Florence es una chica común de 25 años estudiante de ultimo año de literatura.
Alfred Van-Hansen un viudo de 30 años, él primer ministro más joven de la historia, padre de dos niños pequeños que intenta por todos los medios ser un padre presente y ayudar a gobernar su país.
Un escándalo hace que la vida de ellos se encuentre y nos les queda más remedio que unir sus vidas por el bien de ambos. Pero hay dos condiciones que tambalean en la mente del Primer Ministro que reconsidera donde está puesto.
El amor llega donde menos te lo esperas.
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CAPITULO 7
Albert se limpió las lagrimas derramadas después de que el golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos. El sabia quien era y necesito por todos los medios poner un pretexto para no llegar a cumplir la petición de Florence. El no se encontraba listo y al parecer jamás iba a estarlo.
Pero por alguna extraña razón no quiso comentarle la verdad a la chica.
Con timidez, Florence abrió la puerta después de un "Pase", estaba decidida a hablar sobre las peticiones de hace un momento, pero al ver la expresión de Albert la valentía que antes había tenido se desvanecía mientras caminaba hacia él.
—¿Nesesitas algo, Florence?
La chica se detuvo frente a él e intentó no mirar en su dirección, posó sus ojos en la bella foto de una bella mujer, enseguida supo que se trataba de la ex-Esposa.
—Solo quería decirte que no te preocupes por lo del escándalo, no sucederá. Sin embargo tengo algunas discrepancias sobre tus hijos.
El asintió quitando la mirada de ella.
—Nesesito tiempo para poder manejar todo, estoy en mi último año y nesesito tiempo...
—No te estoy pidiendo que seas niñera de los niños, Florence, nesesito que te encargas de todo lo técnico con ellos, juntas escolares, permisos escolares incluso el manejo de las niñeras eso es todo.
Ella asintió comprendiendo, sin embargo en los ojos de Albert se pudo sentir el cansancio del día.
—¿Porque no vas a dormir?
El la miro, ninguna mirada incomoda hacia el solo simple sinceridad.
—Tengo demasiado trabajo.
—Bueno, ya que te permitiste dos días para casarte porque no disfrutar los últimos minutos del día.
El lo pensó un segundo y supo que no estaba tan mal después de todo, necesitaba horas de sueño y le rogó al cielo que solo la intención de la chica fueran solo esas, dormir.
Mientras subían las escaleras, el cansancio del día llegó al cuerpo de Florence, el día había sido agotador y no era para más, su sonrisa se hubiera quedado estampada en su cara si seguía sonriendo unos funcionarios más.
Los pasos se hicieron más lentos hasta que llegaron a la puerta, Albert con los ojos cerrados entró a la habitación dejando a una pasmada Florence que no sabía que hacer.
Aunque nunca se habían detenido a hablar al respecto, sabía que violar la privacidad del otro era algo que quería dejar muy en claro. No iban a dormir juntos y ella estaba consciente de eso, tener sexo era algo totalmente diferente a dormir en cuartos juntos ó compartir un baño.
Mientras que Albert se preparaba mentalmente para lo que se avecinaba, era claro que no iba a hacerlo sin embargo no conocía perfectamente a Florence, aquel hombre temía lo peor al negarle a la chica algo que habia dejado claro desde el principio.
Pero cuando busco a su esposa, aquella se encontraba en la entrada, moviendo sus talones de adelante hacia atrás en señal de nerviosismo, en ese momento el corazón de piedra rompió un pedazo más, ella estaba respetando su espacio personal y se sintió aún más relajado.
—¿Porque no entras?
Ella ignorando la mirada, busco en algún punto donde posar sus ojos, la mirada intensa de Albert hasta la fecha la ponía a temblar y tenía que ser seria al respecto.
—Nesesitamos hablar.
Al escuchar esto, albert cerró la puerta de su habitación y se sentó en el sillón próximo, Florence lo siguió pero distraída, buscaba las palabras correctas para decirle a su esposo que en realidad quería su propia habitación.
Cuando se sentó empezó a tartamudear.
—Ne... nes...Nesesito una habitación para mi.— Grito.
—¿Porque estas tan segura que dormiré contigo?
—Perdona si saco conclusiones pero me llevaste ahí — señaló la puerta donde hace un momento estaban— Creo que una habitación separada es más practica.
—Tu habitación es la del final del pasillo. Nesesito que seas lo más discreta posible, recuerda que esto es un trato y no esta a discusión.
Aunque comprendía ya que ella lo había traído a colación, sintió la dureza de sus palabras. No sabía si se encontraba sensible por el día, el recuerdo de su madre ó simplemente Albert era duro. Asintio tragando duramente la bola de llanto que se le formó en la garganta y vio como se alejaba su esposo hacia su habitación.
Florence, en el momento en el que se quedo sola con sus pensamientos, se dio cuenta que no estaba dispuesta a descansar. Aquel día era un mar de emociones que era difícil de procesar. Así que bajo las escaleras encaminándose hacia las puertas francesas que había visto camino al despacho de su esposo, la vista era exquisita digna de una postal.
Cuando sintió la brisa del mar supo que se encontraba en el lugar correcto. En su habitación sólo podría rodar en la cama y pensar en todo lo que le había mencionado Albert, desde el romanticismo en el pasillo hasta la dureza de sus palabras hace un momento. Ella se sentía en piso movedizo porque Albert Van-Hansen era la persona más voluble que había conocido y manejarlo iba a costar más de su energía de la que estaba dispuesta a poner
Se abrazó a si misma y deseó que el destino le hubiera prestado a su madre más tiempo para poder aconsejarle.
Sin embargo mientras Florence estaba observando el mar moverse de un lado a otro, su guardia personal caminaba hacia ella.
Carraspeo la garganta para llamar a la chica y se acomodó la corbata. Aunque se encontraba en horas de trabajo sabia perfectamente que no había restricción sobre relaciones en el trabajo.
Entonces cuando puso sus ojos sobre ella supo que estaba perdido. Foster White era un chico educado pero la belleza de la chica lo deslumbró al instante, pensó por solo un momento rechazar aquella propuesta de trabajo pero sabia que en este lugar podía conseguir las prestaciones que nesesitaba, pero al caminar hacia el despacho de su nuevo jefe miro hacia la chica, pensó lo peor ya que ella se encontraba en las rocas hacia el mar, pero la chica volteó cuando sintió la presencia de alguien.
Cuando Foster se dio cuenta quien era se sintió perdido, el hermoso diamante brillaba incluso ahora a la mitad de la noche. Ella no era una empleada, era la nueva esposa del primer ministro.
—¡Señora!— Grito más para el que para ella.
Florence desde que había llegado no había visto a ningún personal, sabía que era su noche de bodas y la privacidad era primordial, pero cuando sintió la presencia, su sexto sentido se puso en alerta.
Sin embargo, con el mismo uniforme que llevaba los guardias de seguridad, un chico alto y bien parecido apareció en su vista. Su cabello rubio estaba bien peinado, sus ojos color azul la miraban con curiosidad.
—Hola — Dijo Florence para romper la tensión.
—Señora, me presentó soy Foster White, su escolta.
—¿Tu eres el que me seguirá a todas partes?
—si señora.
—¿Me conoces hace un segundo y ya me dices señora? Por favor llámame, Florence por favor.
—No señora, las reglas son claras, no puedo tutear a los que pagan mi cheque.
—¿Pero vez a alguien más aquí? En privado puedes llamarme Florence.
Los hombros del chico se relajaron pero aún así mantuvo su vista fija en el mar, ignorando por completo a la chica. Era hermosa que hacía que su corazón palpitara muy deprisa y un ligero sudor creciera en su frente.
El frío de la noche aumentó y el cuerpo de Florence lo manifestó poniendo su piel de gallina, ella involuntariamente talló buscando calor. Instintivamente Foster se quitó la chaqueta y se puso en sus hombros, ella agradeció el gesto, su delgado vestido no podía manejar el frío que se avecinaba.
Mientras ellos caminaban hacia la casa, en la parte más distante se encontraba un reportero que se había colado del escaso personal que manejaba la casa esa noche.