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Dolores Del Pasado

Dolores Del Pasado

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Casos sin resolver / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

Es verdad lo que dicen.No sabes lo que tienes asta que lo pierdes y así empieza esta historia

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9: Los días en los que elegí no volver

Después de esa visita, Leonardo no volvió.

No porque se lo propusiera como una decisión firme, ni porque hubiera pasado algo concreto que lo empujara a hacerlo. Fue algo más simple, y por eso mismo más difícil de justificar después: eligió no ir, una vez más, y después otra, y otra, hasta que la ausencia empezó a sentirse normal.

Al principio pensó en volver al día siguiente. La imagen de su abuela, más frágil, más lenta, no se le iba de la cabeza con la misma facilidad que antes. Ya no podía convencerse de que estaba todo bien, pero tampoco sabía qué hacer con eso. Entonces hizo lo que venía haciendo desde el principio: lo dejó para después.

“Mañana voy.”

La frase apareció clara, casi automática, mientras se acostaba esa noche. Le dio una especie de tranquilidad momentánea, como si con solo decirla ya estuviera resolviendo algo. Como si el hecho de tener la intención fuera suficiente.

Pero al día siguiente no fue.

Se levantó tarde, se distrajo con el celular, salió un rato, volvió cansado. En algún momento pensó en ir, incluso llegó a considerar cambiarse y salir, pero lo dejó pasar. No parecía urgente. No había nadie llamándolo, nadie exigiéndole que estuviera ahí en ese momento exacto.

Y eso, en lugar de ser una oportunidad, se convirtió en una excusa.

Los días siguientes siguieron el mismo patrón. Pensamientos breves, decisiones postergadas, una incomodidad que aparecía y desaparecía sin llegar a convertirse en acción. Cada día que pasaba hacía un poco más difícil volver, no por algo externo, sino por lo que implicaba internamente. Volver significaba enfrentar lo que ya había visto. Significaba aceptar que no había hecho nada antes.

Y eso empezaba a pesar.

Una tarde, mientras estaba tirado en la cama mirando videos sin prestar atención real, el nombre de su abuela apareció en su cabeza sin motivo claro. No había pasado nada en ese momento, no había ningún disparador evidente. Simplemente apareció.

Se quedó mirando la pantalla sin ver realmente lo que estaba pasando.

Pensó en escribirle a su madre para preguntarle si había ido a verla. Pensó en levantarse y salir en ese mismo momento. Pensó en hacer algo, cualquier cosa que rompiera esa inercia.

Pero no lo hizo.

Apoyó el celular sobre el pecho y cerró los ojos un momento, como si eso bastara para apagar la sensación.

“No es para tanto”, se dijo.

Pero esa frase ya no tenía la misma fuerza de antes.

Esa noche, durante la cena, su madre volvió a mencionarla.

—Hoy no pude pasar —dijo, casi como al pasar—. Mañana voy a ir.

Leonardo levantó la vista apenas.

—Ah.

Hubo un pequeño silencio.

—Podrías venir conmigo —agregó ella.

La propuesta quedó ahí, clara, directa.

Leonardo dudó.

No mucho.

—No sé… tengo cosas.

No especificó cuáles.

No hacía falta.

Su madre lo miró unos segundos más de lo habitual.

—Siempre tenés cosas.

No lo dijo con enojo.

Lo dijo como un hecho.

Y eso fue peor.

Leonardo bajó la mirada.

No respondió.

El silencio que siguió fue incómodo, pero no lo suficiente como para hacerlo cambiar de opinión.

A la mañana siguiente, su madre se fue sola.

Leonardo se quedó en casa. Dijo que iba a salir más tarde, que tenía que hacer unas cosas, que después tal vez pasaba. Las mismas frases de siempre, con el mismo tono vacío.

El día pasó sin nada especial.

Hasta que su madre volvió.

Leonardo estaba en el living cuando escuchó la puerta abrirse. No prestó atención al principio, pero algo en la forma en que ella entró lo hizo levantar la vista.

No fue un ruido fuerte.

Fue la ausencia de ruido.

No dijo nada al entrar.

No saludó.

Dejó las llaves sobre la mesa con un movimiento lento y se quedó quieta unos segundos.

—¿Y? —preguntó Leonardo, sin levantarse del todo.

Su madre no respondió de inmediato.

Se sacó la campera despacio, como si necesitara tiempo antes de hablar.

—No estaba bien —dijo al final.

La frase fue simple.

Pero esta vez sonó distinta.

Más pesada.

Más real.

Leonardo se incorporó un poco.

—¿Qué pasó?

—La vi… mal —respondió ella, buscando las palabras—. Muy cansada. Y… no sé.

Se pasó una mano por la cara.

—Esto no está bien, Leo.

Ahí estaba otra vez.

Más claro que antes.

Más directo.

Leonardo sintió esa incomodidad en el pecho, más fuerte que en otras ocasiones.

—Capaz está enferma —dijo.

Era una posibilidad lógica.

Pero la forma en que lo dijo no buscaba entender.

Buscaba cerrar el tema.

—Sí, capaz —respondió su madre—. Pero alguien tiene que estar.

El silencio que siguió fue distinto.

Más cargado.

Más difícil de ignorar.

Leonardo miró hacia otro lado.

Sabía lo que venía.

Lo que ella no decía, pero estaba implícito.

—Voy a ir mañana —dijo.

Esta vez sonó más firme.

O al menos eso intentó.

Su madre asintió, pero no pareció convencida.

—Sí… andá.

No agregó nada más.

No hizo falta.

Esa noche, Leonardo volvió a pensar en ir.

De verdad.

Se imaginó entrando, hablando con ella, quedándose más tiempo, haciendo algo distinto a lo que venía haciendo.

La idea estuvo ahí.

Más fuerte que antes.

Pero también lo estaba todo lo demás: la costumbre de postergar, la incomodidad de enfrentar la situación, el peso de lo que no había hecho.

Y al final, como las otras veces…

No fue.

A la mañana siguiente se despertó tarde.

Después salió.

Después se distrajo.

Después ya era tarde.

Y así, sin un motivo claro, dejó pasar otro día.

Y otro.

Hasta que el tiempo empezó a acumularse de una forma que ya no podía deshacerse.

Mucho tiempo después, Leonardo entendería que estos días fueron los más importantes de todos.

No porque hubiera pasado algo visible.

No porque hubiera una escena clara que recordar.

Sino porque fueron días en los que todavía podía elegir.

Todavía podía ir.

Todavía podía estar.

Todavía podía hacer algo.

Y eligió no hacerlo.

Una y otra vez.

Hasta que esa posibilidad dejó de existir.

1
Martin
Hola,no abandonaré la otra ya hay capítulos programados asta el 15 del otro mes y se subirán cada 5 días ahora el 20 estrena uno y así
Marialeonor Roqueocampo
aquí estoy esperando otra historia fascinante, espero no abandones la otra 🫶🤭
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