lo degolló y fue poco
estoy odiando a Dante
dante no sabes en realidad porque odia a toda tu familia lo que significa para ella tu apellido
🤷🤷🤷 cómo es que estos dos se van a enamorar🙎🙎🙎deberá pasar algo increíble que los una
por que ella está siendo un clavo en el culo
no se pero esta vien el coraje de Misaki pero se está portando con el de lo peor
esa carne. es un problema se nota
se que es la madre de tu hijo
pero deberías mandarla a volar de una vez
hasta a mí me cansa
pero realmente Ren si era una blanca paloma una buena persona por que a pasado en otras historias que nos venden a un personaje por bueno y viene siendo peor
pero yo cada vez que estos estás juntos saltan chispas /Sly//Sly//Sly//Sly/