La noche en que debe morir, Angela descubrirá que en brazos de la muerte se puede aprender a vivir.
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Aquí es donde nuestro viaje empieza.
Giro mi mano y entrelazo mis dedos con los suyos; el miedo desaparece, es curioso que la mano de aquel extraño sea más efectiva que un calmante de los que usualmente tomo.
Una vez el avión alcanza la altura adecuada, me atrevo a girar mi rostro y me quedo pasmada ante la imagen de aquel hombre.
Intento decir algo, pero las palabras no me salen.
— ¿Se encuentra mejor? — No respondo, solo me pierdo en el color gris de sus ojos, son algo hipnotizante.—
— Yo... yo lo conozco. — Me atrevo a decir aún en estado de Shock. Él no lo niega, pero tampoco lo corrobora.
— ¿Podría decirme de donde me conoce? — Su voz es profunda y muy varonil, igual a como la escuché en medio de aquella pesadilla.
Pienso en responder, pero ¿cómo le dices a alguien que lo conociste en medio de una pesadilla donde él fue tu salvador, sin que te tilde de loca? Después de todo, no creo que la muerte necesite tomar un vuelo para movilizarse de un lugar a otro.
— Disculpe, debo haberlo confundido con alguien más.
— Como yo no hay dos. — Lo detallo y confirmo que tiene la razón. Su mirada es fría y sin expresión, Su rostro es perfecto, me atrevo a recorrer con mis ojos su cuerpo y nunca había visto uno igual.
— ¿Ha terminado su escrutinio?, o ¿le llevará más tiempo?
— Lo lamento, no quería incomodarlo. — Intento callar, pero hay tantos interrogantes. — ¿Cuál es su nombre? — Pienso en tenderle mi mano derecha y es justo entonces que me percato de que aún no lo suelto, es más, no he dejado de ejercer presión sobre la suya. — Perdón, no suelo tomar la mano de los desconocidos; es solo que tenía... — Pienso antes de decir la palabra miedo.
— ¿Miedo?
— Yo diría fobia. — Sonrío, pero él parece aburrido, o sin ningún interés en seguir la conversación. Voy a soltar su mano, pero ahora es él quien no me lo permite. — ¿Cuál es su nombre? — Pregunto una vez más.
— Mikha'el.
— ¿Mikha'el? No lo había escuchado antes.
— Es de origen hebreo, en latín, Miguel.
— ¿Cuántos años tiene?
— ¿Siempre interroga a sus compañeros de vuelo?
— No, solo a aquellos con los que hago un pacto. — Sonrío más relajada, no puedo ser tan paranoica de pensar que él viene del mundo de los sueños para tomar un vuelo conmigo.
— Que bueno que sea consciente de nuestro pacto, eso nos evitará problemas a futuro. — Cierra los ojos y se acomoda sobre el asiento, por lo que asumo que está dando nuestra conversación por terminada, y yo con tantas preguntas en mente.
Observo su mano entrelazada con la mía, su tacto es firme, de esos que te hacen sentir segura y protegida, es algo que nunca antes había sentido, solo con papá, y es una protección fuerte, pero distinta, no sabría explicar.
Observo su perfil, su rostro es perfecto y aun cuando usa chaqueta, su cuerpo le hace mérito a su cara.
Me quedo pensando si es posible soñar con alguien que jamás has visto y que esta persona exista.
No tardamos mucho en hacer la primera y única escala, que es en Bogotá, aeropuerto el dorado. De ahí voy rumbo a mi destino, Montreal.
— Acércate. — Me dice sin abrir los ojos. — Es hora de aterrizar. — Me pregunto ¿cómo rayos lo sabe?, si aún el personal de vuelo no da aviso, yo voy junto a la ventanilla y él no ha abierto los ojos para nada. — He dicho que te acerques. — Está vez habla en forma demandante, y si fuese otra la circunstancia lo mandaría al demonio, pero cualquier cosa es mejor que la angustia que viene a continuación. Hago lo que me dice y acerco mi rostro a su brazo. Su aroma me embriaga, esto no es normal, es como si estuviese dopada, de él brota un olor exquisito, conozco las mejores fragancias masculinas que puedan existir, mi padre siempre ha usado las mejores, pero esta no, es dulce, pero muy masculina, no sé en que momento, pero mis pensamientos se quedan en blanco, solo somos él y yo... — Hemos llegado. — Avisa Mikha'el. Abro los ojos y en efecto Los pasajeros en su mayoría han descendido. Estoy segura de que no me dormí, pero, ¿por qué no me percaté de lo que sucedía a mi alrededor?
Ambos bajamos, él me ayuda con la maleta de mano, una vez fuera de la pista, acaricio mis brazos, estoy acostumbrada al calor de la costa, a la brisa y el mar, Bogotá es lo opuesto. Es hermosa, pero un paisaje y piso térmico totalmente distintos.
— Creo que aquí es donde nos despedimos. — Le sonrío mientras Pronuncio estas palabras y no sé por qué un vacío se instala en mi pecho. — Gracias por todo, Mikha'el. Eres alguien muy... peculiar, pero me agradas.
— Te equivocas, Ángela de la Torre, aquí es donde nuestro viaje empieza y no me refiero al vuelo. — Se quita su chaqueta y queda solo con la camiseta negra que trae debajo. Dejando al descubierto sus muy bien definidos brazos.
No me asombra el que sepa mi nombre, me pasa con frecuencia.
— No te entiendo, pero será mejor que no confundas las cosas, agradezco lo que has hecho por mí, pero soy una mujer comprometida. — Le dejo ver mi anillo.
— ¿Por qué me agradeces? ¿Es por lo de hoy? — Sus preguntas me dejan fuera de base. — Toma, la vas a necesitar. — Me tiende la chaqueta y yo la recibo confundida. Cuando reacciono ya no está, miro en todas las direcciones, pero no lo encuentro.
Voy a la cafetería y bebo un café, al ser de Colombia, es definitivamente el mejor del mundo; su olor, sabor, simplemente exquisito. Entre el café y el calor que me ayuda a conservar la chaqueta, me siento feliz.
La hora de abordar nuevamente llega, busco mi lugar, ahora en primera clase, esta vez no tengo ningún inconveniente.
Antes de sentarme, miro en todas las direcciones buscándolo con la mirada, suspiro desanimada al no encontrarme con el dueño de los ojos grises, talvez sea lo mejor. Me ubico en mi cómodo y reclinable asiento, en el que pasaré las próximas horas; saco los auriculares, y coloco algo de música, con eso busco olvidar que pronto vamos a despegar. Decidí no buscar calmantes, deseo saber si ya logré superar mi temor.
desgraciadamente mis padres siempre me hicieron ver y sentir que yo solo fui la causante de su casamiento.ya que aunque soy la única hija mujer jamás me brindaron amor o cariño.. a mis hermanos varones si..
y es el caso que ahora a mis 36 años y ellos ya separados, mi madre me dijo que para ella yo estoy muerta... y mi papá por su parte cambio el número y desapareció, me dió vuelta la cara cuando más lo necesite... en fin...me siento abortada a mis 36 años