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El Corazón del Villano

El Corazón del Villano

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: sang senja

Amelia Geraldi fue la princesa de la mafia más temida de su país. Pero una noche, después de leer hasta el amanecer una novela sin remitente, se quedó dormida... y despertó en el cuerpo de la secundaria que muere en el primer acto.

Ahora es Amelia Sandoval, una chica de diecisiete años con cara de muñeca, una familia que ya no la reconoce y una protagonista de lágrimas fáciles que se las arregla para que todos la compadezcan. Peor aún: el hombre que mandó a matar a su nueva identidad sigue ahí. Adrián William, el villano de la historia, frío, brillante y obsesionado con proteger a la heroína, la tiene en su lista negra.

Lástima para él. Esta vez, la presa sabe disparar.

Entre pistolas, intrigas escolares y un tigre blanco que ya muerde, Amelia decide reescribir el final que odió. Lo que no esperaba era que el mismísimo villano empezara a mirarla a ella.

¿Quién cazará a quién cuando el corazón del villano esté en juego?

NovelToon tiene autorización de sang senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sofía se fue

Tal como se había acordado, un día después Sofía se mudó oficialmente de la residencia de los Sandoval. El lujoso departamento que Baltasar había preparado pasó a ser su nuevo hogar, al menos por un tiempo.

Ahora la casa se sentía mucho más tranquila. Ya no se oían los lloriqueos de Sofía, siempre a la caza de atención, ni las pequeñas peleas entre ella y Amelia.

Esa mañana, toda la familia se reunió en el comedor para desayunar. Por primera vez en años, la mesa estaba ocupada solo por la familia nuclear. Baltasar. Graciela. Sebas. Y Amelia.

Aunque Amelia se veía algo inquieta. Sus ojos recorrían la sala de vez en cuando, como si buscaran a alguien.

Graciela lo notó enseguida.

—¿Qué pasa, cariño? Llevas rato mirando para todos lados.

Amelia se volvió hacia ella y negó con suavidad.

—Nada, mamá.

Tomó el vaso de leche que tenía enfrente.

—Solo estaba buscando a alguien.

—¿A alguien? —preguntó Sebas, intrigado.

Amelia asintió.

—A la chica de ayer.

—Ah... —Graciela comprendió al instante—. ¿Te refieres a Sofía?

Amelia volvió a asentir.

—Sí.

—Ya se fue ayer.

—Ah...

Amelia asintió despacio. Por alguna razón, esa respuesta puso nerviosa a Graciela.

—¿Por qué lo preguntas? —quiso saber, con cautela—. ¿Quieres verla?

Amelia sacudió la cabeza a toda prisa.

—No.

Lo dijo rapidísimo.

—Para nada.

Los tres se quedaron mirándola. Amelia bajó la vista y se puso a revolver la leche.

—No sé por qué. No me cae bien.

¡Pum!

El corazón de Graciela dio un vuelco. Sebas casi se atragantó con el agua.

—¿Qué?

Amelia levantó la cara. Su expresión era inocente. Totalmente inocente.

—Será mi impresión, pero cada vez que la veo me siento incómoda. ¿Es raro?

Graciela sonrió con rigidez.

—No tanto.

Hizo una pausa.

—Pero igual, Sofía es tu prima. Es la hija de mi hermana menor. Ojalá puedan llevarse bien.

Amelia guardó silencio un buen rato. Después bajó la cabeza.

—¿Y si no puedo?

La cuchara de Graciela se detuvo en seco.

—Cariño...

Amelia alzó la mirada. Tenía los ojos un poco vidriosos.

—Si no logro aceptarla... ¿se van a decepcionar de mí? ¿Tú y papá?

¡Pum!

Esta vez no fue solo Graciela. Baltasar y Sebas también se quedaron de piedra.

La pregunta era sencilla. Pero les cayó como una bofetada. Sin querer, recordaron el pasado: las veces que le habían pedido a Amelia que cediera, las veces que habían defendido a Sofía, las veces que habían pasado por alto los sentimientos de su propia hija. Todavía recordaban cómo Amelia lloraba sola en su cuarto. Cómo había repetido una y otra vez que Sofía le había quitado todo. Y cómo nadie le había creído. La habían tachado de egoísta. De caprichosa. De celosa. De inmadura.

Hasta que ocurrió el accidente. Y la verdad más dolorosa los golpeó.

Al borde de la muerte, Amelia no había llamado a su familia. No fueron ellos los primeros en enterarse del accidente, sino Jenny. Su amiga. Una persona ajena.

Ese hecho seguía siendo una herida profunda para todos, porque significaba que Amelia ya no confiaba en su propia familia.

Graciela bajó la cabeza. Sentía el pecho oprimido.

—Lia...

Le temblaba la voz.

—Mamá no se va a decepcionar. Tu papá tampoco.

Baltasar asintió.

—Nadie te va a obligar a nada. Solo queremos que seas feliz.

Amelia sonrió apenas. Una sonrisa que les dolió todavía más.

—Gracias. Voy a intentarlo. Poco a poco.

Los tres suspiraron aliviados.

Amelia, en cambio, estaba dándole vueltas a algo muy distinto.

Qué raro. Muy raro.

Según los recuerdos que había heredado de la dueña original, Sofía no tenía departamento. Ni casa. Ni un solo bien a su nombre en esta ciudad. Sus padres vivían en la ciudad S y su situación económica era más bien común y corriente.

Entonces, ¿de dónde había salido ese departamento?

La respuesta era obvia.

Se lo dio la familia Sandoval.

Amelia se mordió el labio inferior.

¿Me piden que haga las paces con alguien que le quitó a otra lo que era suyo? ¿Se lo merece?

Su mirada se desvió en silencio hacia Graciela. Una mujer tan cálida, tan dulce, tan parecida a su madre de la vida anterior.

Mami Gisela. La persona a la que más extrañaba. La que ya nunca podría volver a ver.

No voy a dejar que nadie me quite a mi mamá.

Ni siquiera Sofía.

* * *

En otro lugar, Sofía lloraba entre los brazos de un hombre. Su llanto sonaba desgarrador y todo su cuerpo temblaba, como si fuera la víctima más desdichada del mundo.

El hombre que la abrazaba tenía el semblante sombrío y la mirada cargada de ira. Era Adrián Alfonso, amigo de Sebas desde la infancia. Y también el hombre que llevaba años amando a Sofía en secreto.

—Ya, ya... —Adri le acarició el pelo—. No llores más.

—¿Cómo quieres que no llore, Adri? —la voz de Sofía temblaba—. Me echaron de la casa. Y yo ni siquiera hice nada.

Adri apretó los puños.

—Lo sé. Se pasaron de la raya.

Sofía lloró más fuerte.

—Dijeron que era por el bienestar de Amelia. Yo nunca la molesté. Hasta fingió tener amnesia solo para sacarme de ahí. De verdad no me lo esperaba...

Adri apretó la mandíbula. El rostro de Amelia se le vino a la mente, y con él el odio que llevaba tanto tiempo guardando. Desde el principio le había caído mal esa chica. Para él, Amelia siempre le hacía la vida imposible a Sofía y siempre la hacía llorar. Y ahora, además, había logrado sacarla de la casa de los Sandoval.

—Tranquila —dijo Adri, con la voz helada—. No me voy a quedar de brazos cruzados.

Sofía levantó la cabeza. Sus ojos hinchados se clavaron en él.

—Adri... yo solo quiero vivir en paz. Nunca le quité nada a Lia.

Rompió a llorar otra vez. Era mentira, por supuesto. Pero Adri se la tragó entera, porque el amor muchas veces le roba la lógica a la gente.

—Yo te creo.

Adri le tomó la mano.

—Tú no tienes la culpa. La culpable es Amelia.

Los ojos de Sofía brillaron un instante, pero enseguida lo ocultó.

—Adri... tengo miedo.

Él la abrazó con más fuerza.

—No hay nada que temer. Mientras yo esté contigo.

Su mirada fue oscureciéndose poco a poco. Muy oscura. En su cabeza empezaba a tomar forma un plan.

El primer accidente había fracasado. Pero eso no significaba que no hubiera una segunda oportunidad. Si Amelia seguía siendo un obstáculo para la felicidad de Sofía... entonces habría que eliminarla.

Para siempre.

Una sonrisa leve asomó en los labios de Adri. Una de esas sonrisas que erizan la piel.

Porque, sin que nadie lo supiera, la semilla de una segunda tragedia ya había empezado a crecer.

Y esta vez, el objetivo seguía siendo el mismo: Amelia Sandoval.

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