El peso de la vida a veces se manifiesta en las sombras más inesperadas. Un pasado turbio, marcado por la traición y la desesperación, dejó a Yerik en un camino solitario, cargando con un secreto que lo consume.
La vida, con su cruel ironía, le presentó una nueva batalla: la enfermedad de su hijo. Sin recursos y acorralado por la urgencia, Yerik se vio forzado a tomar decisiones que desafiaban su propio ser, buscando una luz en la oscuridad más profunda. Un acuerdo, una promesa, un futuro incierto que lo ataría a quienes le arrebataron la paz, mientras la esperanza de salvar a su pequeño se aferraba a un hilo delgado. Pero el amor de un padre es una fuerza indomable, capaz de enfrentar cualquier adversidad, incluso cuando el precio a pagar es el propio dolor.
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Cap 21: sexo
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Cuando el niño estaba dormido, el hombre salió de la habitación. Inmediatamente después de cerrar la puerta, fue acorralado contra la pared por parte de Vincenzo.
— Vin-Vincenzo— dijo un poco nervioso
— Mi rey, ¿puedo dormir en tu cama?— preguntó mientras metía una de sus manos dentro de la camisa del chico
— ¿Eso es lo importante que tenías que decirme?— sintiendo al hombre jugar con una de sus pezones
— mmm, es muy importante, quiero dormir a tu lado y volver a hacer el amor.
— Suéltame, estamos cerca de la habitación de Leo.
Vincenzo lo soltó y lo cargó haciendo que este enrollara sus piernas en su cintura. El hombre se dirigió a la habitación de Yerik y lo dejó en la cama con cuidado.
— Hueles muy rico, mi Yerik— quitándole la sudadera que llevaba puesta
— Vincenzo, no puedes tomarme cuando quieras, p-puedo quedar embarazado.
Al escucharlo, Vincenzo se apartó del hombre y acomodó su propia ropa.
— Lo siento, lo olvidé— un poco frustrado
Al ver la expresión del hombre y lo que le dijo, Yerik se entristeció un poco, creyendo que este solo lo quería para jugar, y lo despreciaría si se embarazaba.
— precioso, no estés triste, iré a comprar preservativos y regreso.
— ¿Por qué tienes esa expresión extraña?
— porque olvidé los preservativos y ahora debo dejarte solo. Aunque podemos hacerlo sin preservativos por hoy, y mañana tomas una pastilla.
— ¿Y si quedo embarazado?
— sería el hombre más feliz de la tierra, tener otro bebé contigo sería mi mayor bendición. Vería tu pancita crecer y te mimaría mucho más.
Emocionado por la idea, el hombre se lanzó hacia Yerik y lo hizo recostar nuevamente en la cama, para besarlo y acariciarlo. Por un momento, sus miradas se encontraron llenas de deseo y complicidad. Con una mano, Vincenzo acariciaba el rostro de su pareja, mientras profundizaba un apasionado beso. Yerik, exploraba los labios de Vincenzo, besándolo con urgencia, mientras sus manos comenzaban a desabotonar su camisa, revelando la piel suave y cálida del hombre.
Ante las atenciones de Vincenzo, Yerik respondía a cada caricia, dejando escapar un suspiro. Cuando Vincenzo deslizó sus dedos por su torso, sintiendo la calidez de su piel, el chico dejó escapar un fuerte gemido.
— Te escuchas muy sexy— soltando el cinturón del pantalón de Yerik
Entre besos, caricias y movimientos ágiles, se desnudaron el uno al otro, dejando caer cada prenda al suelo, dejando sus cuerpos al descubierto. Vincenzo se inclinó para besar el cuello de Yerik, dejando un rastro de besos que lo llevó hacia su pecho, bajando por su torso hasta llegar a su miembro. Ahí, el hombre se dispuso a darle sexo oral a su pareja, hasta que lo hizo llegar al clímax.
— Yerik, tu semen es muy dulce— lamiendo sus labios
— E-Eres…….
— Soy tu hombre y tú el mío, mi rey.
Vincenzo levantó las piernas de Yerik y las puso sobre sus hombros para tener mayor acceso a la intimidad del chico. Cuando se disponía a penetrarlo, Yerik lo detuvo.
— U-Usa preservativos— quitando sus piernas de los hombros del hombre
— Amor, creí que lo habíamos dejado claro— tocando la entrada del hombre
— En, en la mesa de noche hay.
Vincenzo sonrió y le dió un beso en los labios, para apartarse de él y tomar uno de los preservativos. Después de colocarlo, se volvió a acomodar entre las piernas de Yerik y lo penetró de una sola estocada.
— Te amo, Yerik— decía mientras se movía con frenesí en el interior del hombre
El ambiente se llenó de susurros y gemidos ahogados, creando una conexión eléctrica entre ellos, mientras su intimidad se profundizaba con pasión