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Justicia Y Amor.

Justicia Y Amor.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Malentendidos
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Entre rejas, mentiras y mafias, un hombre inocente lucha por recuperar su libertad mientras una abogada arriesga todo para demostrar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El pasado regresa.

El amanecer en New York llegó sin luz.

El cielo gris parecía pesar sobre la ciudad, como si compartiera el dolor de quienes luchaban por seguir en pie.

Dentro de Blackstone Prison, Valentino no había dormido.

No podía.

Las palabras de Isabella seguían repitiéndose en su mente como un eco interminable.

"Mi padre…"

"Te culparon…"

"Te condenaron…"

Se puso de pie lentamente.

Sus nudillos aún estaban marcados por el golpe al vidrio.

Pero el dolor físico… ya no importaba.

—Te lo dije —dijo Salvatore desde la sombra—.

—Confiar… siempre cuesta caro.

Valentino no respondió.

Se acercó a los barrotes.

Miró hacia el pasillo.

—No me arrepiento de confiar en ella.

Salvatore lo observó con atención.

—Eso es lo que te va a destruir.

Valentino giró lentamente.

—No.

Su voz era distinta.

Más firme.

Más fría.

—Lo que me destruyó… fue su mundo.

El silencio se hizo pesado.

—Y ahora —continuó Valentino—, voy a destruirlo yo.

Salvatore lo miró fijamente.

Después de aquella conversación, Valentino salió de la celda.

Caminaba por el pasillo junto a otros reclusos, pero sentía que algo no estaba bien, las miradas y el silencio hacían el ambiente tenso, demasiado tenso.

—No mires atrás —murmuró una voz baja a su lado.

Valentino reconoció la voz, era Salvatore.

—Sigue caminando.

Valentino obedeció.

—¿Qué pasa?

—Nos están midiendo —respondió el anciano.

El corazón de Valentino comenzó a latir más rápido.

—¿Otra vez?

—No.

Salvatore lo miró de reojo.

—Esta vez… no es advertencia.

El aire se volvió pesado.

—Entonces…

—Entonces es ahora.

Todo pasó en segundos, primero un hombre salió de la nada, luego fue otro y otro más, tres en total, no dijeron nada, no amenazaron, ni advirtieron, solo atacaban.

—¡Ahora! —gritó uno.

El primer golpe fue directo hacia Valentino, pero no llegó, pues Salvatore se interpuso.

Su bastón golpeó con precisión el brazo del atacante, se escucho un crujido seco, seguido de un grito fuerte.

—Detrás de mí —ordenó Salvatore.

Valentino retrocedió un paso.

El segundo hombre atacó con una navaja improvisada, sus movimientos eran rápidos y peligrosos, pero Salvatore los esquivó fácilmente.

El tercer hombre aprovecho que Salvatore estaba ocupado y logró empujar a Valentino contra la pared.

—Se acabó —gruñó.

Valentino apretó los dientes.

—Ni lo pienses, no caeré sin luchar.

Valentino golpeó con fuerza, directo al rostro del hombre, haciendo que esté retrocediera, mientras Salvatore giró y golpeó nuevamente con el bastón las piernas del segundo atacante, haciéndolo caer en seco.

—¡Valentino! Grito Salvatore como previniendo.

El joven reaccionó.

El tercer hombre volvió a lanzarse, pero esta vez Valentino no dudó, bloqueó, golpeó y empujo al hombre, este cayó en el piso con fuerza.

Los guardias llegaron gritando:

—¡ALTO!

Pero ya era tarde, había cuerpos malheridos en el suelo y nadie decía nada, los guardias los encerraron en sus celdas a todos.

De vuelta en la celda, Valentino respiraba con dificultad, sus manos temblaban, pero por dentro ardía.

—Aprendes rápido —dijo Salvatore mientras se sentaba.

Valentino lo miró.

—Esto no va a parar… ¿verdad?

El anciano negó lentamente.

—No.

El silencio cayó.

—Entonces dime la verdad.

Salvatore levantó la mirada.

—Toda.

El anciano lo observó por unos segundos.

Y luego…

decidió.

—¿Recuerdas el nombre que escuchaste?

—“Los Pantera” —respondió Valentino.

Salvatore asintió.

—Yo trabajé con ellos.

El mundo se detuvo.

—¿Qué?

—Hace muchos años.

—Antes de que todo esto pasara.

Valentino lo miró sin parpadear.

—¿Eras parte de ellos?

—Sí.

El silencio se volvió pesado.

—Entonces sabes quién hizo todo esto.

Salvatore bajó la mirada.

—No con exactitud.

—Pero sí sé cómo funciona.

—Y sé algo más.

Valentino se acercó.

—¿Qué?

El anciano lo miró directamente.

—No solo están afuera.

—También están aquí.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Valentino.

—¿Dentro de la prisión?

—Sí.

—Guardias.—Reclusos.—Contactos.—Todo está conectado.

Valentino apretó los puños.

—Entonces no tengo salida…

Salvatore negó.

—Sí la tienes.

El joven levantó la mirada.

—¿Cómo?

El anciano se inclinó hacia él.

—Conmigo.

—Salir de aquí no es imposible —dijo Salvatore—.

—Pero tampoco es fácil.

Valentino lo escuchaba con atención.

—Hay dos caminos.

—Legal… o ilegal.

Valentino respondió sin dudar:

—No tengo tiempo para lo legal.

Salvatore asintió.

—Lo imaginé.

El silencio se volvió estratégico.

—Hay un traslado en tres semanas.

Valentino frunció el ceño.

—¿Un traslado?

—Sí.

—Y ahí…—es donde entraremos nosotros.

El corazón de Valentino se aceleró.

—¿Escapar?

Salvatore lo miró fijamente.

—No. — más bien desaparecer.

El peso de la palabra quedó en el aire.

—Si sales como Valentino Rossi…—te van a matar. —Pero si dejas de existir… —puedes atacar.

Valentino respiró hondo.

—¿Y qué necesitas de mí?

Salvatore sonrió levemente.

—Que dejes de ser quien eras.

Valentino lo miró.

—¿Por qué me ayudas?

El anciano guardó silencio.

Por unos segundos.

Pero esta vez…

no evadió.

—Porque conocí a un hombre como tú.

Valentino frunció el ceño.

—¿Quién?

Salvatore lo miró con profundidad.

—Matteo.

—¿Qué? ¿Quién es Matteo?

—Hace muchos años… él también intentó salirse de ese mundo.

El aire se volvió denso.

—Y si él está involucrado ahora… —es porque esto es más grande de lo que imaginas.

Valentino sintió que todo comenzaba a conectarse.

—Entonces… no es casualidad.

—No —respondió Salvatore—Nada de esto lo es.

Mientras tanto en la ciudad, en una habitación oscura, Matteo limpiaba la sangre de su rostro frente a un espejo roto.

Cada movimiento era lento y doloroso, pero su mirada seguía firme.

La puerta se abrió, dejando entrar a Luca.

—Deberías estar descansando. Dijo Luca

Matteo soltó una leve risa.

—Eso hago hijo.

Luca negó.

—Casi te matan papá.

—Casi —repitió el anciano.

El silencio se instaló.

—No eran cualquiera —dijo Luca.

—Lo sé hijo.

—Entonces esto es más grande de lo que creíamos, verdad.

Matteo dejó el paño sobre la mesa.

—Siempre lo fue, hijo mío.

Luca lo miró.

—Papá…

—¿Qué no me estás diciendo?

El anciano lo observó por un largo momento.

Y luego habló.

—Ese nombre… “Los Pantera”…

Luca se tensó.

—¿Qué pasa con ellos?

Matteo bajó la mirada.

—No son nuevos.

El silencio se volvió denso.

—Yo los conocí… hace muchos años.

Luca frunció el ceño.

—¿Qué dices papá, esto debe de ser una broma?

—Antes de que tú nacieras, trabajé con ellos.

La revelación cayó como un golpe.

—¿Qué…?

—No era el hombre que ves ahora —continuó Matteo—.

—Hice cosas…—Cosas que no puedo borrar.

Luca no podía creerlo.

—Entonces… ¿todo esto…?

—Es mi pasado alcanzándome.

El silencio se volvió insoportable.

—Y ahora… —dijo Matteo—También los alcanzó a ustedes.

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