Abigail, una mujer deshecha tanto física como mentalmente, reencuentra a la persona que la hará renacer.
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# 9
¿Es todo lo que necesitas?- Dijo cuando íbamos a pagar.
- Si, con esto es suficiente.- Tampoco quería abusar de su amabilidad.
- Entonces vamos a comer, tengo hambre.-
- Yo también, siento un hueco, que pienso llenar con comida.- El se rió de mi.
Cargo mis bolsas y decidimos comprar una hamburguesa. Tal vez no era muy sano, pero ahora, eso era lo que menos me preocupaba.
Todo se volvió más relajado nuevamente. Hablamos otra vez, como si no hubiera problemas. Terminamos y nos subimos al coche. Estaba cansada y solo quería darme un baño.
Estábamos entrando, cuando Aaron, recibió una llamada. Me indicó que siguiera y el se quedó afuera.
Después de 5 minutos, entro bastante molesto.
- ¿Todo en orden?- Le pregunté.
- Más o menos, me llamo tu marido, exigiendo que regreses o me va a destruir. ¿Cómo pudiste casarte con ese imbécil?-
- Lamento los problemas. Será mejor que me vaya a otro lado. Lo siento en verdad.- Me levanté y me dispuse a ir por mis cosas.
- Deberías dejar de disculparte por todo. Aquí el del problema, es el. Se siente acorralado, por la investigación que se está efectuando en su contra. Si alguien debe tener miedo, es el, no tú.-
Se levantó y acortó la distancia que nos separaba. Me abrazo y así me sostuvo, por unos segundos.
- ¿Que es lo que hizo para romperte el alma?-
- Rompió mis sueños me hizo sentir que no valgo. Además de que ya no puedo sentir nada, ni dolor, ni alegría, mucho menos amor, no puedo llorar ni reír. Es como si me hubiera matado por dentro.- Me aleje de su abrazo, al darme cuenta que hable demasiado. Es solo que, con el era fácil hablar.
- Lo vamos a refundir en la cárcel, de eso puedes estar segura.-
No sabía que contestar, así que cambie de tema.
- Estoy muy cansada, voy a tomar un baño.-
- Está bien.-
Me encerré en la habitación, con el corazón desbocado, prácticamente, habíamos iniciado una guerra. Solo esperaba que Aaron, fuera casi tan poderoso como Samuel.
Cuando salí del baño, me puse, la ropa que compramos, me sujete el cabello en una coleta y al verme al espejo, parecía la misma chiquilla, enamorada de su vecino. En este punto de mi vida, añoraba esa vida, donde los únicos problemas, eran, que solo podía amarlo en silencio.
Salí del cuarto y el estaba sentado en la sala, con la cabeza recostada, los ojos cerrados y una computadora portátil en sus piernas.
Me acerque al refrigerador, sin hacer ruido y me servi un vaso de leche. Apenas lo había probado cuando si voz me asustó.
- Pareces una niña, robándose las galletas.-
- No quería despertarte.- Casi me ahogó.
- ¿Tienes hambre?- Se levantó y se sentó cerca de mí.
- No, la hamburguesa, era demasiado grande. ¿Quieres que te prepare algo de cenar?-
- No, yo también estoy bien. ¿ Ya vas a dormir?-
- Si, estoy muy cansada y me voy a acostar temprano.- Le mentí, la verdad, no tenía sueño, pero no quería que nos quedaramos dormidos otra vez.
- Bien, voy a terminar esto y tomaré una ducha
Descansa.- Había algo de desilusión en su mirada. Se veía tan lindo, pero no iba a flaquear, no quería problemas también con su prometida.
Me fui a mi habitación y me acosté. A pesar que me sentía inquieta, me quedé dormida casi de inmediato, tal vez era porque llevaba días sin dormir bien.
Estaba parada en una especie de bosque, estaba muy oscuro, pero alcanzaba a distinguir como las ramas y hojas se movían fuertemente con el viento. Sentía mucho frío y solo llevaba un camisón, al caminar, sentía el crujir de las hojas. Escuché la voz de Samuel, gritando, quería que regresará, el viento soplo más fuerte, hasta que se hacía imposible distinguir entre la voz y el viento. Todo al rededor, se puso negro, solo había oscuridad, hasta que llegó a mis pies y caí sin saber a dónde.
- Aby... Aby, despierta, es una pesadilla. Aquí estoy. Por favor, abre los ojos.-
Desperté y mi respiración era agitada.
- No me dejes sola, por favor.- Me levanté y lo abracé.
- Tranquila, no te volveré a dejar.- Acariciaba mi cabello con ternura. Tenía el cabello mojado y olía a jabón.
Tenía puesto un short deportivo y una camiseta, se acostó a mi lado sin dejar de acariciar mi cabello.
-¿Ya te sientes mejor?-
- Si, es que me sentí pérdida por un momento.- Tal vez quería irse a su cuarto. - Ya estoy mejor. Puedes irte a descansar, lo siento.-
- ¿Estás segura?-
- Si, de verdad estoy bien. Gracias.-
Se levantó sin voltear a verme. Al llegar a la puerta dijo, dándome la espalda:
- Tu siempre fuiste algo muy especial para mí. Primero eras una compañera, a quien apoyaría por sobre todas las cosas... Pero el día del baile. Me di cuenta que no te quería como una amiga...-
Cerro la puerta tras el. Me acosté con sus palabras resonando en mi cabeza. Me quedé así por un rato, dando vueltas en la cama. Después de mucho pensarlo, tomé una decisión, yo tampoco lo había querido como un amigo. Quería volver a sentir esa corriente eléctrica que atravesaba mi cuerpo, esa, que solo con el había sentido. Quería saber si con alguien a quien había amado, durante tanto tiempo, era capaz de despertar una reacción en mi. Aunque sea solo una vez. Tal vez era la única oportunidad que tendría en la vida y tal vez era algo que me hacía ver cómo una maldita, por que deseaba al hombre de otra. Pero quería saber, que tan roto está mi espíritu.
Salí de la cama, pero al llegar a la puerta, me acobarde, regrese y me senté. Me volví a levantar, respire tres veces y avance decidida. Ya tenía la mano en el pomo de la puerta, Suspiré pesadamente y abrí la puerta. Cuál fue mi sorpresa que al abrirla, Aaron cayó a mis pies, estaba recargado en mi puerta, al parecer tenía los mismos problemas que yo.
- ¿Estás bien?- Le ofrecí una mano para que se levantará.
Se levantó y sin soltar mi mano, me jalo hacia el, puso la otra mano en mi cara y me besó, profundamente.