⚠️🚫🔞Gus se ve arrastrado al peligroso entorno de Arlo, un lugar donde el lujo se mezcla con la letalidad de la mafia. En esta atmósfera de alta tensión y misterio, la resistencia inicial de Gus se transforma en una fascinación oscura hacia su captor. Atrapado en una red de secretos y deseos intensos, Gus deberá decidir si luchar por su antigua vida o sucumbir a la magnética y peligrosa atracción de un hombre que no acepta un no por respuesta. Una historia de poder, entrega y los límites del alma.🔞🚫⚠️
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Lo deseas tanto
Habían pasado cuatro días desde que Gus Fletcher fue confinado en la imponente fortaleza del norte. Gracias a la estricta rutina impuesta por Arlo Baxter, que incluía comidas completas preparadas por nutricionistas y horas de sueño obligatorias, el cuerpo del cantante había recuperado toda su energía. Su piel castaña lucía sana, sus ojos verde café habían perdido las ojeras del cansancio crónico y sus músculos se sentían firmes otra vez. Sin embargo, con el regreso de la fuerza física, la mente obsesiva de Gus se había vuelto un volcán en erupción.
El encierro lo estaba volviendo loco, pero no de la manera que él esperaba. Lo que realmente perturbaba su cordura era el silencio de la casa y el peso constante del hilo rojo en su muñeca derecha.
Esa tarde, aprovechando que Arlo había salido a atender sus misteriosos negocios en la ciudad, Gus decidió explorar los niveles inferiores de la mansión. Los guardias armados apostados en los pasillos no le impidieron el paso; sus órdenes eran claras: el joven artista podía moverse por la casa, pero jamás cruzar las puertas exteriores. Gus terminó en la biblioteca principal, un salón inmenso con paredes cubiertas de estantes de madera oscura que albergaban miles de libros antiguos y documentos comerciales.
Gus no buscaba lectura para pasar el tiempo. Su mente perfeccionista necesitaba respuestas. Necesitaba entender qué clase de mafia lideraba Arlo y qué significaba ese lazo carmesí que los unía.
Caminó entre los pasillos de la biblioteca, deslizando sus dedos por los lomos de los libros, hasta que llegó a un escritorio de caoba situado al fondo del salón. Sobre la mesa había carpetas de cuero con el escudo de la familia Baxter y un ordenador portátil cerrado. Gus tragó saliva con dificultad. Sabía que husmear en las cosas de un jefe criminal era una sentencia de muerte para cualquiera, pero el deseo de recuperar una pizca de control sobre su destino lo obligó a actuar.
Se sentó en la lujosa silla de piel y abrió la primera carpeta. Las hojas interiores estaban llenas de listas de embarques, nombres de puertos internacionales, códigos numéricos y transacciones bancarias con cifras de seis ceros que no tenían nombres de empresas reales. Cada documento gritaba contrabando, lavado de dinero y poder absoluto en los bajos fondos.
Mientras pasaba las páginas con manos ligeramente temblorosas, el hilo rojo en su muñeca dio un tirón suave, liberando una repentina oleada de calor que le subió por el brazo. Gus se detuvo en seco. Su corazón comenzó a latir con fuerza, no por el miedo a ser descubierto por la mafia, sino por una fantasía involuntaria y prohibida que lo había estado asaltando durante las últimas noches en la inmensidad de su cama solitaria.
Gus miró la ventana de la biblioteca que daba hacia el bosque oscuro y suspiró de forma trémula. En el fondo de su mente, una pregunta vergonzosa lo atormentaba: ¿Cómo sería dormir abrazado por Arlo?
Gus se pasó una mano por el cabello castaño, sintiendo el rostro caliente. Se imaginaba la escena con una precisión que lo asustaba. Se visualizaba a sí mismo completamente rendido por el cansancio, acostado sobre el pecho ancho e inmenso del mafioso. Imaginaba los brazos robustos y musculosos de Arlo, esos mismos brazos que lo habían cargado con tanta facilidad, enroscados fuertemente alrededor de su cintura varonil, manteniéndolo inmóvil y protegido contra su anatomía de piedra. Podía casi escuchar el sonido pesado y rítmico del corazón de Arlo vibrando contra su propia espalda, y sentir el aliento grueso y con aroma a tabaco rozándole la nuca en la oscuridad de la noche.
Esa fantasía de sumisión pura, de dejarse devorar por el tamaño y la fuerza descomunal de otro hombre, provocó que el hormigueo en su bajo vientre se transformara en una presión líquida y ardiente. Gus apretó los dientes, sintiendo una profunda frustración con su propio cuerpo. Él seguía repitiéndose que era heterosexual, pero la sola idea de ser reclamado físicamente por Arlo lo estaba consumiendo vivo.
—Buscar en mis documentos privados es un delito muy grave en esta casa, Fletcher —dijo una voz gruesa y áspera desde la entrada de la biblioteca.
Arlo Baxter rompió el silencio del salón como un trueno, haciendo que Gus diera un brinco en la silla.
Arlo caminaba lentamente hacia el escritorio. Vestía un traje negro impecable, pero se había quitado la corbata y desabrochado los dos primeros botones de la camisa, revelando la base de su cuello. Tenía un cigarrillo encendido entre los dedos y sus ojos negros brillaban con una fijeza implacable que congeló al cantante en su sitio. La imponente figura del mafioso de casi dos metros llenó el espacio por completo, proyectando una sombra masiva sobre el escritorio.
—Yo... solo estaba buscando algo que leer —mintió Gus, poniéndose de pie de inmediato para intentar mantener una postura digna, aunque su respiración acelerada y sus ojos verde café delataban su pánico y su excitación contenida.
—¿Algo que leer? —Arlo llegó hasta el borde del escritorio y dejó el cigarrillo en un cenicero de mármol. Rodeó la mesa con pasos lentos y calculados, como un depredador acorralando a su presa. Detrás de él, el hilo carmesí se tensó sutilmente, brillando con un tono rosa intenso que delataba la agitación de ambos—. Las listas de cargamentos marítimos y las cuentas de mis socios extranjeros no son precisamente literatura de entretenimiento, Gus.
Gus intentó retroceder, pero sus muslos chocaron contra el borde del escritorio de caoba. Arlo se detuvo a escasos centímetros de él, eliminando cualquier rastro de espacio personal. La diferencia de altura obligó al artista a inclinar la cabeza hacia atrás de forma pronunciada para sostenerle la mirada al líder criminal.
—¿Vas a matarme por esto? —desafió Gus, con la voz temblando sutilmente, intentando ocultar el violento estallido de deseo que lo recorrió al oler el aroma a perfume amaderado y tabaco que emanaba del cuerpo del mafioso.
—¿Matarte? —Arlo soltó una risa baja, una vibración áspera que retumbó directamente en el pecho de Gus. Levantó la mano derecha y, con una lentitud exasperante, apoyó la palma sobre la madera del escritorio, justo al lado de la cadera del cantante, atrapándolo por completo—. Eres demasiado valioso para mi lazo como para desperdiciarte de esa manera. Pero un castigo por tu curiosidad desobediente sí es necesario.
Arlo levantó su mano izquierda y capturó la mandíbula de Gus entre sus dedos largos y callosos. El agarre era firme, dominante, obligando al cantante a mantener el rostro levantado. El pulgar de Arlo presionó el labio inferior de Gus, abriéndole la boca sutilmente, repitiendo el gesto que ya se estaba volviendo una adicción para ambos.
—Estás temblando otra vez, Fletcher —susurró Arlo, acercando su rostro hasta que sus labios casi rozaron los de Gus. El roce húmedo de sus alientos mezclados llenó el espacio entre ellos—. Tu piel está ardiendo y puedo escuchar el pulso de tu corazón desbocado desde aquí. ¿Es por el miedo a mis negocios de la mafia, o es por lo que estabas pensando antes de que yo entrara?
Gus cerró los ojos un segundo, sintiendo que la tensión sexual en la habitación llegaba casi al límite de lo soportable. El contacto físico de la mano de Arlo en su rostro y la proximidad de ese cuerpo masivo y musculoso estaban anulando su capacidad de razonar.
—No estaba pensando en nada —jadeó Gus, abriendo sus ojos verde café para mirarlo con una mezcla de furia y rendición involuntaria—. Déjame ir, Baxter. Esto... esto es una locura.
—No mientas —ordenó Arlo, y su voz se volviéndose un mandato oscuro que le erizó cada vello del cuerpo al artista—. El hilo no miente, Gus. Puedo sentir la corriente de tu deseo a través del lazo. Estás sediento por mi toque, aunque tu orgullo te obligue a negarlo. Estás atrapado en mi casa, bajo mi poder, y tu cuerpo ya no sabe cómo funcionar sin mí.
Arlo deslizó la mano que sostenía la mandíbula de Gus hacia abajo, recorriendo con lentitud la línea del cuello del cantante, deteniéndose en la base de su garganta, donde el pulso de Gus golpeaba con una fuerza salvaje. Luego, con un movimiento firme, Arlo atrapó la muñeca derecha de Gus, la misma donde el hilo carmesí palpitaba con un brillo carnal.
Gus soltó un gemido ronco, un sonido que se le escapó de la garganta al sentir la presión de los dedos del mafioso sobre sus tendones. El roce de sus pieles provocó una descarga eléctrica tan intensa que las piernas del cantante flaquearon por completo. Sus rodillas cedieron, perdiendo toda la rigidez.
Antes de que Gus cayera al suelo de la biblioteca, el brazo izquierdo de Arlo se enroscó con una fuerza implacable alrededor de su cintura, pegándolo por completo contra su anatomía maciza. Gus quedó suspendido, sostenido únicamente por el abrazo de hierro del empresario criminal. La diferencia de volumen corporal era tan abrumadora que Gus se sintió completamente inmovilizado, devorado por la imponente masculinidad de Arlo.
Sus pechos se golpeaban mutuamente al ritmo de sus respiraciones agitadas. Gus podía sentir la dureza del torso de Arlo contra sus propias costillas, y el calor sofocante que emanaba de ambos hombres parecía incendiar el aire de la biblioteca. La tensión sexual era tan espesa que el cantante sintió un tirón doloroso y caliente en su entrepierna, una necesidad física absoluta de ser tomado y dominado por el hombre que lo sostenía.
Arlo inclinó la cabeza, deteniendo sus labios a un milímetro de la boca de Gus. Podían sentir el calor húmedo de sus respiraciones chocando antes del beso.
—Quieres que te abrace en la oscuridad, ¿verdad, Gus? —susurró Arlo, y sus palabras confirmaron que el hilo rojo le transmitía incluso los pensamientos más íntimos del cantante—. Quieres dormir en mi cama, sentir el peso de mis brazos sobre tu cuerpo y dejar que yo gobierne tus noches para que tu mente obsesiva pueda descansar. Lo deseas tanto como deseas mi boca ahora mismo.
Gus no pudo articular ninguna palabra de negación. Su supuesta heterosexualidad y su orgullo de artista independiente se habían evaporado por completo ante la brutalidad del deseo que Arlo despertaba en él. Soltó un sollozo ahogado y, movido por un impulso animal e involuntario, inclinó la cabeza hacia adelante, buscando desesperadamente el contacto total de los labios del mafioso. Gus estaba rompiendo su propia resistencia, entregándose al primer beso por su propia iniciativa.
Arlo aceptó el movimiento con una sonrisa de triunfo frío en los labios. Unió sus bocas en un beso profundo, posesivo y cargado de una lujuria que hizo que el hilo carmesí brillara con un resplandor rosa abrasador en la penumbra de la biblioteca, sellando el inicio de un juego de sumisión donde Gus ya no tenía escapatoria.
En el mundo de la mafia y bajo el control de Arlo Baxter, cada muestra de afecto es un juego de poder. Arlo cortó el beso en el momento exacto para dejar a Gus con las ganas, hambriento y completamente descolocado, recordándole quién dicta las reglas. No fue por falta de deseo, sino por pura estrategia de dominación: mantener al cantante en un estado de necesidad absoluta antes del gran regreso a sus actividades.
Pasaron tres días más de aislamiento antes de que Arlo permitiera que Gus pusiera un pie fuera de la mansión del norte. El regreso al trabajo no significaba libertad; significaba que el escenario ahora también le pertenecía al mafioso.