Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.
Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.
Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.
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Capítulo 8
EINAR
—No te contengas, deja salir el dolor que has acumulado por años, por horas, por días... esta Ciudad—Señalé con la mano temblando—conocerá el dolor que el mundo te ha provocado por años. No lo acumule y déjalo salir.
—¿Por qué?—Preguntó ahogando un sollozo mientras dejaba salir su magia a través de sus manos emanando por tu cuerpo como una cubierta, color azul intenso y difícil de ignorar—. ¿Por qué deseas ayudarme a sacar este dolor? ¡No lo entiendo!—Gritó ella comenzando a llorar.
—Porque ninguno de los dos podrá vivir en paz si no destruimos a quienes más nos han hecho daño. Además, liberaremos a toda una ciudad del miedo y de la opresión de esa mujer...
—¿Qué quieres decir?—Preguntó ella aún más desconcertada. Mientras hacía uso de sus poderes.—¿De qué mujer hablas?
—Ella es la culpable de tu desgracia...—Me miró con desconcierto, lágrimas corrían por sus mejillas. Ella temblaba tanto que le era prácticamente imposible mantener el equilibrio de su magia al nivel que se necesitaba para comenzar a destruir el lugar en que nos encontrábamos.—Déjalo salir todo y no dejes una sola lágrima retenida, te dolerá el corazón y no podrás ser libre de la culpa y la angustia que llevas en tu alma. ¿Entendido?—Asintió llorando con tanta fuerza que de sus labios salió un grito desgarrador cargado de tristeza, desesperación y una angustia que quienes la escucharon sabían cuán trastornada estaba ella. Una oleada de magia arrasó con el mausoleo haciendo que la resistencia de este se resquebrajara en miles de pedazos. El ruido fue ensordecedor era como estar en medio de un terremoto, pero la causa de este no era por la misma tierra, sino por años de miedo, culpa, tristeza, rabia y furia contenida por años finalmente estaban siendo liberadas a través de la destrucción y desmantelamiento de una mentira bien elaborada.
Salimos de allí usando la magia de Kaelyn para no ser aplastados por los escombros y cimientos del edificio. Al salir vimos caer el mausoleo antes de tan siquiera poder pestañear. Kaelyn seguía emanando aquel resplandor Azul todo su cuerpo, miraba el mausoleo con incertidumbre, duda, incredulidad, ella negaba con la cabeza pensando que esto era un sueño, pero pronto la realidad la golpeó de frente, se dejó caer en el suelo árido y sin vida que quedó atrás tras la masacre que ella provocó. Lloró, sí. Pero ella lloraba riendo tan fuerte que su risa resonó en todo el lugar, lo cual trajo consigo que las nubes se juntaran, los truenos resonaban y la lluvia cayó sobre nosotros sin pensar en nada más que destruir el sistema de la Ciudad.
Kaelyn se levantó del secando sus lágrimas con la punta de sus dedos. Mientras la lluvia mojaba su rostro carente de emociones y de sensación en él, en sus ojos color zafiro que antes tenían un brillo de determinación único, ahora estaban apagados, vacíos, sin ese brillo que encantaba ver en la noches de luna llena siendo observados por la misma, en un completo y cómodo silencio que comenzaba a gustarme. Su vestido que antes era blanco de la falda, ahora estaba sucio por el lodo que se había formado por la lluvia. Sus manos estaban sucias, cubiertas de lodo. Me miró asintió. Su cuerpo ya no temblaba, ya no veía el miedo en sus ojos, veía determinación en ellos y una fuerza de voluntad inquebrantable. Ella ya no era la misma niña asustada que conocí hace solo unos días, ya no más.
—Vámonos—ella asintió—, nos están cazando y debemos movernos rápido, no uses tus poderes por un rato, créeme cuando salgamos de este cementerio entenderás por qué—. No dijo nada, solo asintió nuevamente—. Además necesito que te subas a mi espalda, iremos más rápido de ese modo y no perderemos tiempo para ir tras esa mujer...
—¿De qué mujer se trata? ¿Por qué la odias tanto?—Me preguntó mirándome a los ojos. La tomé de los hombros.
—Porque esa mujer vive para provocar dolor y desgracias, no puedo decirte la verdad hasta que veas por qué te traje aquí. Confía en lo que has visto y no solo en mi palabra, no confíes en las palabras de cualquiera que te diga: "Créeme, te digo la verdad", porque no siempre te dirán la verdad.
El silencio sepulcral que se formó en lo que quedaba del cementerio era infernal, ella no decía nada, pero su silencio me decía que no soportaba la injusticia que estaba gobernando la ciudad. La gelidez del ambiente era palpable, podía casi tocarla esa sensación que este presentaba.
—Vamos, no quiero que estas personas sigan sufriendo por la maldad de una mujer que no merece ser líder de una ciudad que alguna vez vivió con paz y justicia—. Asentí, ella se subió a mi espalda y nos fuimos tan rápido como fue posible antes de que los guardias de la ciudad llegaran luego del desastre que Kaelyn provocó.
Que sinceramente no podía estar más orgulloso de ello.