Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 23: Táctica Prenatal y el Tratado de Paz del Queso
El sol de la tarde entraba por los ventanales del solárium, iluminando a Aria, quien descansaba en un diván de seda rodeada de ventiladores que Evans había modificado para que lanzaran una brisa con aroma a lavanda y menta. Su barriga era ahora una esfera perfecta y prominente, el hogar de los dos guerreros que tenían a toda la mafia neoyorquina en vilo.
A su lado, la escena era digna de una pintura histórica: Killian y Ethan estaban sentados a una mesa pequeña, con un mapa de la ciudad y varios soldados de plomo, pero no estaban planeando un golpe de estado. Estaban planeando la ruta más rápida desde la mansión hasta el hospital, considerando tráfico, semáforos y posibles emboscadas de baches en el pavimento.
—Mira, Smirnov —dijo Killian, señalando la Quinta Avenida con un puntero láser—. Si tomamos esta ruta a las tres de la mañana, ganamos cuatro minutos. Pero si Aria entra en labor de parto a las seis de la tarde, tendremos que usar el helicóptero. Ya le instalé una incubadora blindada.
—Ya lo revisé, Killian —respondió Ethan, con una paciencia que le había ganado el respeto definitivo de su suegro—. Pero el helipuerto del hospital está en mantenimiento. Tendremos que aterrizar en el edificio de enfrente y cruzar por el puente elevado. Ya compré el edificio.
Killian miró a Ethan de reojo, hizo una pausa dramática y luego asintió con aprobación, dándole una palmada en el hombro que casi lo tira de la silla.
—Comprar el edificio... —murmuró Killian—. Esa es una jugada digna de un Vane. Bien pensado, muchacho. Casi pareces inteligente.
Aria observaba la escena con una sonrisa cansada. Ver a su padre y a su esposo trabajar juntos era un milagro que solo los gemelos habían logrado. Killian finalmente había aceptado que Ethan no era solo el "lobo que robó a su hija", sino el hombre que daría su vida por los nietos que aún no conocía.
—¡Papá! ¡Ethan! —llamó Aria, haciendo que ambos hombres saltaran como si hubieran escuchado una granada—. Los bebés se están moviendo de nuevo.
Killian tiró el puntero láser y se arrodilló al lado del diván, seguido de cerca por Ethan. Killian puso su mano ruda sobre un lado de la barriga de Aria, mientras Ethan ponía la suya en el otro.
—A ver, escuchen, pequeños reclutas —susurró Killian, pegando la boca a la barriga—. Soy el General Abuelo. Hoy vamos a repasar la formación en cuña. Si sienten que el espacio está apretado, el gemelo A debe empujar hacia la izquierda para ganar terreno. ¡Disciplina ante todo!
—Déjalos en paz, Killian —rió Ethan—. Solo están buscando una posición cómoda.
—¡Están entrenando, Smirnov! —insistió Killian—. Mira ese movimiento, eso fue una patada lateral perfecta. Ese niño va a ser un experto en defensa personal antes de dejar los pañales.
De pronto, el rostro de Aria cambió. Esa mirada de "necesito comida extraña o alguien va a morir" apareció en sus ojos.
—Quiero empanadas argentinas —soltó Aria—. Pero quiero que el relleno sea de carne cortada a cuchillo y que tengan pasas de uva, pero bañadas en salsa picante mexicana. Y quiero que las traiga el tío Román.
Killian y Ethan se miraron. Román estaba en una misión de logística en Nueva Jersey, pero para Aria, la distancia no existía.
—¡Evans! —gritó Killian por el intercomunicador—. ¡Rastrea a Román! ¡Dile que deje lo que está haciendo y busque las empanadas más raras de la ciudad! ¡Si llega en más de veinte minutos, le quito el acceso a la armería!
—¡Y que traiga helado de dulce de leche! —añadió Ethan, adelantándose a los deseos de su mujer.
Mientras la logística de las empanadas se ponía en marcha, los gemelos Evans y Edans entraron al solárium cargando una caja llena de cables y luces LED.
—¡Miren esto! —dijo Evans—. Hemos diseñado el "Comunicador Intrauterino Vane 2.0". Son unos auriculares especiales que se ponen en la panza de Aria para que los bebés escuchen música clásica mezclada con grabaciones de nuestras voces.
—Y hemos incluido un modo "Táctico" —añadió Edans—. Donde les narramos la historia de la familia para que reconozcan a los enemigos por el sonido de su apellido. Si escuchan "Forrest" o "Cavalli", el sistema emite una frecuencia que los pone en alerta.
—¡Ustedes están locos! —rió Aria, aunque se dejó poner los auriculares—. Van a nacer estresados por tanta información.
—Nacerán listos, hermana —sentenció Vera, entrando con Nadia—. Por cierto, ya decidimos quién será la madrina. Obviamente somos nosotras. Ya compramos los vestidos de bautismo... son de seda italiana con hilos de Kevlar. Por si acaso.
La noche llegó y, tras el festín de empanadas que Román trajo escoltado por tres patrullas privadas, la calma volvió a la mansión. Killian se quedó sentado en un sillón frente a la chimenea, observando a Ethan ayudar a Aria a caminar hacia la habitación.
Por primera vez en meses, Killian no gritó. No hubo drones, ni cámaras, ni amenazas de castración.
—Eh, Smirnov —llamó Killian cuando Aria ya estaba en la puerta.
Ethan se detuvo y giró la cabeza.
—Mañana vamos a la armería —dijo Killian, mirando el fuego—. Quiero mostrarte la colección de pistolas de duelo que pertenecen a los primogénitos Vane. Es hora de que elijas dos. Una para cada uno.
Ethan asintió con respeto, comprendiendo el peso de ese gesto. Killian le estaba entregando las llaves del legado familiar.
—Gracias, Killian. Los cuidaré con mi vida.
—Lo sé —susurró el General—. Si no lo supiera, ya estarías bajo el cemento del puerto. Ahora vete, que Aria tiene cara de que va a pedir pizza con piña en cualquier momento y vas a necesitar energía para correr.
Ethan sonrió, cerró la puerta y la Dinastía se sumergió en un silencio protector, esperando el momento en que el León y la Luna finalmente dieran la bienvenida a sus cachorros.