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Pasado Y Caos

Pasado Y Caos

Status: En proceso
Genre:Maldición / Terror / Mundo de fantasía
Popularitas:232
Nilai: 5
nombre de autor: Reylocura@2004

Pasado y Caos es una novela de terror psicológico y suspenso que se mueve entre el dolor humano y lo inexplicable. Sigue a Evan, un niño marcado por una pérdida temprana, mientras el mundo a su alrededor intenta dar explicaciones racionales a hechos que parecen negarse a ser entendidos del todo.
La historia avanza entre recuerdos rotos, silencios incómodos y una presencia que nunca se muestra del todo, pero que se siente en cada página. No se apoya en el terror fácil, sino en la incomodidad de lo que persiste: la culpa, la memoria y aquello que se hereda sin querer.
Es una novela oscura, íntima y emocional, donde el verdadero miedo no siempre viene de afuera, sino de lo que uno guarda cuando deja de hablar.

NovelToon tiene autorización de Reylocura@2004 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Donde empieza el nombre

(Precuela – Año 1950)

15 de marzo de 1950 – 06:45 hs

La rutina sin voz

El día amaneció gris. Nadie saludó en el desayuno.

Los niños masticaban pan duro en silencio, como si cada palabra pronunciada pudiera ser escuchada

por alguien más.

Elena observaba.

Nicolás, que antes corría por los pasillos, ahora se sentaba quieto, mirando su plato vacío.

Agustina dormía con los ojos abiertos, como si no pudiera cerrarlos sin caer en algo peor que el sueño.

Margaret, la mayor, escribía cosas en un papel… que luego no recordaba haber escrito.

Elena se atrevió a preguntarle:

Elena —¿Qué es eso, Margaret?

Margaret levantó la vista, pálida, con las manos temblorosas.

Margaret —Siento que alguien me sopla al oído cuando estoy sola —dijo, sin saber explicar más.

Elena sintió un escalofrío.

El diario pesa más.

15 de marzo de 1950 – 22:10 hs

El cuaderno negro que Elena guardaba desde el altillo ya no parecía un libro.

Pesaba más.

Como si adentro hubiera algo vivo.

Lo abrió.

Las páginas latían débilmente, como un corazón escondido.

Escribió con miedo:

“Ya no sé si yo lo escribo o él me dicta.”

Cerró la tapa.

Y en la contratapa apareció una sola palabra, escrita sola:

“Nosotros.”

Jacinta, la niña elegida

16 de marzo de 1950 – 11:30 hs

Jacinta ya no parecía una niña.

No reía. No lloraba. Ni siquiera parpadea igual que antes.

Sus movimientos eran copiados, como si alguien los miraba desde dentro de su piel.

Esa mañana, frente a los demás, habló sin que nadie le preguntara:

Jacinta —Él no es malvado. Solo está cansado de no tener cuerpo.

Un silencio cayó sobre todos.

Elena quiso replicar, pero una voz susurró en su mente, más baja, más vieja:

¿?: —Vos tenés un cuerpo. Quiero que me lo otorgues.

Elena cerró los ojos, pero la voz no se apagó.

El juego del papel blanco

16 de marzo de 1950 – 18:40 hs

En el recreo, los niños empezaron un nuevo juego: escribir sin tinta

Tomaban hojas y garabateaba con lápices sin mina, dejando solo trazos invisibles.

Pero al amanecer, las hojas aparecían llenas de frases.

Frases que ningún niño reconocía como suyas.

Nicolás encontró una en su cama:

“No me olvides como ellos lo hicieron.”

La niña nueva

17 de marzo de 1950 – 04:22 hs

Ese día llegó Silvana, 11 años, piel morena y cabello rizado.

Era callada, con ojos grandes que parecían siempre en alerta.

La primera noche, soñó con la casa sin ventanas.

La segunda, con una voz que le decía al oído:

¿?: —No llegaste tarde. Llegaste justo para recordarme.

Cuando Elena la encontró llorando en el comedor, supo que ella también había sido elegida.

Los reflejos rotos

17 de marzo de 1950 – 23:55 hs

Margaret se miró al espejo antes de dormir.

Su reflejo parpadeó antes que ella.

Y luego… sonrió distinto.

Margaret —¿Soy yo? —preguntó en voz baja.

Elena no respondió.

Al día siguiente, Margaret había desaparecido.

En su cama dejaron un espejo.

En el vidrio, tallada con un clavo oxidado, había una frase:

“Ya no recordaba su cara. Así que le di una nueva.”

La canción sin letra

18 de marzo de 1950 – 02:10 hs

De madrugada, un murmullo recorrió los pasillos.

Primero fue un tarareo. Luego, una melodía repetida en distintos tonos.

No tenía letra.

Pero todos los niños la conocían.

Cantaban sin saber por qué.

Al mismo tiempo. Al mismo ritmo.

Silvana se tapaba los oídos.

Silvina —¡No quiero aprenderla! —gritaba.

Pero ya lo sabía.

Elena y el espejo roto

18 de marzo de 1950 – 22:30 hs

Elena rompió su espejo con una piedra.

Se cortó la mano y escribió con su sangre en la pared:

“Yo no soy vos.”

Pero al mirar su reflejo en un charco de agua, vio otra ella.

Una que sonreía demasiado, murmurando su nombre.

19 de marzo de 1950 – 20:15 hs

Jacinta avanza

Jacinta caminaba por los pasillos como si fueran suyos.

Los demás la seguían, en fila, obedientes.

Jacinta —Él quiere una voz definitiva —dijo.

Jacinta —Una persona que lo diga completo.

Elena tembló.

Elena —¿Y si nadie lo dice?

Jacinta sonrió.

Jacinta —Alguien ya lo dijo. Solo que no se dio cuenta.

El último intento de Elena

20 de marzo de 1950 – 03:44 hs

Desesperada, Elena envolvió el diario en una tela blanca.

Lo llevó al campo, detrás del orfanato, y lo enterró bajo la tierra húmeda.

Elena —¡No quiero que existas más! —gritó el viento.

Pero al volver a su habitación, el diario estaba sobre su almohada.

Abierto.

En la primera hoja, una frase nueva:

“Ahora ya no me hablás. Pero igual me soñás.”

La cena vacía

21 de marzo de 1950 – 19:10 hs

El comedor estaba lleno, pero nadie comía.

Los platos servidos quedaban intactos.

Los niños solo miraban el centro de la mesa, donde Jacinta había colocado un papel doblado.

Elena lo observaba desde el otro extremo.

No sabía qué había escrito Jacinta allí, pero todos lo miraban como si fuese un tesoro.

Elena —¿Qué es eso? —preguntó en voz baja.

Jacinta levantó el papel, sonriendo.

Jacinta —Es una lista —dijo.

Jacinta —Los que ya estamos adentro.

Elena se levantó de golpe.

Elena —¡No somos parte de él!

Pero Nicolás la miró con ojos apagados.

Nicolás —Ya no hay “nosotros” sin él.

Silvana lloraba en silencio, sin atreverse a hablar.

Los demás, uno por uno, comenzaron a repetir, con un tono que no era suyo:

“Gracias por recordarme. Gracias por recordarme. Gracias por recordarme.”

El eco llenó el comedor hasta parecer un rezo.

Elena se tapó los oídos, pero igual lo escuchaba dentro de su cabeza.

Y en ese instante supo que no se trataba de un simple juego.

Esa noche, todos iban a dar algo más que su voz

El nombre tiene cuerpo

21 de marzo de 1950 – Medianoche

Las campanas de la capilla repicaron solas.

Los niños despertaron al mismo tiempo y caminaron en silencio hasta el altar.

La puerta del fondo se abrió sola.

No reveló una sala. Ni un pasillo.

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