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El Precio Del Poder: Estrategias De Un Omega Olvidado

El Precio Del Poder: Estrategias De Un Omega Olvidado

Status: En proceso
Genre:Juego del gato y el ratón / Omegaverse / Amantes del rey / Batalla por el trono / Harén / Reencarnación
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Angelo murió cuando estaba a punto de triunfar. Un accidente absurdo y su sueño de poseer un hotel de lujo se desvaneció.

Pero el destino le dio una segunda oportunidad.

Reencarnó en Kael, un omega hombre olvidado en el harén del Emperador Ethan. El más bajo de los bajos. Un regalo que nadie mira. Invisible.

Kael tiene un objetivo: convertirse en Emperatriz. Tiene las armas: una mente fría y años de experiencia seduciendo a hombres poderosos en su vida anterior. Y tiene un plan: hacer que el Emperador, el Alfa más poderoso del imperio, se vuelva loco por él.

Pero el harén es un campo de batalla de secretos y traiciones. La Emperatriz, la favorita, las concubinas... todas lo aplastarían si pudieran verlo. Y el Emperador ni siquiera sabe que existe.

Kael solo necesita una oportunidad para ser visto.

Lo que no sabe es que en el juego más peligroso de su vida, algunas piezas se mueven solas. Y que el hombre al que juró conquistar podría convertirse en algo que nunca esperó

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 3: El sol que no se mira

Mira apareció en su puerta antes del amanecer.

Kael se incorporó en la estera, sobresaltado, pero ella ya estaba dentro, cerrando con sigilo. Traía un hatillo de tela arrugada y una expresión que no le había visto antes: algo entre urgencia y determinación.

—Hay audiencia hoy en el Salón de las Mil Velas —susurró, extendiendo el hatillo hacia él—. Todos los sirvientes estamos ayudando con los preparativos. ¿No te han avisado?

Kael negó con la cabeza, frotándose los ojos.

—A mí no me avisan de nada.

Mira frunció el ceño. Por un instante, en sus ojos marrones apareció algo que Kael no supo identificar del todo. Lástima, quizás o indignación contenida.

—No es justo —murmuró, y desató el hatillo con movimientos rápidos—. Eres un concubino de séptimo rango y te tratan como a un criado. Lo mínimo es que, si vas a hacer trabajo de criado, tengas las mismas herramientas.

Kael procesó la información. Séptimo rango. El más bajo. Y aun así, alguien decidió que ni siquiera eso merecía. Tomó el uniforme. Tela basta, color gris, varias veces remendada en codos y rodillas. Pero entera. Limpia. Olía a jabón barato y a humedad de almacén.

Perfecta para pasar desapercibido.

—¿Por qué haces esto? —preguntó, y no era parte de la estrategia. Era curiosidad genuina.

Mira se encogió de hombros, incómoda. Apartó la mirada un momento, como si ella misma no supiera muy bien la respuesta.

—Porque no es justo —dijo al fin—. Además, eres de los pocos que me trata como si fuera persona. Los demás ni me miran.

Kael sostuvo su mirada un momento. Luego inclinó la cabeza, el gesto de sumiso que ya le salía natural.

—Gracias, Mira.

Ella sonrió, tímida, y se fue tan sigilosamente como había llegado.

Kael se quedó mirando el uniforme. Una aliada, pensó. Ingenua, sí, pero leal por razones que ni ella misma entendía del todo. Y la lealtad, en este lugar, valía más que el oro.

Se vistió con el uniforme. La tela le quedaba un poco holgada, pero nada que no pudiera disimular encorvándose un poco más de la cuenta. Se miró en el espejo roto: un sirviente más. Uno entre cientos. Pero mientras se ajustaba la túnica, una pregunta cruzó su mente: Séptimo rango. Concubino. ¿Cómo es que terminé haciendo trabajo de sirviente? ¿Quién decidió que no merecía ni siquiera el lugar más bajo del harén?

No tenía respuesta. Pero la pregunta quedó ahí, archivada, para cuando pudiera servir.

Perfecto.

 

El Salón de las Mil Velas era exactamente lo que su nombre prometía. Una sala inmensa, con techos abovedados tan altos que se perdían en la penumbra, y miles de velas flotando en lámparas de cristal que colgaban del techo como un cielo invertido. Las llamas bailaban reflejándose en los mármoles pulidos, creando un ambiente de sueño… o de pesadilla, según se mirara.

Kael entró detrás de Mira, cargando una bandeja de copas de plata. Iba vestido con el uniforme gris, la cabeza gacha, los hombros encogidos. Nadie lo miró. Nadie lo miraría.

Pero él miró todo.

Los nobles, arrodillados en filas según su rango. Los generales, con sus armaduras de gala. Los embajadores de provincias lejanas, con sus trajes exóticos y sus caras de circunstancias. Los eunucos de alto rango, apostados cerca del trono como cuervos en una rama. Y en el centro, sobre un estrado de mármol negro, el trono.

Y en el trono, Ethan.

Kael lo vio y, por un instante, su paso se detuvo. Mira le dio un codazo.

—No mires —susurró—. Ya te dije. No se mira.

Kael bajó la vista al instante. Pero la imagen ya estaba grabada.

Ethan era… imponente.

No era guapo en el sentido delicado de la palabra. No tenía la belleza etérea de las concubinas ni los rasgos afilados de los nobles de cuna, era otra cosa. Era una montaña. Un acantilado. Una tormenta con forma de hombre.

Alto. Ancho de hombros. El cabello oscuro, casi negro, ligeramente largo, cayendo desordenado sobre una frente despejada. La mandíbula marcada, cuadrada, con esa sombra de barba que delataba que llevaba horas sin afeitarse. Los ojos… no los había visto bien, solo un destello, pero ese destello era suficiente: oscuros, profundos, con algo en ellos que hacía querer mirar y al mismo tiempo apartar la vista por miedo a ser visto.

Vestía de negro y oro. Una túnica de batalla, no de ceremonia. Como si acabara de llegar del campo de entrenamiento y no hubiera tenido tiempo de cambiarse o como si le importara un carajo lo que los nobles pensaran de su vestimenta.

Kael siguió caminando, sirviendo copas, moviéndose entre la multitud como una sombra más. Pero su mente no dejaba de procesar.

Es joven, más joven de lo que imaginaba. Treinta y tantos. En forma. Esos hombros… debe entrenar todos los días. Y esa forma de sentarse, como si el trono fuera una silla cualquiera. Como si todo esto le aburriera.

Sirvió una copa a un embajador, otra a un general. Sus ojos, cuando nadie miraba, volvían al trono.

Exactamente el tipo de hombre con el que solía tratar, pensó. Poderoso. Atractivo. Acostumbrado a que le digan que sí a todo.

Y entonces, como un fogonazo, le vino un recuerdo de su vida anterior.

Tercer año de universidad. Una fiesta de fraternidad a la que había ido por invitación de un amigo. Y allí, en medio del jardín, rodeado de admiradoras y admiradores, el capitán del equipo de baloncesto. Un monumento de casi dos metros, piel morena, brazos que parecían esculpidos, sonrisa fácil y ojos que prometían noches enteras de olvido. No tenía dinero, eso lo supo en cuanto hablaron. Pero Angelo, el Angelo de entonces, aún no era el estratega frío que después sería. Todavía podía permitirse un capricho.

Se acostó con él esa misma noche.

Solo por el placer de hacerlo. Porque el chico era una tentación ambulante y porque, después de tantas noches de estrategia y cálculo, necesitaba recordar que también podía simplemente… desear.

El capitán de baloncesto, pensó Kael mientras servía otra copa. Menudo cuerpazo. Lástima que no tuviera un duro.

Sus ojos volvieron a Ethan, que en ese momento se inclinaba para escuchar algo que le decía un consejero. El movimiento hizo que la túnica se tensara sobre su pecho, marcando los músculos bajo la tela.

Pues mira, este sí tiene dinero. Y poder. Y un cuerpo que no le pide nada al capitán. Casi sonrió pero se contuvo a tiempo.

Definitivamente, esta vida no será tan mala.

Siguió sirviendo. La audiencia continuó. Ethan habló, dictó sentencias, recibió informes. Kael observó todo desde su posición invisible, archivando cada gesto, cada palabra, cada mirada del Emperador a los nobles, a los generales, a las concubinas que se apiñaban en un palco aparte.

Lyra estaba allí, radiante con un vestido azul. Sera también, más sobria, más oscura. Las dos miraban a Ethan de manera diferente: Lyra con hambre, Sera con cálculo.

Y Ethan no miraba a ninguna.

O eso le pareció a Kael. El Emperador parecía ausente, cumpliendo un trámite. Sus ojos recorrían la sala sin detenerse en nada ni en nadie. Como si todo aquello fuera un teatro y él el único espectador aburrido.

 

Cuando la audiencia terminó, los sirvientes recogieron las bandejas y las copas en un silencio eficiente. Kael ayudó a Mira a apilar la vajilla en los carros de servicio.

—¿Viste? —susurró Mira, lanzándole una mirada rápida—. ¿Todo bien? Nadie te miró, ¿verdad?

—Nadie —confirmó Kael en voz baja—. Fui invisible.

Mira asintió, aliviada, y volvió a su trabajo.

Pero mientras empujaba el carro hacia las cocinas, la mente de Kael seguía en el Salón de las Mil Velas. Seguía en el trono. Seguía en esos hombros, esa mandíbula, esa mirada perdida.

Atractivo, pensó de nuevo, muy atractivo. No me va a costar nada fingir. Y si además resulta que tiene conversación, mejor.

Un pensamiento incómodo cruzó su mente: ¿Y si no hace falta fingir?

Lo apartó al instante. Claro que hace falta fingir. Todo es fingir. Siempre.

Pero mientras entraba en las cocinas, mientras dejaba la bandeja y se limpiaba las manos en el delantal, una pequeña parte de él, una parte que creía muerta desde hacía años, susurró:

El capitán de baloncesto. Qué tiempos aquellos. Y sonrió. Una sonrisa pequeña, fugaz, que nadie vio pero existió.

 

La sonrisa se fue apagando poco a poco mientras caminaba hacia su habitación. Lo recordaba bien. El cuerpo perfecto, la noche de sexo salvaje, la sensación de haber conseguido algo que quería solo por capricho. Pero después… después siempre venía lo mismo.

El vacío.

Se había acostado con decenas de hombres en su vida anterior. Algunos por estrategia, otros por deseo, unos pocos porque simplemente le apetecía. Y después de cada encuentro, cuando el cuerpo se calmaba y la respiración volvía a su ritmo normal, siempre llegaba ese momento. Ese instante en que miraba al techo y pensaba: ¿Y ahora qué?

El hotel iba a llenar ese vacío, estaba seguro. Cuando tuviera el hotel, cuando fuera dueño de algo realmente suyo, cuando mirara desde la terraza y viera la ciudad a sus pies… entonces dejaría de sentirse vacío. Pero el hotel nunca llegó y ahora estaba aquí.

Kael apartó el pensamiento con la eficacia de años de práctica. No servía de nada mirar atrás, el pasado era un lastre, y él necesitaba ligereza para escalar. Esta vida es diferente, se dijo mientras subía los escalones de piedra hacia su diminuta habitación. Aquí voy a tenerlo todo. Poder, seguridad, un trono. Eso llenará cualquier vacío. Se tumbó en la estera y cerró los ojos.

Pero en algún lugar, muy dentro, una vocecilla que conocía bien susurró:

¿Seguro?

1
Maru19 Sevilla
Es un nido de víboras /Puke/
Claudia López Alfonso
😭😭
Más capítulos porfaaa
Claudia López Alfonso
Perfecto¡¡¡
Claudia López Alfonso
Soy algo nueva en la plataforma como puedo compartir la historia o algo así para darle visibilidad?
Claudia López Alfonso
Hay algo que no entiendo, quizás es una cuenta nueva no sé, por qué tiene tan pocos seguidores la autora?
Claudia López Alfonso: Eres buenísima me encanta esta historia, luego me iré leyendo todo lo que escribas👏👏No nos abandones
total 3 replies
Claudia López Alfonso
La información es poder, Karl va a necesitar más que sospechas para hundir a la Emperatriz
Claudia López Alfonso
/Whimper/por favor que Mira sea leal hasta el final de la historia
Claudia López Alfonso
Pero @Santy si deja de llamar a Lyra se pueden fijar en Kael, es mejor que todas sigan enfocadas en ella
Claudia López Alfonso
🥰fue mejor de lo que había imaginado
Claudia López Alfonso
👏👏me fascina esta historia, nada de omegas débiles y tontos, un prota inteligente y determinado, era algo que ya hacía falta. Además la narración está súper, lenguaje fácil y la cantidad justa de descripción /Ok/
Claudia López Alfonso
💑ay sí, ya quiero que se encuentren
Suge De Los Santos
Querida autora como tus lecturas fieles que somos nos merecemos un maratón 🤭 dios que buena está la novela, así que no es justo que solo nos de un capítulo por día 😭😭
Hanabi Montano: Veré que puedo hacer para complacerlos, estoy escribiendo dos novelas a la vez y eso lleva tiempo, no pensé que desarrollar una novela fuera tan complicado 😅, pero me esforzaré para no decepcionarlos 😁
total 3 replies
Mily \♥️/
AY! Y yo que pensaba que se casarían por fin 😾😭
Hanabi Montano: 😅 Ya Ethan tiene una emperatriz, Sera. Mientra ella siga en el juego no puede casarse con nadie más 🤷🏽‍♀️
total 1 replies
Mily \♥️/
QUEEE 😯😯😯
Maru19 Sevilla
Todas tus obras muy muy buenas 👏👏👏👏👏👏👏
Maru19 Sevilla
Yo creo que ya se enamoraron jiji🤭
Claudia López Alfonso: Tú sabes que sí
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Hasta se antoja!!!🤭🤭🤭🤭🤭
Maru19 Sevilla
Siiiiiiiii 👏👏👏👏👏
Santy
me estoy releyendo los capítulos. 10 de 10/Heart//Rose/
Santy
Que emociónnnn!!
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