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Fingimos Ser Nosotros Mismos

Fingimos Ser Nosotros Mismos

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Malentendidos / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:772
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.

Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 17

Un jueves por la tarde, estaba en mi despacho revisando los diseños de la nueva plataforma para creadores jóvenes cuando Valen entró corriendo, con una sonrisa enorme en la cara.

“¡Luna! ¡Tienes que ver esto!” dijo, mostrándome su móvil. “La revista ‘Tecnología y Emprendimiento’ te ha elegido como una de las cincuenta mujeres más influyentes del sector en España. ¡La entrevista sale la semana que viene!”

Me quedé sin aliento, mirando la pantalla de su móvil con incredulidad. Nunca había imaginado que llegaría a este punto – que su trabajo sería reconocido a nivel nacional.

“¿De verdad?” pregunté con voz temblorosa.

“¡Claro que sí!” respondió Valen, abrazándome con fuerza. “Te lo mereces, mija – has trabajado duro y has cambiado la vida de muchas personas.”

Ese mismo día por la tarde, Gael vino a buscarme a la oficina para ir a cenar juntos. Cuando se enteró de la noticia, me cogió en sus brazos y me dio un beso apasionado en medio del despacho, sin importar que mis compañeros nos vieran.

“¡Mi chica es una estrella!” dijo con una sonrisa que iluminaba su rostro. “Te lo dije – tu trabajo es increíble y el mundo tenía que enterarse.”

“Gracias a ti”, respondí, acariciándole la mejilla. “Si no me hubieras apoyado, si no me hubieras enseñado que la tecnología puede ser un arma para el bien, nunca habría llegado hasta aquí.”

Gael me cogió la mano y nos dirigimos hacia la salida.

“Para celebrarlo”, dijo, abriéndome la puerta del coche. “He reservado una mesa en ese pequeño restaurante de tapas que te gusta tanto en la plaza de Santa Ana.”

Mientras conducíamos por las calles de Madrid, me sentía en las nubes. Había conseguido lo que siempre había soñado – ser reconocida por su trabajo, tener un amor que la apoyaba en todo y una familia que la quería. Cuando llegamos al restaurante, encontramos una mesa en la terraza, con velas encendidas y un ramo de flores amarillas – mis favoritas – en el centro.

“¡Qué bonito!” dije, sentándome con una sonrisa. “¿Cómo hiciste esto tan rápido?”

“Tengo mis maneras”, respondió Gael con una sonrisa cómplice. “Además, ya sabía que te iban a elegir – siempre he creído en ti.”

Mientras cenábamos tapas y bebíamos vino tinto, Gael me contó sobre un nuevo proyecto que estaba preparando en SecureTech.

“Queremos crear una plataforma global para proteger los datos de los creadores digitales”, dijo, tomando un sorbo de vino. “Muchos jóvenes empiezan en las redes y no saben cómo proteger su trabajo, sus datos personales. Queremos darles las herramientas que necesitan para trabajar en paz.”

“¡Me encanta la idea!” respondí. “Podríamos colaborar con ellos desde VerdeFuturo – crear cursos de formación, diseñar la interfaz de la plataforma… sería perfecto.”

“Eso es justo lo que pensé”, dijo Gael, cogiendo mi mano bajo la mesa. “Quiero que trabajemos juntos en esto – tú con tu creatividad y yo con mi experiencia en seguridad. Juntos podemos hacer algo realmente grande.”

Después de cenar, Gael nos llevó a un lugar que no conocía – un antiguo cine convertido en un espacio de arte digital. Cuando entramos, encontramos una exposición de instalaciones luminosas que cambiaban de forma y color según la música que sonaba en el fondo.

“¿Qué es esto?” pregunté, maravillada.

“Es una exposición de un grupo de jóvenes creadores que conocí en una de las jornadas”, respondió Gael. “Me dijeron que querían agradecerme todo lo que hemos hecho – y también a ti. Han dedicado una de sus instalaciones a ti.”

Nos dirigimos hacia el centro de la sala, donde había una gran instalación de luces que formaba circuitos electrónicos que se convertían en flores – igual que mi anillo. En la pared detrás, había un letrero luminoso que decía: “A Luna – quien nos enseña que la tecnología puede tener corazón”.

Me quedé mirándolo, sin poder contener las lágrimas de emoción. Gael se acercó a mí y me cogió en sus brazos, mientras los creadores se acercaban para saludarnos y agradecernos por la oportunidad que les habíamos dado.

“Esto es lo que realmente importa”, dijo Gael en mi oído. “No los premios ni las reconociciones – sino saber que estás cambiando la vida de las personas.”

A la semana siguiente, la entrevista en la revista salió a la luz. En ella hablé de mi camino hasta llegar aquí, de la importancia de apoyar a las mujeres en la tecnología, de nuestros proyectos en VerdeFuturo y de las jornadas de “Tecnología con Causa”. En cuestión de horas, el artículo se había vuelto viral, y empezaron a llegar mensajes de jóvenes de todo el país que me decían que yo les había dado esperanza.

Un día después de que saliera la entrevista, recibí una llamada de una empresa de tecnología de Estados Unidos – querían que les ayudara a diseñar la interfaz de una nueva app para empoderar a mujeres jóvenes en todo el mundo. Me quedé sin aliento cuando me ofrecieron el trabajo – era la oportunidad de mi vida, de llevar mi trabajo a nivel internacional.

Pero también me sentí nerviosa. El proyecto implicaría estar fuera de España durante tres meses, trabajando en su oficina en San Francisco. No quería separarme de Gael durante tanto tiempo, ni dejar mis proyectos en VerdeFuturo.

Ese mismo día por la noche, le conté la noticia mientras cenábamos en casa. Gael se quedó en silencio por un momento, pensativo, y luego me miró a los ojos.

“Esta es una oportunidad increíble, mi amor”, dijo con voz seria. “Tienes que aceptarla – no puedes dejar pasar una oportunidad como esta.”

“Pero ¿y tú? ¿Y la boda? ¿Y nuestros proyectos juntos?” pregunté, con la voz llena de preocupación.

“La boda se puede esperar un poco”, respondió Gael, cogiendo mi mano. “Y nuestros proyectos seguirán ahí cuando vuelvas – incluso podríamos trabajar juntos desde distancia. Lo importante es que sigas creciendo, que sigas cumpliendo tus sueños. Yo estaré aquí, esperándote – siempre estaré aquí.”

Me sentí emocionada, agradecida de tener a alguien que me apoyara en todos mis sueños, sin importar lo lejos que tuviera que ir.

“¿De verdad crees que debería ir?” pregunté.

“Claro que sí”, respondió Gael, dándome un beso suave en los labios. “Tú eres capaz de grandes cosas, Luna. El mundo entero tiene que conocer tu talento.”

Al día siguiente, llamé a la empresa y acepté el trabajo. Estaría en San Francisco durante tres meses, empezando en dos semanas. Los días siguientes estuvieron llenos de preparativos – organizar el departamento de diseño para que funcionara sin mí, hablar con Sol sobre los proyectos que dejaría pendientes, preparar las maletas y decirle adiós a mis amigos y familiares.

El día de mi partida llegó más rápido de lo esperado. Gael me acompañó al aeropuerto, con la mano entrelazada con la mía y una expresión triste en la cara, aunque intentara sonreír.

“¿Prometes llamarme todos los días?” preguntó, mientras esperábamos la llamada para abordar.

“Todos los días”, respondí, abrazándolo fuerte. “Y te enviaré fotos de todo – de la ciudad, de la oficina, de los proyectos que esté haciendo.”

“Y yo te enviaré fotos de las preparativos de la boda”, dijo Gael, sonriendo. “La abuela ya está preparando las flores, y mi madre está haciendo el vestido de novia con la modista que tú elegiste.”

Me sonrojé y le dije:

“Quiero que me ayudes a elegir todo – aunque esté aquí. Quiero que nuestra boda sea de los dos.”

“Claro que sí, mi amor”, respondió Gael, dándome un beso largo y apasionado. “Aunque estés a miles de kilómetros de distancia, estarás siempre conmigo – en mi corazón.”

Cuando sonó la llamada para abordar, me abracé una vez más a Gael, no queriéndome separar de él.

“Te quiero más que nada en el mundo”, le dije con voz emocionada.

“Yo también te quiero, Luna”, respondió Gael, acariciándome la cara. “Vuelve pronto – te espero.”

Subí al avión con lágrimas en los ojos, mirando cómo Gael se alejaba hasta desaparecer de vista. Sabía que los próximos tres meses serían difíciles, que extrañaría a mi familia, a mis amigos y sobre todo a Gael. Pero también sabía que esta era la oportunidad de mi vida – la oportunidad de hacer una diferencia en el mundo, de demostrar que las mujeres podemos llegar muy lejos en el mundo de la tecnología.

Mientras el avión despegaba y la ciudad de Madrid se convertía en un pequeño punto en el horizonte, cerré los ojos y pensé en todo lo que había conseguido – en el niño que soñaba con crear cosas hermosas, en la joven que luchaba por encontrar su lugar en el mundo, en la mujer que ahora tenía la oportunidad de cambiar el mundo. Sabía que el camino seguiría siendo difícil, que habría más obstáculos y desafíos por delante. Pero también sabía que tenía a Gael de su lado, que tenía un amor que la hacía fuerte y un propósito que la llenaba de esperanza.

Había hackeado su camino hasta el éxito, pero lo que realmente importaba era que había hackeado el corazón de la persona que más quería en el mundo – y ese era el mayor logro de todos.

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