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EL REY ALFA QUIERE SALVAR A SU OMEGA

EL REY ALFA QUIERE SALVAR A SU OMEGA

Status: En proceso
Genre:ABO / Hombre lobo / Reencarnación
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabitha

El reino de los hombres bestia prospera bajo el mando del rey alfa Samuel Costa… o al menos así lo cree el mundo.
Porque detrás de la reina falsa que ocupa el trono, Samuel oculta un secreto mortal: su verdadero cónyuge es un omega humano, Camilo, cuya mera existencia está prohibida por la ley.
Cuando la verdad sale a la luz, la traición cae como un golpe implacable. Uno a uno, sus aliados son asesinados. Samuel y Camilo mueren juntos sin haber podido aceptarse como los destinados que siempre fueron… hasta que el destino les concede un milagro.
Samuel renace en el instante en que su tragedia comenzó. Ahora, con la memoria intacta y el corazón ardiendo de arrepentimiento, hará lo que no hizo antes: proteger a su omega, desafiar al consejo real y reescribir el futuro, aunque para ello deba destruir enemigos ocultos y el propio sistema que lo traicionó.

NovelToon tiene autorización de Gabitha para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

SECUESTRO

Los jardines eran testigos silenciosos de lo que podía provocar la ambición de las personas. La lluvia caía con furia, mezclándose con el barro y la sangre que comenzaban a teñir el suelo.

Las espadas se blandían contra Samuel, quien no bajaba la guardia ni por un segundo, anticipando cada movimiento y respondiendo con precisión letal. Su respiración era firme, aunque su corazón latía con violencia; cada golpe era una promesa de protección.

Por otro lado, un grupo distinto de mercenarios intentaba romper la cerradura de los almacenes. Golpeaban con furia, maldecían y forzaban las puertas, pero el acero reforzado resistía.

—¡No cede! —gritó uno de ellos frustrado.

Las trampas fueron activadas. El suelo se abrió en algunos puntos, cadenas surgieron de los muros y mecanismos ocultos se pusieron en marcha. Nadie podía atravesarlas a menos que fuera guiado por Julia.

Mientras tanto, otro grupo de mercenarios se presentó para atacar el interior del castillo. Su objetivo era claro: tomar a Camilo y a Julia como rehenes.

Al entrar, notaron algo inquietante.

—¿Dónde están todos? —murmuró uno de ellos.

—¡Búsquenlos! —ordenó su líder con voz áspera.

Los hombres subían y bajaban escaleras, revisaban cuartos, cocinas, pasillos e incluso los establos. Abrían puertas de golpe, volcaban muebles, pero el castillo parecía vacío… como si hubiera sido abandonado a propósito.

Mientras ellos buscaban, Luis y Brisa se habían movido de su escondite, guiando a los sirvientes por pasadizos secretos. Nadie debía salir herido.

—Ellos son los últimos —dijo Brisa al entrar por un pasadizo estrecho, iluminado apenas por antorchas.

El omega mayor asintió. Habían sido lo más sigilosos posible; el silencio era vital.

—Sigan caminando —ordenó Brisa en un susurro firme—. No se detengan, pase lo que pase.

Algunos sirvientes temblaban, otros lloraban en silencio, pero todos obedecían.

Aun cuando ellos se encargaban de proteger a los más vulnerables, fuera de las paredes del castillo Andrés, Klaus y Samuel peleaban hombro a hombro contra sus atacantes.

El choque de espadas era ensordecedor, el agua dificultaba la visión y el barro hacía cada movimiento más pesado. Eran solo tres contra muchos; los guardias habían sido los primeros en caer.

—Dios nos libre de estos tipos —gruñó Andrés, desviando un ataque.

—No debemos ceder —respondió Klaus con voz dura—. Aunque seamos pocos, los almacenes están protegidos. Incluso si llegan hasta ellos, no podrán romper la cerradura.

Samuel guardaba silencio. Cerró los ojos un segundo, concentrándose, intentando escuchar más allá del estruendo de la lluvia. Su audición captaba fragmentos, ecos distantes… algo no encajaba.

De repente, un estruendo sacudió el castillo.

Samuel palideció.

Habían encontrado el escondite donde se hallaban Camilo, su madre, su hermana y los demás.

—Eran una distracción —dijo Samuel, alterado, con la voz rota por la rabia—. ¡Debemos ir con mi madre!

Los tres hombres corrieron lo más rápido que pudieron, atravesando pasillos inundados y puertas forzadas.

Pero al llegar… el horror los golpeó.

Su madre y el rey Luis estaban inconscientes siendo protegidos por las mujeres.

Miraron más adentro, pero solo encontraron a los sirvientes aterrados, algunos heridos, otros de rodillas, temblando.

—Intentamos detenerlos… —dijo uno de los hombres con la voz quebrada—. Se los llevaron.

—Tienen que salvarlos —dijo un niño, hijo de uno de los sirvientes, con lágrimas en los ojos—. Su alteza Camilo arriesgó su vida para defendernos.

Samuel sintió que el mundo se le venía encima.

—¿Pero cómo…? —susurró, retrocediendo un paso.

En su primera vida, el secuestro no se había llevado a cabo. Lycanthe no se había preparado del todo… pero ahora todo era distinto.

Entonces lo comprendió.

Félix.

Y su madre.

No estaban en el cuarto del castillo.

Eso solo significaba una cosa.

Ellos habían dado las indicaciones exactas: cómo entrar, cuándo hacerlo, cómo no levantar sospechas ante Brisa o su hermana.

La traición se clavó en su pecho como una daga.

—¡Maldición!— dijo Samuel antes de salir corriendo hacia los establos.

Tomó uno de los caballos con los que entrenaba y sin temor subío rápidamente para comenzar a cabalgar a toda la velocidad que podía el animal.

La lluvia era peligrosa, los torrentes de aire se volvieron con más fuerza, queriendo derribarlo, pero no podía detenerse.

El sonido de la lluvia no pudo ocultar su juramento silencioso.

Si era necesario…

Daría su vida por la de Camilo.

Mientras él intentaba llegar a Camilo, el omega y su hermana se encontraban amarrados de manos y pies, Julia no paraba de llorar, Camilo se armó de valor y tomó una daga que su padre Luis le había regalado en su décimo octavo cumpleaños.

Logro soltarse y con sigilo soltó a Julia, se escondieron un momento para poder procesar lo que ocurría.

—Ya no llores Julia, podrían escucharte— dijo Camilo limpiándole las lágrimas.

—Perdón, es que mamá salió herida en todo esto, no puedo dejar de pensar que algo malo le habrá pasado— respondió Julia nerviosa.

—Debes ser positiva— dijo casi susurrando Camilo.

De repente el carruaje donde iban se detuvo, escucharon voces afuera.

—No podemos continuar el camino ha sido bloqueado por el tronco de un arbol— dijo un hombre.

—Escuchen bien, vamos a tener que moverlo, para poder pasar, si no lo hacemos nos cortaran la cabeza a todos— dijo el hombre que manejaba el carruaje.

Al escuchar eso Camilo por fin pudo armarse de un plan.

—Julia, escucha bien, debemos salir ahora, sin hacer ruido, debemos intentar llegar a donde tú hermano, si nos quedamos aquí no sabemos lo que estos hombres pueden hacernos— miró Camilo la reacción negativa de Julia.

—¿Y si nos atrapan?

—Debemos intentarlo, no podemos quedarnos aquí.

Bajaron con sumo cuidado del carruaje, mientras los mercenarios y sus secuestradores intentaban mover el tronco que obstaculizaba su camino al almacén.

Sus movimientos fueron lo más sigiloso posible, al ver que el vestido de Julia estorbaba lo corto para que pudiera caminar, intentaron caminar por el camino enlodado, pero uno de los perros que acompañaban a los secuestradores comenzó a ladrar al verlos.

El ladrido alertó a los secuestradores, sus objetivos estaban huyendo.

—¡CORRE JULIA Y NO TE DETENGAS!— alcanzó a gritar Camilo.

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Dayavi
Me gusta tu trabajo sigue así te deseo muchos éxitos 😘🥰🥰🥰
Afrodita Hada♥️
muchas gracias por el capítulo 🫶🫶♥️♥️♥️
Afrodita Hada♥️
😭😭😭
Afrodita Hada♥️
😭😭😭😭
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