Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
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capitulo 9
Mía sostuvo la carta entre sus manos durante varios segundos más. Sus dedos temblaban levemente, no sabía si por la emoción de haber escapado… o por la culpa que empezaba a crecer dentro de ella.
Se dejó caer lentamente sobre la cama.
Miró el dinero otra vez.
Tanto dinero…
—Esto… no es real… —susurró.
Nunca en su vida había tenido tanto. Ni siquiera imaginó algo así. Era como si, de golpe, le hubieran dado una segunda oportunidad… una nueva vida.
Pero también significaba algo más.
Significaba que ya no había vuelta atrás.
Tomó el celular que Hanna le había dado. Lo observó unos segundos… y lo dejó sobre la cama.
—Gracias… Hanna… —murmuró, con una sonrisa triste.
Sus ojos comenzaron a humedecerse.
No solo había dejado atrás a Renzo…
También había dejado a alguien que, sin darse cuenta, se había convertido en su familia.
Se levantó lentamente y caminó hacia la ventana.
El paisaje era completamente distinto a todo lo que conocía.
Montañas verdes… aire puro… silencio…
Paz.
Pero dentro de ella… no había paz.
Mientras tanto…
Renzo no había dormido.
Ni un segundo.
El cigarro se consumía entre sus dedos mientras observaba la pantalla de su computadora. Sus ojos estaban rojos… no de cansancio… sino de furia.
—Nada… —gruñó golpeando el escritorio— ¡Nada!
Milo estaba frente a él, en silencio.
—Revisamos cámaras, rutas, peajes, aeropuertos privados… —dijo con cuidado— No hay rastro, jefe.
Renzo apretó la mandíbula.
—Eso es imposible.
Se puso de pie de golpe, tirando la silla hacia atrás.
—¡NADIE desaparece así!
Su respiración era pesada. Caminaba de un lado a otro como una bestia encerrada.
—Ella no es inteligente… —murmuró— No sola…
Se detuvo en seco.
Sus ojos se oscurecieron.
—Hanna…
Milo tragó saliva.
—¿Cree que ella…?
Renzo giró lentamente la cabeza.
—No creo… —dijo con voz baja— Estoy seguro.
Agarró su arma del escritorio.
—Prepara el auto.
—¿A dónde vamos?
Renzo sonrió… pero no era una sonrisa normal.
Era peligrosa.
—A hablar con mi querida hermana.
De vuelta en Colombia…
Mía bajó las escaleras después de cambiarse de ropa. Llevaba algo sencillo, cómodo… por primera vez en mucho tiempo, vestía para ella, no para alguien más.
El aroma a comida la recibió.
—Abuela… —dijo con una pequeña sonrisa.
Mercedes estaba en la cocina, moviendo una olla.
—Ven, mi niña… seguro tienes hambre.
Mía se sentó en la mesa, observándola.
Ese simple momento… le parecía un lujo.
—Extrañaba esto… —susurró.
—¿El qué?
—Todo… —respondió Mía— Estar contigo… sentirme en casa…
Mercedes la miró con ternura.
—Ahora lo tienes de nuevo.
Mía asintió.
Pero en el fondo… algo le dolía.
Y no quería admitir qué era.
Esa noche…
No pudo dormir.
Daba vueltas en la cama… una y otra vez.
Cerraba los ojos…
Y lo veía.
Renzo.
Su mirada.
Su voz.
Sus manos.
—No… —murmuró cubriéndose la cara— No…
Se sentó de golpe.
—Esto no es amor… —se dijo a sí misma— Es miedo… costumbre…
Pero su corazón latía fuerte.
Demasiado fuerte.
Se levantó, caminó hacia su mochila y sacó la camisa.
La misma que había tomado antes de escapar.
La acercó a su rostro.
Ese perfume…
Su respiración se quebró.
—¿Por qué…? —susurró— ¿Por qué siento esto…?
Una lágrima cayó sin que pudiera evitarlo.
—Yo lo odio… —dijo en voz baja— Lo odio…
Pero su voz no sonó convincente.
En la mansión…
—¡Hanna! —gritó Renzo entrando como un huracán.
Ella estaba en la sala, sentada con total tranquilidad, como si nada pasara.
—¿Ahora qué hiciste? —respondió con calma.
Renzo caminó hacia ella con furia.
—No juegues conmigo.
Hanna lo miró fijamente.
—No estoy jugando.
—TÚ LA AYUDASTE.
Silencio.
Por un segundo… todo quedó en el aire.
Hanna suspiró.
—de que hablas?
Renzo - mia escapó y sola no pude haberse escapado
hanna - pues yo no fui ..
Renzo - no me mientas Hanna te conozco bastante bien
Hanna - como piensas que la ayude si tengo demasiado trabajo ni tiempo para entrenar tengo
Renzo - si me llegó a enterar que fuiste tu no sabes ( Hanna no lo dejo hablar)
Hanna - si no que me vas a matar?? Mira para que veas que tan buena soy te voy ayudar a encontrarla
De vuelta con Mía…
El amanecer llegó lentamente.
Ella no había dormido.
Estaba sentada junto a la ventana, mirando el cielo cambiar de color.
Respiró profundo.
—Este es mi nuevo comienzo… —se dijo.
Tenía a su abuela.
Tenía dinero.
Tenía libertad.
Todo lo que quería.
Entonces… ¿por qué no se sentía completamente feliz?
Cerró los ojos.
Y una imagen apareció otra vez.
Renzo… abrazándola.
—No… —susurró— Basta…
Se puso de pie.
—Tengo que seguir… no puedo mirar atrás.
Pero en el fondo…
Sabía algo.
Escapar no significaba olvidar.
Y mucho menos…
Estar a salvo.
Porque en algún lugar…
Renzo ya no estaba buscando con desesperación…
Ahora buscaba con obsesión.
Y eso…
...Era mucho más peligroso......