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Volumen 1: El Eco De Los Pasillos

Volumen 1: El Eco De Los Pasillos

Status: En proceso
Genre:Romance / Escuela / Amor eterno
Popularitas:159
Nilai: 5
nombre de autor: yoch

Dos salones, un pasillo y un futuro que está a punto de cambiar.
Valeria es la definición de la perfección académica en el 3º A. Con sus apuntes organizados por colores y la mirada fija en su título profesional, no tiene tiempo para distracciones. Para ella, la Escuela Normal es un peldaño más hacia el éxito, un lugar donde cada minuto debe ser aprovechado.
Al otro lado de la pared, en el 3º B, vive Julián. Él no busca las mejores notas, sino los mejores momentos. Relajado, carismático y con la habilidad de encontrar belleza en el caos, Julián cree que la vida sucede en los descansos, no en los libros.
Cuando un choque accidental en el pasillo cruza sus mundos, se desencadena una reacción en cadena que ninguno de los dos puede controlar. Lo que empieza como una curiosidad incómoda se transforma en una serie de encuentros robados bajo la sombra de los almendros y susurros en la biblioteca. Sin embargo, el camino no será fácil: las expectativas sociales, la presión de la graduación y la

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Capítulo 24: El Penúltimo Timbre

El jueves llegó con una atmósfera cargada de esa extraña electricidad que solo se siente cuando algo está a punto de terminar para siempre. En la Escuela Normal de Riohacha, los tableros de avisos ya no tenían horarios de exámenes, sino listas de protocolos para la ceremonia y recordatorios sobre la devolución de libros a la biblioteca. Valeria caminaba por el pasillo central, notando cómo el eco de sus pasos sonaba distinto, como si las paredes mismas estuvieran guardando silencio para despedirlos.

—¡Valeria! ¡Espera al comité de logística y desorden! —la voz de El Chino rompió la solemnidad del momento.

Venía corriendo por el corredor, agitando una bolsa de papel que desprendía un olor delicioso a arepuelas recién hechas. A su lado, Daniel caminaba con su paso robótico, pero con una expresión inusualmente relajada.

—He calculado que este es nuestro penúltimo jueves como estudiantes de secundaria —dijo Daniel, ajustándose los lentes mientras consultaba su reloj digital—. Exactamente dentro de siete días, a esta misma hora, estaremos sentados en el auditorio esperando que mencionen nuestros nombres. La probabilidad de que El Chino tropiece con su propia toga es del 78.4%.

—¡Epa! ¡Más respeto con el futuro graduado! —protestó El Chino, ofreciéndole una arepuela a Valeria—. Val, tienes que comer. Julián dice que hoy en la clase de dibujo estabas tan concentrada mirando al vacío que parecías una estatua de mármol. Dice que te hace falta azúcar para el cerebro.

Valeria tomó la arepuela con una sonrisa agradecida.

—Es que no puedo dejar de pensar en lo rápido que pasó todo, Chino. Parece que fue ayer cuando Daniel y yo casi quemamos el laboratorio de química y tú entraste con un extintor solo por el drama.

—¡Y qué entrada fue esa! —rio El Chino—. Fui un héroe incomprendido.

Llegaron a la zona de los lockers, donde Sofía y Mateo ya los esperaban. Sofía tenía su cámara colgada al cuello, disparando fotos a diestra y siniestra. Mateo estaba apoyado en un casillero, luciendo su chaqueta de la selección de fútbol por una de las últimas veces.

—Sonrían, por favor —pidió Sofía, encuadrándolos—. Quiero una foto de "el grupo antes del caos final". Mateo, deja de mirar el reloj, que el entrenamiento no empieza hasta dentro de diez minutos.

—No es el entrenamiento, Sofi —dijo Mateo con una sonrisa suave, rodeándola con su brazo—. Es que Julián me pidió que le avisara apenas llegara Valeria. Está en la oficina de artes ayudando al profesor Martínez con los marcos de los diplomas.

Julián apareció en ese momento por el pasillo lateral, con las manos manchadas de tinta y esa sonrisa que siempre lograba que Valeria olvidara el resto del mundo. Se acercó al grupo y, sin importarles las miradas de los demás estudiantes que pasaban, le dio un beso suave en la frente a Valeria.

—Los diplomas ya están listos —anunció Julián—. El tuyo tiene un brillo especial, capitana. Creo que el profesor le puso más tinta de la normal porque sabe que ese papel vale oro.

—Gracias, Julián —susurró ella, sintiendo que el nudo de nostalgia en su garganta se apretaba un poco más—. ¿Tú también estás listo?

—Nadie está listo para dejar de verse todos los días —respondió él, mirando a sus cinco amigos—. Pero creo que estamos listos para lo que sigue.

De pronto, una presencia imponente se hizo notar al final del corredor. Valkra caminaba hacia ellos con su habitual paso firme. Esta vez no traía su chaqueta de cuero, sino una camisa de polo oscura que lo hacía ver como un profesor rudo o un mentor serio. Se detuvo frente al grupo y los miró uno a uno.

—Escuchen —dijo Valkra con su voz profunda—. El director acaba de confirmar que mañana el ensayo general es obligatorio a las ocho en punto. No quiero ver a nadie llegando tarde. Especialmente a ti, Chino. Si te quedas dormido o te quedas comprando comida en la esquina, yo mismo iré a buscarte y te traeré arrastrado.

—¡Entendido, jefe! —exclamó El Chino, haciendo un saludo militar que esta vez no fue una broma total—. Estaré aquí antes que el celador, lo juro por esta arepuela.

Valkra asintió y luego miró a Valeria y a Julián.

—Hicieron un buen camino. No dejen que los nervios de la última semana les arruinen el final. Sigan cuidándose las espaldas.

Valkra se alejó, pero se detuvo un momento antes de girar la esquina para mirar hacia atrás y ver al grupo riendo de nuevo. Sabía que su trabajo como protector estaba casi terminado; estos chicos ya no eran los mismos que conoció al principio del año escolar.

—Bueno —dijo Sofía, guardando su cámara—. Si mañana es el ensayo general, hoy es nuestra última tarde de "estudiantes normales". ¿Qué dicen si vamos todos a la playa después de clase? Solo a ver el atardecer, sin libros, sin planes, solo nosotros seis.

—Es el uso más lógico de nuestro tiempo libre —concluyó Daniel, cerrando su cuaderno—. La arena y el mar son excelentes para liberar el cortisol acumulado por el estrés.

El Capítulo 24 terminaba con los seis amigos saliendo de la Escuela Normal de la mano o con los brazos sobre los hombros, mientras el sol de Riohacha empezaba a descender sobre la ciudad. El timbre de salida sonó por penúltima vez, un eco largo y vibrante que marcaba el final de una era y el comienzo del último suspiro antes del gran día.

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