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Vínculo Prohibido

Vínculo Prohibido

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Mafia / Romance oscuro / Completas
Popularitas:66
Nilai: 5
nombre de autor: Maiara Brito

Dos jefes mafiosos. Un matrimonio arreglado.
El odio que los separa es tan intenso como la atracción que los consume.
Entre lealtad, sangre y deseo prohibido, Jay y Win descubrirán que el enemigo más peligroso no está fuera de la guerra… sino dentro de ellos mismos.

NovelToon tiene autorización de Maiara Brito para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

El cuerpo de Ton aún estaba en el suelo, la sangre extendiéndose por el piso frío de la mansión.

Los guardias retiraban a los últimos invasores, Oleg coordinaba órdenes secas por la radio. Pero dentro de la sala de seguridad, el tiempo parecía no avanzar.

Win permanecía de pie, el arma aún en la mano, como si no se hubiera dado cuenta de que ya no había necesidad de sujetarla. El pecho subía y bajaba en respiraciones pesadas. El dragón en su espalda parecía más vivo que nunca, como si quisiera rasgar la piel para salir.

Nin observaba a su hermano, lágrimas silenciosas escurriendo.

— Win…

Él no respondió. Los ojos estaban fijos en Ton, como si esperara que el amigo se levantara y dijera que todo no era más que un maldito juego.

Jay se acercó despacio, sin prisa, como un predador que entiende que no necesita violencia en ese instante.

— Hiciste lo que tenías que hacer.

Win giró el rostro hacia él, los ojos negros cargados de dolor y odio.

— Cállate.

Jay no retrocedió.

— Si no lo hubieras hecho, Nin estaría muerta. O peor.

— ¡Él era mi hermano! — gritó Win, la voz ronca, quebrada. — Creció conmigo, luchó a mi lado, sangró conmigo. Confié en él más que en cualquier otro.

Jay sujetó su brazo con firmeza, forzándolo a encararlo.

— Y él te vendió. Eso no cambia porque tú quieras. No cambia porque duela.

Win tiró del brazo, pero no apartó los ojos.

— Hablas como si no sintieras nada.

Jay respiró hondo.

— Porque ya he estado en tu lugar. — Su voz, por primera vez, tenía algo más que frialdad. — Ya he matado a quien llamaba hermano. Y aprendí que, al final, solo quedas tú.

El silencio entre los dos fue casi sofocante. Nin, en el rincón, observaba — entendiendo que allí había algo que ni ella podía atravesar.

Win pasó la mano por el rostro, intentando contener la rabia que se mezclaba con lágrimas que él se rehusaba a derramar.

— ¿Entonces es eso? ¿Solo borro a Ton de la memoria y sigo adelante?

Jay dio un paso al frente, quedando lo bastante cerca para que las respiraciones se mezclaran.

— No. Tú cargas el peso. Para siempre. — El tono era bajo, firme. — Pero no dejes que ese peso te mate.

Win cerró los ojos por un segundo, y cuando los abrió, había algo nuevo allí. No gratitud, no perdón. Sino reconocimiento.

— Hablas como si me conocieras.

— Yo conozco el dolor. — respondió Jay.

Por un instante, quedaron inmóviles, tan próximos que cualquier movimiento podría quebrar la línea que aún insistían en mantener. Nin desvió la mirada, el corazón apretado por entender que el pacto que debía unirla a Jay ya no era el centro de la historia.

Win respiró hondo, alejándose medio paso.

— No pienses que esto cambia algo entre nosotros.

Jay dejó escapar una sonrisa casi imperceptible.

— Ya ha cambiado.

El silencio volvió a pesar. Pero ahora era diferente. No era el silencio de la muerte, ni de la guerra. Era el silencio de dos hombres que cargaban el mismo fardo y, contra su propia voluntad, comenzaban a dividirlo.

Más tarde, cuando la casa finalmente se durmió, Nin permaneció despierta. Oía los pasos de los guardias, el sonido distante de la lluvia fina golpeando las ventanas.

Y en el corredor central, oyó también dos respiraciones firmes — Jay y Win, dividiendo la vigilia otra vez.

Pero esta vez, había algo diferente en la cadencia.

No eran dos enemigos solamente.

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