Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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VERDADES QUE DUELEN
Jinxiao despertó rodeado por una habitación blanca.
El sonido constante del electrocardiograma marcaba el ritmo de su vida, mientras una enfermera anotaba cuidadosamente los datos que observaba.
A un lado…
Lin dormía profundamente en el sofá de la habitación.
Su postura incómoda y su respiración pesada dejaban claro que no había descansado bien.
Al verlo despierto, la enfermera se acercó con una sonrisa suave y habló en voz baja.
—Qué bueno que despertó… su amigo no ha querido irse a descansar a casa. Se ve que son muy cercanos —comentó—. Le dejé un vaso de agua aquí al lado.
Jinxiao asintió levemente.
Tomó el vaso y bebió, sintiendo cómo su garganta seca se aliviaba poco a poco.
Antes de que pudiera decir algo más…
La puerta se abrió.
Quian entró.
Vestía ropa diferente y llevaba una maleta colgada sobre el hombro derecho.
Sus ojos se posaron inmediatamente en Jinxiao.
—¿Cómo te sientes? —preguntó con un tono más suave de lo habitual.
—Bien… —respondió el omega, aunque su voz sonaba débil—. ¿Qué sucedió?
Quian dudó un segundo.
Pero decidió no mentir.
—Intenté forzarte con mis feromonas para que entraras en celo —confesó—. El médico ya me había advertido… tu cuerpo aún no está listo para eso.
El silencio cayó entre ambos.
Pesado.
Incómodo.
—Ya veo… —murmuró Jinxiao.
Bajó la mirada.
Luego volvió a alzarla.
—¿Puedo pedirte algo?
Quian dio un paso al frente.
—Dime. Cumpliré tu deseo… incluso si tengo que enfrentarme al mismo Dios.
Jinxiao no dudó.
—Divorciémonos.
El tiempo pareció detenerse.
Esa palabra…
Retumbó en la mente de Quian como un golpe seco.
Divorcio.
Significaba el final.
El reconocimiento de que todo estaba roto.
Irreparable.
—Pídeme cualquier cosa… menos eso —dijo, arrodillándose al lado de la cama—. Tú sabes que mi familia no aceptará el divorcio.
Jinxiao lo miró fijamente.
—Quian… dime la verdad —su voz fue firme—. ¿Me amas?
El alfa quedó en silencio.
No supo qué responder.
Sus labios se entreabrieron…
Pero ninguna palabra salió.
Y eso fue suficiente.
—¿Ves? —dijo Jinxiao con calma—. No sentimos nada el uno por el otro. No quiero seguir viviendo así.
Los recuerdos seguían llegando.
Golpeándolo.
Una y otra vez.
—Intentémoslo… —dijo Quian de pronto, con desesperación—. Dame un año… no, seis meses… y te demostraré que puedo ser el alfa que tú deseas.
Tomó las manos de Jinxiao.
Con fuerza.
Como si temiera perderlo en ese mismo instante.
—Quian… no se trata de eso —respondió el omega, apartando lentamente la mirada—. Seamos sinceros… tú estás enamorado de otra persona.
Un silencio incómodo llenó la habitación.
—Ya no quiero competir contra ella… no quiero que me sigas lastimando.
Quian frunció el ceño.
—Pero… espera… —su expresión cambió de golpe—. ¿Fue Zhao Mei quien te empujó por las escaleras ese día? ¿Por qué no me dijiste?
Jinxiao soltó una risa amarga.
—Porque no me ibas a creer.
Lo miró directamente.
—¿Me habrías creído… si hubiera estado a punto de morir?
Quian no respondió.
No pudo.
—Hemos vivido juntos casi dos años —continuó Jinxiao, dejando que los recuerdos fluyeran—. Y nunca te has comportado como un esposo.
Su voz ya no era fuerte…
Era dolorosa.
—En nuestra noche de bodas te fuiste al hospital por un simple dolor de estómago…
Quian bajó la mirada.
—Pero el día que perdí a mi bebé… —su voz se quebró ligeramente— cuando te llamé… me dijiste que le hablara al chofer.
Silencio.
—Si no fuera por nana He… ni siquiera estaría aquí ahora.
Cada palabra…
Era una herida abierta.
Quian apretó los puños.
—Yo…
Pero no encontró defensa.
No había excusa suficiente.
—Lo mejor… es divorciarnos.
—¿Por qué insistes tanto? —dijo Quian, levantando la mirada con frustración—. ¿Acaso es cierto lo de tu amante?
Jinxiao negó.
—No. Insisto porque es lo mejor… además, si realmente hubiera otra persona, ¿no crees que ya estaría—
No terminó la frase.
Quian lo besó.
De forma repentina.
Profunda.
Desesperada.
Como si intentara callarlo.
Como si intentara retenerlo.
Como si ese beso fuera lo único que le quedaba.
Jinxiao se tensó.
El tiempo pareció detenerse.
Pero fuera de esa habitación…
La historia también avanzaba.
Lin, al notar que la discusión se intensificaba, optó por salir.
Casi en automático.
Como un reflejo.
—Mejor no estorbo… —murmuró para sí mismo.
Caminó por el pasillo.
Decidió ir por algo dulce.
Necesitaba despejar la mente.
Pero en el camino…
Se detuvo.
Liang.
Y Zhao Mei.
—¿Qué hace ella aquí? —preguntó, acercándose con el ceño fruncido.
Zhao Mei se aferró al brazo de Liang.
—Hermano Lin… por favor, no te enojes —dijo con voz suave—. Solo vine a ver cómo estaba el tío Jin.
Lin cruzó los brazos.
Su mirada se endureció.
—Sabes que no eres bienvenida —respondió—. ¿A qué vienes? ¿A causar más problemas?
—Yo… yo solo quería saber cómo está… no es lo que piensas —dijo ella, bajando la cabeza mientras fingía lágrimas.
—Lin Hao, sé más amable —intervino Liang—. Zhao Mei solo quiere saber cómo está Jinxiao. No hay necesidad de que te pongas así.
Lin soltó una risa seca.
—¿Amable? ¿Con ella?
Su mirada se volvió peligrosa.
—Sabes perfectamente que Jinxiao no quiere verla ni en pintura… ¿y aun así la traes?
—¡Estoy harto de sus celos! —explotó Liang.
—Ah, ¿sí? —respondió Lin, dando un paso al frente—. Entonces aún está la opción del divorcio.
El ambiente se tensó.
—Dile a todos que tú y yo no tenemos nada que nos una —continuó—. Es más… ni siquiera hemos consumado el matrimonio por culpa de ella.
Zhao Mei abrió los ojos con sorpresa.
Liang apretó los dientes.
—No tienes por qué decirlo así…
—A mí no me molesta decir lo que todos ya sospechan —respondió Lin sin filtro—. Esta sinvergüenza solo viene a buscar problemas.
Se acomodó la manga de la camisa lentamente.
Un gesto claro.
Una advertencia.
—¿Te vas… o te saco? —dijo mirando a Zhao Mei—. Tú eliges.
La chica tembló ligeramente.
—Ya… ya me voy…
Dio un paso atrás.
—Una cosa más —la detuvo Lin.
Su voz fue fría.
Peligrosa.
—Si intentas hacerle daño otra vez… te dejo sin manos. ¿Entendido?
Zhao Mei asintió rápidamente.
—Lárgate.
Y luego…
Miró a Liang.
—Y tú… más te vale no traer visitas al hospital.
Se acercó un poco más.
—Suficiente tengo con soportarte a ti.
El silencio quedó flotando en el aire.
Pesado.
Incómodo.
Y cargado de algo más.
Algo que estaba a punto de estallar.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲