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El Reflejo Que Me Devolvió El Cristal.

El Reflejo Que Me Devolvió El Cristal.

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Edad media / Magia / Posesivo
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Luciana Moretti fue en su vida anterior una joven del siglo XXI: introvertida al principio, pero con un sentido del humor desbordante, una lengua afilada sin filtros y una fuerza interior que pocos imaginaban. Estaba estudiando historia de las civilizaciones antiguas, viviendo una vida tranquila pero llena de curiosidad, hasta que un accidente con un libro antiguo y un cristal en una biblioteca la llevó a morir… y despertar en el cuerpo de la tercera hija de la familia Moretti, una de las familias más ricas, influyentes y poderosas de Aethelgard.
Aquí, es conocida como la “don nadie”: sin grandes dones, ignorada por todos, considerada extraña y poco agraciada por sus padres y hermanas mayores. Sus padres, el señor y la señora Moretti, son inmensamente ricos, pero también vanidosos, ambiciosos y bastante ingenuos, obsesionados con mantener su estatus y aliarse con la realeza. Sus hermanas, Sofía y Valeria, son hermosas, elegantes… e hipócritas hasta el extremo: dulces en público.

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Preparativos y presentimientos

Los dos días siguientes fueron una mezcla de locura, intriga y mucha comedia involuntaria por parte de mi familia, que me ayudaba a no ponerme demasiado nerviosa. Mis padres estaban como niños con juguetes nuevos, hablando sin parar de todo lo que iban a comprar, de las tierras que iban a conseguir, de cómo serían ahora la familia más importante de todas, por encima de duques, condes y hasta del propio rey.

—¡Imagínate, querida! —decía mi padre, caminando por la sala principal con las manos atrás y la cabeza bien alta—. Tendremos un título nuevo. Tal vez nos hagan gobernadores de alguna provincia lejana y rica. ¡Seremos famosos! Todo gracias a ese cristal viejo que teníamos guardado. ¿Quién lo iba a decir?

Mi madre asentía, mirándose al espejo y probándose collares y pulseras una y otra vez. —¡Y yo podré tener vestidos nuevos cada semana! Y joyas… joyas que ninguna otra dama tendrá. Seré la envidia de toda la corte. Aunque… —se detuvo un momento, frunciendo el ceño—, es una pena que sea Luciana la que lo encontró. Ahora todos dicen que ella tiene algo especial, que el objeto le responde. ¿No es absurdo? Es tan rara…

Yo estaba en una esquina, fingiendo que leía un libro, y por dentro me estaba riendo. ¡Si supieran lo especial que era realmente! Y lo que ese objeto les respondería si se atrevían a tocarlo con malas intenciones…

Mis hermanas, por su parte, estaban insoportables. Se pasaban el día diciendo que cuando la familia tuviera más poder, ellas podrían elegir a los mejores maridos, a los más guapos, ricos y nobles. —Yo me casaré con un príncipe —decía Sofía, mirándose las uñas con aire soñador—. Estoy segura. Tengo la belleza y la elegancia necesarias.

—Pues yo con un duque, o un conde muy rico —decía Valeria—. Que tenga muchos castillos y tierras. Quiero vivir rodeada de lujos.

Y luego me miraban a mí, con esa lástima fingida de siempre. —Pobre Luciana. Ella no servirá para nada de esto. Seguirá siendo la don nadie, la rara que habla sola. Pero bueno, al menos nos tendrá a nosotras para mantenerla, ¿verdad?

Esta vez no me quedé callada. Cerré mi libro de golpe, las miré con mi mejor sonrisa sarcástica y les dije: —No os preocupéis por mí, hermanitas. Yo no necesito maridos ni títulos ni joyas para ser feliz. Y además… a veces, lo que está guardado en las sombras es mucho más valioso que todo el oro del mundo. Ya lo descubriréis.

Me fui caminando tranquila, dejándolas confundidas y molestas porque no sabían cómo responderme. Me encantaba jugar con ellas. Era mi forma de desahogarme.

Marco y Lorenzo estaban muy preocupados. Esa mañana, me habían buscado a solas en el jardín. —Hemos hablado con padre —me dijo Marco, con el ceño fruncido y la voz seria—. Nos ha contado todo. Van a entregar el cristal esta tarde, al atardecer. Dice que es un trato cerrado, que no hay vuelta atrás. Hemos intentado decirle que es peligroso, que no sabe qué es realmente, pero no nos escucha. Solo ve el oro y el poder que le han prometido.

—Esos hombres lo tienen embrujado, estoy seguro —añadió Lorenzo, muy serio—. He sentido su magia oscura, Luciana. Están manipulando la mente de nuestros padres. Les hacen ver solo lo que quieren que vean: riquezas, gloria, poder. Pero es todo mentira. Detrás de eso solo hay destrucción.

Me puse de pie, sacudiéndome la falda con determinación. —Lo sé, chicos. Y no voy a permitir que se lo lleven. Ese cristal… tiene algo que me pertenece. Algo que es mío. Y si intentan quitármelo, se van a encontrar conmigo. Y no creo que les guste lo que verán.

Marco me miró con esos ojos inteligentes que tenía, y me puso una mano en el hombro. —Sabemos que hay algo más, hermanita. Sabemos que desde que despertaste después de ese desmayo, eres diferente. Más fuerte, más brillante, más… tú. Y sea lo que sea que tengas planeado, te apoyaremos. Hagas lo que hagas, estaremos contigo. Nadie te hará daño. Y nadie se llevará nada de esta casa si tú no quieres.

Me emocioné mucho. Ellos eran lo mejor que tenía. Mis ángeles guardianes, mis protectores, mi familia de verdad. —Gracias —les dije, con la voz un poco rota—. Sois lo mejor que me ha pasado en esta vida. Y os prometo que hoy saldremos de esto bien. Y que entenderéis muchas cosas que ahora parecen raras.

Faltaban pocas horas para el atardecer. Fui a la sala secreta una vez más. Samuel estaba allí, esperándome, como siempre. Pero hoy había algo diferente en él. Su energía era más fuerte, más intensa, casi se podía tocar a través del cristal. Sus ojos grises brillaban con una luz plateada increíble, y aunque seguía teniendo esa mezcla de locura y dulzura, había también una fuerza imponente que hacía que se te cortara la respiración.

—Ya falta poco, mi vida —me dijo, su voz profunda resonando en toda la habitación—. Ya siento que se acercan. Siento su oscuridad, su avaricia, su maldad. Pero también te siento a ti. Y tú eres la luz que va a romper todo esto.

Me acerqué mucho, apoyando ambas manos en el cristal, sintiendo su calor, su poder, su amor. —Tengo miedo, Samuel. Miedo de que te hagan daño, miedo de que te lleven lejos, miedo de no ser suficiente.

Él negó con la cabeza con fuerza, y puso sus manos justo sobre las mías. —No tengas miedo. Nunca tengas miedo conmigo. Tú eres más que suficiente. Tú eres todo. Y hoy, cuando todo estalle, cuando tu poder despierte… yo saldré. Saldré de esta prisión, romperé todas las cadenas que me atan, y estaré contigo. Por fin. Y entonces, nada ni nadie podrá separarnos nunca más.

—¿Y si me hago daño? —pregunté, pensando en esa magia antigua que dormía en mí.

Samuel me miró con una ternura infinita. —Tu magia es pura, Luciana. Es sanadora, es protectora. No te hará daño. Al contrario: te protegerá a ti, me protegerá a mí, y destruirá todo lo que quiera hacernos mal. Solo tienes que dejarte llevar. Solo tienes que sentir lo que sientes por mí. Todo ese amor, toda esa rabia, toda esa necesidad de protegerme… eso es lo que alimenta tu poder.

Respiré hondo, asintiendo. —Está bien. Entonces, que sea lo que tenga que ser. Pero te aviso: cuando salgas, prepárate. Porque te voy a abrazar tan fuerte que no te vas a poder mover en siglos.

Samuel soltó una carcajada, esa risa libre y hermosa que tanto me gustaba, que hacía vibrar todo a su alrededor. —Y yo te dejaré hacer lo que quieras conmigo, pequeña. Porque te pertenezco. Cuerpo, alma, magia, locura… todo es tuyo.

Salí de la sala secreta con el corazón latiendo desbocado, pero con una determinación que nunca había sentido antes. La tarde caía, el sol se ponía tiñendo el cielo de colores rojos y naranjas, como si el propio cielo estuviera avisando de que algo grande iba a pasar.

En la mansión, todo era un caos de sirvientes corriendo, mis padres dando órdenes a gritos, mis hermanas arreglándose una vez más para impresionar a los hombres que venían. Nadie sabía que esa tarde, la vida de todos cambiaría para siempre. Que la “don nadie”, la chica rara que hablaba sola, estaba a punto de demostrar quién era realmente.

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Rebecca H
wacala.
después de siglos de estar encerrado a que olera su boca... caray
Rebecca H
imagínate
estás en el pasado que ya es historia, con cosas históricas más viejas. que regalo del destino .
está Lucia como niña en dulcería
Rebecca H
y con el hermano hechicero.
que sucedió?
murió a través del tiempo?
Penelope
Excelente novela...
Gracias /Smile//Smile/
Penelope
/Drool//Drool/
Guadalupe Flores
Me encanta que toda la familia antes egoístas ahora se han unido en verdad de corazón
Penelope: Concuerdo contigo, es bueno que hayan cambiado de todo corazón y se hayan unido
total 1 replies
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