Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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20.
Después de mandarle un mensaje a Andrew para agradecerle por el regalo, Julia siguió desempacando el juego de joyas y los colocó encima de un estante para joyería. Tenía varios juegos y piezas individuales, pero este era el más vistoso de todos.
Era un juego de más de cinco piezas, incluyendo un broche que era muy famoso entre las fans de la historia. A Julia le gustó mucho, y era lo único que pensaba mandar a personalizar.
Sintiéndose inspirada, agarró un cuaderno de bocetos y comenzó a trazar los planos de la prenda que iba a fabricar. Después de terminar el dibujo y añadirle algunas medidas, pensó con lástima que le hubiera gustado tener uno de esos maniquís a medida que vio en la sastrería.
Si tan solo se llevaran mejor, habría sido lo suficientemente descarada como para pedirle a su madre que le ayudara a conseguir uno. Pensó en el hecho de que la asistente del sastre le había dado la cuenta de redes sociales de sus proyectos. Quizás podría preguntarle al respecto. Cuando agarró su celular para hacer justamente eso, vio la hora.
Faltaba menos de una hora para la clase antes del mediodía, así que dejó sus pensamientos para después. Se arregló, agarró su bolso con sus cosas y bajó.
El ama de llaves le consiguió un recipiente con comida y le trajo su vaso térmico en una bolsa para mantener la temperatura. Le dijo que le preparó algo rico para comer y la despidió camino al coche que la llevaría a la universidad.
Ya en clase, se concentró en lo suyo y después comió el almuerzo que le prepararon en casa cuando se les dio un receso. Estaba cerca de los exámenes finales del primer año, ella quería presentarse a varias materias libres. Había encontrado el plan de estudio y era demasiado similar al que había estudiado en la vida pasada. Así que con suficiente repaso, tenía confianza de aprobar algunas materias más avanzadas. Incluso planeó tomar los exámenes para acreditar idiomas extranjeros al mismo tiempo.
Cualquiera que viera las anotaciones para coordinar fechas, pensaría que estaba abarcando más de lo que podía masticar, pero ella estaba segura.
Cuando terminó de comer, agarró su vaso térmico y bebió. El primer sorbo estaba dulce, pero muy frío, al punto que sintió su cerebro congelarse. Apoyó una mano en la frente y acarició su paladar con la lengua para calmarlo; colocó el vaso sobre la mesa y se quedó mirándolo. Recordó el momento en el que lo compró, su mente volviendo a un día caluroso y a una señora bastante difícil.
Cuando se acordó de que le prometió visitarla pronto, su mano bajó a cubrirse los ojos de la vergüenza. Había prometido algo y no lo había cumplido.
Sabiendo que debía ponerlo en la agenda, se preguntó cuando tendría tiempo libre para ir allá. Sin dejar de meditarlo, se fue de regreso al aula en cuanto vio que se acercaba la hora de la próxima clase. Al final, la última del día había sido cancelada por un asunto importante del profesor a cargo, o al menos eso decía el correo que enviaron cuando estaba en la clase anterior.
Sabiendo que ahora tenía tiempo libre, Julia se dijo a sí misma que no hay mejor tiempo que el presente, decidió cumplir con su promesa. Sabía que si lo seguía posponiendo, no volvería a recordarlo pronto.
Llamó al chófer, le pidió que la recogiera y le preguntó si podía llevarla a un lugar específico.
Cuando el chófer llegó a la entrada de la facultad, ella se subió y le dijo que primero irían a casa y luego que irían a visitar la zona antigua en la que vivía antes. Tanteando, le preguntó si sabía dónde quedaba o si debía anotarle la dirección.
—No se preocupe, señorita. Conozco bien dónde es. Suba rápido y luego vuelva, así volvemos antes de que anochezca. —Julia asintió, subió corriendo y dejó sus cosas en su habitación.
Casi derrapando, sacó la maleta vieja de una esquina del clóset y la abrió. Sacando todo lo que había revisado y luego lo que no, consiguió algunos documentos y una llave vieja dentro de un sobre de papel.
Viendo que allí estaba la dirección de la casa vieja, le tomó un par de fotos y agarró la llave. Iba a cerrar la maleta cuando vio el diario que tenía una llavecita todavía en la cerradura.
Después de esa vez que la interrumpieron, no había vuelto a mirar las cosas de adentro, se había perdido la oportunidad de leer ese diario. Sopesó sus opciones un segundo antes de darle una oportunidad, poniéndolo a la vista para recordar leerlo.
Lo agarró junto con otras cosas, empacó un par de pañuelos de marca, algunos cosméticos y cremas que nunca había usado y los movió todo a unos cuantos sobres de papeles de colores que tenía en el escritorio. No tenía tiempo de comprar demasiados regalos, y además tenía que conseguir cosas para hombres, lo que le llevaría mucho tiempo, así que era lo que le ahorraría tiempo ahora mismo.
Bajó cargando todo en su bolso de la universidad que había vaciado antes y le dijo al ama de llaves que iría a visitar a algunas personas como aviso para su papá.
Pasó por una tienda de regalos y pasó su tarjeta varias veces, incluso cambió los sobres por bolsas de regalo. Solo pudo conseguir algunas cosas que servirían como obsequios. Desgraciadamente, no conocía a nadie, así que no podía planear regalos que les gustaran a todos.
Solo ese hecho casi le hace doler la cabeza. Considerando que la original había crecido con ellos, sería un desastre que no supiera en lo absoluto lo que preferían. Ni siquiera sabía cuánta gente era ni el rango de edades. Solo recordaba a una señora y a unos cuantos jóvenes de su edad que vio en el puesto ese día.
Se subió al coche, pensando que cuando llegara allí se le ocurriría algo. Al menos eso esperaba.