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Sweet Blood

Sweet Blood

Status: Terminada
Genre:Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.

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Capítulo 16

El día de la ceremonia de vinculación amaneció gris, con una niebla espesa que se arrastraba por los jardines de la mansión Liu como un sudario. XiaoXuan permanecía sentada frente a la gran ventana de su habitación, observando cómo los criados instalaban antorchas de fuego fatuo en el camino hacia el altar de piedra.

Las palabras de Chen Yi en la biblioteca seguían dando vueltas en su cabeza como avispas atrapadas. *Amor verdadero.* ¿Era posible que lo que sentían fuera real? ¿O era simplemente un efecto secundario del vínculo de sangre? La duda era un veneno lento que empezaba a corroer su determinación. Se preguntaba si su cuerpo la estaba traicionando, haciéndola creer que amaba al hombre que, por naturaleza, estaba diseñado para consumirla.

Un golpe en la puerta interrumpió su monólogo interno. No era Chen Yi, ni Lady Liu. Era su madre adoptiva, quien finalmente había sido autorizada a verla.

—¡XiaoXuan! —la mujer corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. Al separarse, la miró con ojos llenos de preocupación—. Estás tan pálida, hija mía. ¿Qué te han hecho en este lugar?

—Estoy bien, mamá —mintió XiaoXuan, tratando de forzar una sonrisa—. Solo estoy nerviosa por la boda.

—He oído rumores entre los sirvientes —susurró la mujer, mirando hacia la puerta con miedo—. Hablan de sacrificios, de maldiciones. XiaoXuan, si esto es demasiado, podemos intentar escapar. El Joven Maestro parece un buen hombre, pero su madre... esa mujer tiene los ojos de una serpiente.

XiaoXuan sintió un nudo en la garganta. Por un momento, tuvo la tentación de contárselo todo, de huir con la única persona que la había amado sin condiciones. Pero entonces pensó en Chen Yi, en su agonía en la cámara de purificación, en la forma en que él la miraba como si ella fuera su única redención.

—No puedo irme, mamá. Si me voy, él morirá. Y... creo que lo amo.

—¿Lo amas o sientes que debes salvarlo? —la pregunta de su madre fue como una bofetada de realidad—. Hay una línea muy fina entre el amor y la compasión, XiaoXuan. No destruyas tu vida por un hombre que nació condenado.

—No es solo por él —respondió XiaoXuan, con una firmeza que la sorprendió a ella misma—. Es por mí. Por primera vez en mi vida, tengo el poder de cambiar algo. No soy solo una huérfana recogida de la calle; soy la clave para romper un ciclo de siglos. Si me voy ahora, la Sombra ganará. Y no puedo permitirlo.

Su madre la miró con una mezcla de orgullo y tristeza, dándose cuenta de que la niña que había criado se había convertido en una mujer con una carga demasiado pesada para sus hombros.

—Solo prométeme que, si las cosas salen mal, buscarás una salida —dijo la mujer, besando sus manos—. No dejes que te conviertan en una de sus estatuas de ceniza.

Cuando su madre se fue, XiaoXuan se quedó sola con sus dudas. Se puso el vestido de novia rojo oscuro, cada capa de seda sintiéndose como una armadura. Mientras se miraba al espejo, se preguntó quién era realmente. ¿Era la "Cura" de la familia Liu? ¿La salvadora de Chen Yi? ¿O simplemente XiaoXuan, una chica que quería amar y ser amada sin que hubiera sangre de por medio?

En ese momento de vulnerabilidad, Chen Yi entró en la habitación. No dijo nada, solo se quedó de pie junto a la puerta, observándola. Llevaba su túnica ceremonial, y su presencia llenaba el espacio de una energía eléctrica.

—Estás dudando —dijo él, su voz suave pero cargada de percepción. El vínculo de sangre no le permitía ocultar sus sentimientos.

—¿Cómo no dudar, Chen Yi? —respondió ella, dándose la vuelta—. Todo en este lugar es una trampa. Tu madre, el diario de tu padre, incluso mi propio cuerpo que reacciona a ti como si fueras oxígeno. ¿Cómo sé que esto es real? ¿Cómo sé que no soy solo una víctima de la biología y del destino?

Chen Yi se acercó a ella, deteniéndose a la distancia justa para no invadir su espacio, pero permitiendo que ella sintiera su calor.

—No lo sabes —admitió él con una honestidad brutal—. Yo tampoco lo sé con certeza absoluta. Pero sé esto: cuando te miro, no veo una cura. Veo a la persona que me desafió en la cámara de purificación. Veo a la mujer que se coló en una biblioteca prohibida solo para encontrar la verdad. Mi sed de sangre es biológica, sí. Pero mi deseo de protegerte, de escucharte reír, de ver un futuro contigo... eso es algo que la Sombra no puede fabricar.

—Tengo miedo de que el ritual de esta noche nos cambie —susurró ella, bajando la cabeza—. Tengo miedo de que, después de vincularnos, ya no haya "yo" ni "tú", solo una entidad atada por la maldición.

Chen Yi extendió la mano y levantó su mentón para que lo mirara a los ojos.

—La vinculación es un riesgo. Pero es la única forma de que tú tengas una vida larga y yo tenga una vida digna. Si hay una duda en tu corazón que pese más que tu certeza, dímelo ahora. Detendré todo esto. Enfrentaré a mi madre y a la Sombra yo solo, aunque sea lo último que haga.

XiaoXuan buscó en el fondo de su alma. Encontró el miedo, encontró la duda, pero debajo de todo eso, encontró una chispa de esperanza que ardía con más fuerza que cualquier otra cosa. Era la certeza de que, a pesar de todo el horror, no quería estar en ningún otro lugar que no fuera al lado de Chen Yi.

—No —dijo ella, tomando su mano con fuerza—. No te dejaré solo. Mis dudas son reales, pero mi elección es definitiva. Vamos a hacer esto.

—Entonces, que sea bajo nuestros propios términos —dijo Chen Yi, besando sus nudillos—. Esta noche, no nos casamos para los Liu. Nos unimos para nosotros mismos.

Salieron de la habitación juntos, dejando atrás las dudas de la tarde para enfrentar las certezas de la noche. El cielo ya empezaba a oscurecerse, y el primer mordisco de la sombra sobre la luna anunciaba que el eclipse había comenzado. El camino hacia el altar estaba iluminado por el fuego, pero en sus corazones, XiaoXuan y Chen Yi llevaban una luz propia, una que se negaba a ser extinguida por los ecos del pasado o los temores del presente. La batalla por sus almas estaba a punto de alcanzar su punto álgido, y aunque el futuro era incierto, su alianza era, por fin, inquebrantable.

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Helena Palomino Olaya
me gusta la trama
Helena Palomino Olaya
ojalá el acepte la ayuda de ella
Lorena Montoya
Amé!
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