Nicolás Rivas nunca le tuvo miedo a la muerte.
Creció entre calles donde la vida vale poco y la lealtad lo es todo. Aprendió a gastar sin pensar, a reír sin culpa y a vivir como si cada noche fuera la última.
Fiestas. Mujeres. Amigos. Dinero fácil.
Pero todo cambia el día en que recibe una noticia que no puede ignorar.
Su tiempo se está acabando.
Y por primera vez… la muerte deja de ser una idea lejana.
Ahora Nicolás decide vivir como siempre dijo: sin miedo, sin arrepentimientos, sin frenos.
Pero mientras más disfruta…
más lo alcanza el pasado.
Un hermano que perdió.
Una madre que nunca dejó de esperar.
Un amor que no supo cuidar.
Y un enemigo que no ha olvidado.
Porque al final…
no todos llegan en paz al último trago.
NovelToon tiene autorización de Jasali para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
“Vivir No Es Tan Fácil
📖 CAPÍTULO 9
“Vivir No Es Tan Fácil”
La mañana llegó distinta.
No hubo resaca.
No hubo ruido.
No hubo mensajes de fiesta.
Solo silencio.
Y un sol que entraba por la ventana como si nada hubiera pasado.
Nicolás estaba despierto desde temprano.
Sentado en la mesa de la cocina.
Con una taza de café… que sí estaba tomando.
Despacito.
Sin afán.
Algo nuevo.
Su mamá se movía por la casa.
Callada.
Pero presente.
No hablaban mucho.
No hacía falta.
Después de lo de ayer…
todo había cambiado.
—¿Va a comer algo? —preguntó ella.
—Sí… lo que haya.
Antes hubiera dicho “no tengo hambre”.
O simplemente no hubiera respondido.
Ahora…
se quedaba.
Se sentó frente a él.
Lo miró.
No con tristeza.
Con decisión.
—Vamos a organizar esto —dijo.
Nicolás levantó la mirada.
—¿Cómo así?
—Lo suyo.
Pausa.
—Su salud. Su tiempo. Su vida.
Directo.
Nicolás asintió lento.
—Sí…
Ella tomó aire.
—Vamos a médicos. A controles. A lo que toque.
—Listo.
—Y usted se me cuida.
—Listo.
—Y deja esa vida que llevaba.
Nicolás dudó un segundo.
Pero esta vez…
no peleó.
—Listo.
Su mamá lo sostuvo con la mirada.
—No me diga “listo” si no lo va a hacer.
Golpe.
Nicolás bajó la mirada.
—Esta vez sí.
Silencio.
Ella asintió.
—Más le vale.
Y aunque sonó duro…
había amor ahí.
Del que no se rinde.
Horas después…
Nicolás caminaba por un parque.
Solo.
Sin música.
Sin trago.
Sin ruido.
Escuchando…
el mundo.
Niños jugando.
Perros corriendo.
Gente hablando.
La vida simple.
—¿Siempre fue así…? —murmuró.
Nunca lo había notado.
Nunca le importó.
Hasta ahora.
Se sentó en una banca.
Respiró profundo.
El aire entró.
Lento.
Completo.
Pero el pecho…
seguía sintiéndose raro.
No dolor.
Presencia.
Como un recordatorio constante:
“No se le olvide…”
Cerró los ojos.
Y pensó.
En todo lo que había perdido.
En todo lo que todavía podía hacer.
En el tiempo…
que ya no era infinito.
Y por primera vez…
entendió algo simple:
Vivir bien… no era fácil.
El celular vibró.
Nicolás lo sacó.
Mensaje.
Julián: "¿Dónde anda?"
Respondió:
"En un parque… tranquilo."
Tres puntos…
"¿Usted? ¿Tranquilo? Grave."
Nicolás sonrió levemente.
"Sí… cambiando."
Respuesta rápida:
"Me alegra, pero no se me pierda."
"No."
Guardó el celular.
Se quedó mirando el cielo.
Y entonces…
otra vibración.
Número desconocido.
Frunció el ceño.
Contestó.
—¿Aló?
Silencio.
Y luego…
esa voz.
—Hola…
Nicolás se quedó quieto.
Valeria.
—Vale…
Pausa.
—¿Está ocupado?
—No… dígame.
Silencio corto.
—He estado pensando…
El corazón de Nicolás se aceleró.
—¿En qué?
—En lo de ayer.
Pausa.
—Y… creo que fui muy dura.
Nicolás negó.
Aunque ella no lo veía.
—No… tenía razón.
Silencio.
—Igual… —continuó ella—. No quiero que se quede así.
Algo cambió.
—¿Así cómo?
—Como si no hubiera significado nada.
Nicolás tragó saliva.
—Porque sí significó.
Silencio.
Y esta vez…
no dolía tanto.
—¿Podemos hablar otra vez? —preguntó ella.
Pausa.
—Pero bien.
Nicolás cerró los ojos.
Ahí estaba.
Otra oportunidad.
—Sí… claro.
—Hoy no —dijo ella—. Pero pronto.
—Listo.
Silencio.
—Nicolás…
—¿Sí?
Pausa.
—Cuídese.
Y colgó.
Nicolás se quedó mirando el teléfono.
Esa palabra otra vez.
Cuídese.
Pero ahora…
tenía otro peso.
Se levantó de la banca.
Caminó despacio.
Pensando.
Sintiendo.
Vivo.
Pero consciente.
Demasiado consciente.
Y entonces…
el pecho volvió a apretar.
Fuerte.
Se detuvo.
Respiró.
—Otra vez no… —murmuró.
El aire entró a medias.
El corazón…
otra vez irregular.
Pero esta vez…
no cayó.
Se sostuvo.
Se quedó quieto.
Respirando.
Luchando.
Y poco a poco…
pasó.
Pero el mensaje quedó claro.
No había mejoría.
Solo tiempo.
Y cada vez…
menos.
Nicolás levantó la mirada.
La ciudad seguía igual.
Pero él…
ya no.
—Bueno… —dijo en voz baja.
Media sonrisa.
—Entonces sí toca vivir bien…
Pausa.
—Pero rápido.
🔥