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Fénix: Renaciendo De Las Cenizas De La Vida

Fénix: Renaciendo De Las Cenizas De La Vida

Status: Terminada
Genre:Romance / Embarazo no planeado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

No sé en qué momento exacto mi vida dejó de ser “normal”. A veces pienso que fue un día cualquiera, uno de esos en los que el sol entra por la ventana como si nada pudiera romperse. Pero se rompió. Y no hizo ruido.
Me llamo Dara. Y antes de que todo cambiara, yo era solo una adolescente más con sueños demasiado grandes para mi realidad. Pero mi vida dio un giro de la noche a la mañana. Un giro que me hizo reinventarme, crecer de repente ... pero déjenme contarles algo: No hay dificultades grandes porque los sueños sí se cumplen

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 Lo que no se dice

Hay silencios que protegen.

Y hay silencios que destruyen.

Durante mucho tiempo creí que callar era una forma de sobrevivir.

Callé cuando mis padres no tenían tiempo para mí.

Callé cuando descubrí que estaba embarazada.

Callé cuando el mundo decidió juzgarme sin conocer mi historia.

Callé tantas veces que terminé acostumbrándome.

Pero había algo que estaba aprendiendo de la peor manera posible.

Las cosas que no se dicen no desaparecen.

Se quedan dentro.

Crecen.

Pesan.

Y tarde o temprano encuentran una forma de romperte.

Después de aquella conversación sobre los límites, nada volvió a ser igual.

Al menos no para mí.

Fabio seguía siendo amable.

Respetuoso.

Atento.

Pero había levantado un muro invisible entre nosotros.

Y aunque intentara convencerme de que estaba exagerando, lo sentía todos los días.

En cada palabra medida.

En cada sonrisa breve.

En cada despedida apresurada.

Era como observar a alguien cerrar lentamente una puerta.

Y no poder hacer nada para impedirlo.

Lo peor era que Mateo también parecía notarlo.

Quizás era una tontería.

Quizás solo era mi imaginación.

Pero mi hijo siempre había buscado a Fabio apenas llegábamos a la cafetería.

Ahora extendía los brazos hacia él y muchas veces Fabio tardaba en reaccionar.

No porque no quisiera.

Eso era lo extraño.

Parecía luchar contra sí mismo.

Como si cada gesto natural tuviera que ser cuidadosamente pensado antes de permitirlo.

Y aquello me dolía por los dos.

Por Mateo.

Y por él.

Una tarde particularmente tranquila, mientras limpiaba unas mesas, escuché a Fabio hablando por teléfono en la oficina.

No estaba espiando.

Ni siquiera quería escuchar.

Pero su voz llegó hasta mí.

—No es eso.

Silencio.

—Claro que lo sé.

Más silencio.

Su tono cambió.

Más serio.

Más cansado.

—Precisamente por eso estoy intentando hacer las cosas bien.

Me quedé inmóvil.

Sin saber por qué.

—No es una niña.

Aquellas palabras hicieron que mi corazón se acelerara.

Del otro lado dijeron algo que no pude escuchar.

Y entonces Fabio respondió:

—No importa lo que yo sienta.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

La taza que estaba secando casi resbaló de mis manos.

No importa lo que yo sienta.

Las palabras quedaron suspendidas dentro de mí.

Repitiéndose.

Una y otra vez.

Una y otra vez.

Y por primera vez me pregunté algo que jamás me había atrevido a pensar.

¿Y si Fabio también estaba luchando contra sus propios sentimientos?

Esa noche no pude dormir.

Mateo descansaba profundamente.

Pero yo permanecía despierta mirando el techo.

Recordando cada conversación.

Cada mirada.

Cada gesto.

Buscando respuestas donde quizás no las había.

Era absurdo.

Ridículo.

Peligroso.

Y aun así no podía detenerme.

Porque si aquello era verdad...

Si realmente sentía algo por mí...

Entonces la distancia no existía porque yo le fuera indiferente.

Existía porque le importaba demasiado.

Los días siguientes fueron una tortura.

No porque ocurriera algo malo.

Sino porque nada ocurría.

Fabio continuaba manteniendo las distancias.

Y yo seguía fingiendo que no me afectaba.

Nos movíamos alrededor del otro como dos personas que caminaban sobre hielo fino.

Con cuidado.

Con prudencia.

Temiendo romper algo.

Aunque ambos sabíamos que ya estaba roto.

El viernes por la tarde ocurrió algo inesperado.

La cafetería estaba llena.

Más llena de lo habitual.

Yo corría de una mesa a otra intentando atender a todos.

Mateo jugaba en su manta cerca del mostrador.

Y entonces apareció ella.

Una mujer alta.

Elegante.

Hermosa.

De cabello oscuro y sonrisa perfecta.

Entró como si conociera el lugar.

Como si perteneciera allí.

Y quizás pertenecía.

Porque cuando Fabio la vio...

Se quedó inmóvil.

Solo un segundo.

Pero lo suficiente.

Demasiado suficiente.

Ella sonrió.

Una sonrisa cargada de historia.

—Hola, Fabio.

Mi estómago se contrajo.

No sabía quién era.

Pero comprendí inmediatamente que no era una cliente cualquiera.

Fabio tardó unos segundos en responder.

—Valeria.

La forma en que pronunció su nombre hizo que algo dentro de mí se tensara.

Valeria.

Ella se acercó.

Segura.

Elegante.

Hermosa.

Todo aquello que yo no era.

—Ha pasado mucho tiempo.

—Sí.

El ambiente cambió de inmediato.

Yo podía sentirlo.

Todo el mundo podía sentirlo.

Había demasiadas cosas flotando entre ellos.

Demasiados recuerdos.

Demasiadas heridas.

Demasiada historia.

Intenté concentrarme en el trabajo.

De verdad lo intenté.

Pero era imposible.

Porque Valeria permaneció allí durante horas.

Hablando con Fabio.

Sonriendo.

Recordando cosas.

Y cada vez que escuchaba sus risas sentía una punzada absurda en el pecho.

Una punzada que no tenía derecho a sentir.

Porque Fabio no era mío.

Nunca lo había sido.

Cuando finalmente la cafetería quedó vacía, Valeria seguía allí.

Sentada junto a una ventana.

Esperándolo.

Yo fingía ordenar unas cajas.

Mateo dormía.

Y Fabio parecía incómodo.

Tenso.

Inquieto.

Finalmente ella habló.

Y esta vez escuché cada palabra.

—Cometí muchos errores.

Fabio permaneció en silencio.

—Sé que te lastimé.

Silencio.

—Y sé que probablemente no merezco una segunda oportunidad.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

Porque entendí exactamente hacia dónde iba aquella conversación.

Valeria respiró profundamente.

Y entonces dijo las palabras que yo menos quería escuchar.

—Pero sigo enamorada de ti.

El mundo pareció detenerse.

Mis manos dejaron de moverse.

Mi respiración también.

Y por primera vez desde que la conocí, vi a Fabio completamente vulnerable.

Como si aquella confesión hubiera abierto una herida que nunca terminó de sanar.

No esperé a escuchar más.

No pude.

Tomé a Mateo en brazos.

Recogí mis cosas.

Y me dirigí hacia la salida.

Necesitaba aire.

Distancia.

Necesitaba escapar de aquel dolor ridículo que no tenía ningún derecho a sentir.

Pero cuando llegué a la puerta, escuché la voz de Fabio detrás de mí.

—Dara.

Me detuve.

Sin girarme.

Porque si lo hacía, temía que él pudiera ver exactamente cuánto me estaba afectando todo aquello.

—¿Sí?

Hubo silencio.

Un silencio largo.

Doloroso.

Y cuando finalmente habló, su voz sonó extraña.

Como si también estuviera luchando consigo mismo.

—Ten cuidado al volver a casa.

Nada más.

Solo eso.

Una frase sencilla.

Común.

Insignificante.

Y sin embargo me rompió un poco más.

Porque por un instante había deseado que dijera otra cosa.

Cualquier otra cosa.

Aquella noche regresé caminando bajo un cielo cubierto de nubes.

Mateo dormía sobre mi hombro.

Y mi corazón parecía pesar el doble.

Intenté convencerme de que aquello no importaba.

De que Fabio tenía derecho a rehacer su vida.

De que Valeria pertenecía a su pasado.

O quizás a su futuro.

Y de que yo jamás había formado parte de ninguno de los dos.

Pero las lágrimas comenzaron a caer antes de llegar a casa.

Silenciosas.

Imparables.

Y por más que intenté detenerlas, no pude.

Sin embargo, lo que yo no sabía...

Lo que no podía imaginar...

Era que en ese mismo instante, después de verme marchar, Fabio seguía inmóvil dentro de la cafetería.

Mirando la puerta por la que acababa de salir.

Sin escuchar una sola palabra de lo que Valeria decía.

Porque toda su atención estaba puesta en otro lugar.

En otra persona.

En mí.

Y cuando Valeria finalmente guardó silencio, él pronunció una frase que cambiaría muchas cosas.

Una frase dicha casi en un susurro.

Como si reconocerla doliera.

Como si admitirla fuera el principio de una batalla imposible.

—Llegaste demasiado tarde.

Valeria palideció.

—¿Qué quieres decir?

Fabio cerró los ojos un instante.

Y cuando volvió a abrirlos, la respuesta quedó suspendida en el aire.

Sin terminar.

Sin explicarse.

Pero lo suficientemente clara para destruir las esperanzas de una mujer...

Y anunciar el comienzo de una tormenta mucho más grande de lo que cualquiera de ellos estaba preparado para enfrentar.

Porque a veces lo que no se dice duele.

Pero lo que finalmente se admite...

Puede cambiarlo todo.

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Margarita Acuña Cerda
Sencillamente maravillosa novela una gran niña mujer unos padres asquerosos y un gran hombre mil felicitaciones hermosa 👏👏👏👏👏👏🥰🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Que mujer niña
Más valiente 👏👏👏👏👏
Margarita Acuña Cerda
Insisto maldito viejo y la mamá peor aún
Margarita Acuña Cerda
Maldito viejo nunca estuvo para ella y ahora no la deja ser feliz hay pero que rabia me da
Margarita Acuña Cerda
Maldita perra como va a querer hacerle algo a mateo ojalá y se muera
Margarita Acuña Cerda
Espero que al final se queden juntos por favor autora 🥰🥰🥰🥰
Margarita Acuña Cerda
Hayyy pobre niña mujer que rabia que los papás la dejen sola 😭😭😭😭
Margarita Acuña Cerda
Hasta el momento está muy linda me encanta ,mi hija también es mamá soltera pero nosotros la apoyamos siempre 100% no entiendo con estos padres sin tan desgraciados 😭😭😭😭
ILBA NARVAEZ
una historia muy linda de resiliencia, de miedos que paralizan Pero los protagonistas están dispuestos a seguir a pesar de ellos.
meidi aguiar
excelente y hermosa historia de reflexión y valorización hacia uno mismo te felicito espero disfrutar muchas mas
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