NovelToon NovelToon
Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Cruzar el umbral de la mansión Valenti fue como entrar en una de esas películas de época que ponen los domingos por la tarde cuando no hay luz en el barrio, pero sin palomitas, con el aire acondicionado a nivel de congelador y una presión que me hacía sentir como si llevara un yunque en cada hombro. Si el apartamento de lujo donde vivía con Elizabeth era el paraíso, esto era el Olimpo, pero un Olimpo lleno de dioses que te miraban con ganas de lanzarte un rayo si te equivocabas de tenedor.

Los techos eran tan altos que daban vértigo, decorados con frescos de ángeles que parecían juzgarte desde las alturas. Había estatuas de mármol en cada esquina que te miraban de reojo, como si supieran perfectamente que ese traje sastre azul marino que yo llevaba era prestado por el armario de mi hermano y que mis zapatos brillaban más por el betún que por la calidad del cuero. El silencio en los pasillos pesaba más que un bulto de cemento en el muelle de Haina; un silencio aristocrático que solo se rompía por el eco de mis propios pasos, que sonaban demasiado fuertes, demasiado "de barrio" para ese suelo de terrazo pulido.

Alessandra me esperaba en el gran salón, de pie junto a una chimenea que no tenía fuego pero que irradiaba una autoridad gélida. Estaba vestida con un traje sastre gris perla que gritaba "millonaria" por cada costura invisible. Al verme llegar, sus ojos grises me escanearon con la precisión de un láser. Se acercó a mí con pasos felinos y, sin decir palabra, me ajustó el nudo de mi corbata con una fuerza que casi me deja sin aire, obligándome a mirarla de frente.

—Recuerda —susurró tan cerca de mi oído que su fermonas de jazmín y sándalo me mareó un poco—, hoy no eres Alismeidy la que maneja el Rolls-Royce. Hoy no eres la Alfa que se come un pica-pollo en la esquina. Hoy eres Alismeidy Damiron Sánchez, la brillante graduada en Administración de la Universidad Luiss Guido Carli, mi mano derecha estratégica y la mujer que me robó el corazón en un seminario de finanzas internacionales en el Caribe. Si abres la boca para decir un "¡Concho!", un "¡Diantre!" o un "¡Qué lo qué!", estamos muertas antes de que sirvan la entrada.

Yo tragué seco, sintiendo el nudo de la corbata como una soga, pero saqué esa casta de tiguere que uno desarrolla cuando tiene que convencer al cobrador de la luz de que ya pagó.

—Relájate, jefa —le contesté bajito, tratando de que no se me notara el temblor en las canillas—. Yo he visto a mi hermano Junior envolver a doña Sonia con cuentos de camino que ni en los libros de Gabriel García Márquez. La sangre de estafador sentimental y negociante de barrio corre por mis venas. Yo te armo este muñeco, le pongo luces y hasta el gato de la casa se lo cree. Usted solo sígame el ritmo.

Entonces, las puertas dobles de roble se abrieron y apareció él.Don Vittorio Valenti. Era un Alfa puro de la vieja escuela, de esos que caminan como si la tierra les pidiera permiso para girar sobre su eje. Tenía el pelo completamente canoso, peinado hacia atrás con una precisión militar, y una mirada que parecía un escáner de aeropuerto diseñado para detectar mentiras y debilidades. Su presencia hacía que el aire en la habitación se volviera más denso, más difícil de respirar. A su lado, caminaba su esposa, doña Isabella, una mujer elegante, de piel tensa por las cirugías y una expresión de constante desaprobación, como si no hubiera probado un buen mangú con cebollitas en toda su bendita vida.

—Así que esta es la mujer que ha distraído a mi hija de sus deberes dinásticos —dijo Vittorio con una voz profundo que retumbó en las paredes de mármol, haciendo vibrar las copas de cristal de una mesa cercana.

Yo sentí un frío que me recorrió la columna, pero recordé que en el barrio, al que más grita es al que menos hay que bajarle la cabeza. Saqué pecho, puse mi mejor cara de "gente fina y educada" y le extendí la mano con una firmeza absoluta, tal como me enseñó Don Ramón para cerrar negocios de motores en el callejón.

—Es un placerlo al fin, Don Vittorio. Alismeidy, a sus órdenes —dije, manteniendo el contacto visual, aunque por dentro estuviera pidiendo perdón a todos los santos—. Alessandra me ha hablado mucho de usted y el peso representa en esta familia. Es un honor para mí estar sentado en su mesa esta noche.

Vittorio no soltó mi mano de inmediato. Me la apretó, analizando la callosidad de mis palmas, buscando quizás el rastro del volante del Rolls-Royce. Sus ojos eran como dos cuchillos de caza.

—Mmm... —gruñó el viejo, finalmente soltándome—. Alessandra dice que fuiste la mejor de tu promoción. Que manejas las finanzas con una "agresividad caribeña" poco común en estos lares europeos donde todos temen al riesgo. Cuéntame, Alismeidy, ya que estás aquí... ¿qué opinas del comportamiento volátil del mercado de valores europeo frente a la crisis energética actual? ¿Crees en la diversificación en mercados emergentes o prefieres la seguridad de los bonos alemanes?

¡Ay, mi santa madre! ¡Ahí me tiró la primera granada de fragmentación y yo sin chaleco antibalas! Yo de valores solo sabía el valor de la libra de arroz y el precio del galón de gasolina cuando subía los viernes. Pero en ese momento, una chispa de genialidad —o de pura desesperación— se encendió en mi cabeza. Me acordé de un documental de National Geographic sobre tiburones que vi una vez y de los cuentos de Junior sobre cómo "marear" a las doñas con palabras técnicas.

—Mire, Don Vittorio —empecé, gesticulando con las manos con una elegancia impostada, como si estuviera dando una conferencia en la Sorbona—. El mercado europeo actual es como un mar picado en plena temporada de huracanes. Usted sabe que nosotros en el Caribe sabemos leer las olas antes de que rompan. Ahora mismo lo que hay es mucha incertidumbre, mucha "espuma" especulativa que asusta a los flojos. Pero debajo, en la profundidad, hay una corriente sólida. Lo que se necesita no es más análisis frío, sino una administración con "swing", con movimiento, que sepa cuándo tirar la red de la inversión y cuándo esperar a que pase la tormenta en el puerto. Eso fue lo que estudiamos a fondo en mi tesis de grado antes de graduarme con honores. La agresividad no es falta de prudencia, es exceso de visión.

Alessandra me miró de reojo, con la boca ligeramente abierta, sorprendida de que yo no estuviera diciendo una caballada de dimensiones épicas. El viejo Vittorio se quedó callado un segundo, acariciándose la barbilla, y luego soltó un asentimiento corto. Estaba medio convencido, o al menos, lo suficientemente intrigado para no echarme a patadas todavía.

Un sirviente vestido de frac y con guantes blancos anunció que la cena estaba servida. Al entrar al comedor, casi me da un síncope. La mesa era tan larga que si yo quería pasarle el salero a Vittorio, probablemente necesitaba un carrito de golf o un dron de entrega. Y los cubiertos... ¡Dios mío! Había más cubiertos alineados que herramientas en el taller de mecánica de "El Cojo" en mi barrio. Había tres tenedores a la izquierda, dos cucharas arriba, tres cuchillos a la derecha y unas pinzas que parecían para sacar muelas pero que seguramente eran para caracoles.

Me senté frente a Alessandra, sintiendo que una gota de sudor frío me bajaba por la espalda, justo por el medio de la columna. Mi cerebro gritaba: "¿Cuál cojo primero? ¿El chiquito de la orilla o el grande del medio? Si cojo el de los postres para el pescado, este viejo se va a dar cuenta de que mi único título es en 'Supervivencia Avanzada en el Barrio' y 'Manejo de Crisis de Cuartos'".

Vi que Alessandra, con la calma de quien ha nacido entre sábanas de hilo, cogía el tenedor que estaba más hacia afuera. Yo, como si fuera su sombra o un espejo de feria, hice exactamente lo mismo con una lentitud calculada. Ella cortaba el salmón con una delicadeza extrema, casi sin tocar el plato; yo trataba por todos los medios de no hacer sonar la porcelana, porque en esa casa el sonido de un tenedor chocando con el plato sonaba como una campana de iglesia en domingo. Cada vez que ella llevaba un bocado a la boca, yo contaba mentalmente tres segundos y repetía el movimiento. Era una coreografía de mimos de alto riesgo, donde el premio era no ser descubierta y el castigo era perder a mi hijo.

—Y dígame, Alismeidy —soltó la madre de Alessandra, doña Isabella, mientras limpiaba sus labios con una servilleta que costaba más que mi televisor—, ¿cómo fue exactamente que mi hija, que siempre ha sido tan... selectiva y reservada con sus afectos, cayó ante sus encantos caribeños? Porque Alessandra nunca nos habló de usted hasta hace apenas unos días.

Ahí entró el entrenamiento intensivo de Junior. Recordé cómo mi hermano le describía sus "encuentros fortuitos" a las doñas ricas para que soltaran el dinero con una sonrisa en la cara. Puse voz de locutor de baladas románticas de los años 80 y bajé el tono, como si estuviera revelando un secreto de estado.

—Fue un choque de trenes, doña Isabella —dije, mirando a Alessandra con una ternura que me salió del fondo del alma (porque en realidad estaba pensando en Elizabeth)—. Alessandra estaba dando una charla magistral sobre macroeconomía en la universidad y yo, que siempre he tenido ese espíritu rebelde que nos caracteriza a los dominicanos, le hice una pregunta que la puso a pensar. Hubo una chispa inmediata, usted sabe, esa química que no se enseña en los libros de texto. Empezamos a discutir sobre la inflación en mercados emergentes y terminamos hablando de la vida frente a un café que se enfrió tres veces porque no podíamos dejar de mirarnos. La determinación de su hija es lo que me cautivó. En mi tierra decimos que ella es una "Omega con alma de Alfa", y eso es algo que respetamos y valoramos por encima de cualquier título nobiliario.

Vittorio soltó una carcajada súbita que casi rompe las copas de cristal de bohemia.

—¡Agresividad caribeña y poesía de cafetín! Me gusta. Tienes fuego en la sangre, muchacha, y eso es lo que le falta a estos aristócratas italianos que parecen hechos de pasta hervida.

****************

Pero no todo iba a ser risas. En la mesa también estaba el hermano menor de Alessandra, Marco, un Alfa de unos 22 años que manejaba la parte tecnológica y de ciberseguridad de la familia Valenti. Estaba acompañado por su esposa, una Omega preciosa y menuda que la familia le había elegido mediante un contrato de negocios, pero a diferencia de lo que yo esperaba de un matrimonio arreglado, se veían genuinamente enamorados, o al menos muy bien compenetrados. Marco me miraba con una sospecha que me erizaba los pelos de la nuca, como si estuviera buscando la costura deshilachada de mi mentira con un microscopio.

—Todo esto suena muy romántico, casi como una novela de televisión —dijo Marco, limpiándose la comisura de la boca con una servilleta de lino—, pero mi padre es un hombre de realidades, no de poemas. La fusión estratégica con la familia Rossi, que nos daría el control del puerto de Génova, dependía enteramente de una boda de Alessandra. Si mi hermana decide romper ese trato de años por ti, la familia Valenti pierde una alianza que vale miles de millones. Así que... si el amor es tan grande y tan real, ¿cuándo será la boda? Porque si es por pasión, no hay razón para esperar. Queremos ver los papeles firmados.

El comedor se quedó en un silencio sepulcral. Alessandra me miró fijamente. Yo sentí que el tiempo se congelaba, que el aire acondicionado se apagaba y que el mundo entero se detenía en ese instante.

—En una semana —soltó Alessandra con una seguridad que me dejó helada, sin un ápice de duda en su voz—. Ya tengo todo coordinado en secreto. Las flores, el catering de autor, la seguridad privada. Nos casaremos el próximo sábado en la capilla privada de nuestra finca en el lago de Como. Será íntimo, legal y definitivo.

—¡¿Una semana?! —el grito se me quedó atorado en la garganta, quemándome como un trago de ron barato. ¡Ay, mi santa madre! ¡Elizabeth me va a arrancar la cabeza con sus propias manos cuando se entere!

Continuará....🔥

No olvides dejar tu ❤️ y decirme qué opinas....

1
Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play