Reencarné para ser la villana, pero el corazón no entiende de guiones.
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Capítulo 03 — El Sistema que Habla
No recordaba haber sido así la última vez, y sin embargo conocía cada pliegue de la seda que vestía. El terciopelo verde oscuro caía con una gravedad silenciosa, acariciando mis tobillos mientras me miraba en el espejo de cuerpo entero. La imagen de Aurelia, con su piel pálida y sus ojos de zafiro, me devolvía la mirada con una autoridad contenida, una sofisticación que yo, en mi vida anterior, solo había atisbado en las revistas. Sentía el peso de las joyas sobre mi cuello y mis manos, y por primera vez, no como una carga, sino como una extensión de mi nueva identidad. Era una armadura, sí, pero también una declaración. Estaba aquí, y no me dejaría doblegar.
Me acerqué a la ventana, las cortinas de brocado pesado ya abiertas, revelando el jardín del palacio bañado por la suave luz de la mañana. Rosales en flor, fuentes de mármol y pavos reales paseando con altiva elegancia. Era un escenario de cuento de hadas, pero yo sabía que bajo esa superficie perfecta se escondían cuchillos afilados y venenos silenciosos. Recordé las palabras de Sebastián, su fría advertencia: "No te demores, Aurelia". Y el mandato del Rey, mi padre, que esperaba mi presencia. La inminencia de esa audiencia me oprimía el pecho. ¿Cómo enfrentar a un hombre que solo veía a su hija como una decepción, una fuente de escándalos?
Mientras ajustaba un mechón rebelde de mi cabello oscuro, una voz en mi mente, neutra y exacta, rompió el silencio: "Bienvenida, usuaria. Sistema activo." Frente a mis ojos, flotaron inscripciones y una lista de misiones.
Parpadeé, creyendo que la presión de la situación o la falta de sueño me estaban jugando una mala pasada. Sacudí la cabeza, cerré los ojos y los volví a abrir. Las inscripciones seguían allí, levitando a un palmo de mis ojos, translúcidas y luminiscentes, como si estuvieran grabadas en el aire mismo. Estaban escritas en un idioma que reconocí de inmediato como el lenguaje arcano del universo de la novela, pero que de alguna manera mi mente traducía al instante a mi español natal.
"Bienvenida, usuaria. Sistema activo." se repetía en una barra superior, acompañada de un icono parpadeante que parecía un ojo estilizado. Debajo, aparecía lo que solo podía describir como un panel de control.
[Nombre de la usuaria: Aurelia]
[Nivel: 1 (Villana Principiante)]
[Puntos de Atributo: 0]
[Habilidades: Ninguna]
[Inventario: Vacío]
Y luego, la parte que me heló la sangre: una lista.
[Misiones Activas:]
• Misión 1: Recuperación de Reputación. (Estado: Inactiva)
• *Descripción: La arrogancia y los celos te han llevado a perder el respeto de la corte y la confianza de tu padre. Recupera una parte significativa de tu reputación antes del Baile de Máscaras de Casa Vilar.*
• *Recompensa: 10 Puntos de Atributo, Habilidad de Encantamiento (Nivel 1), Herramienta de Manipulación (Nivel 1).*
• *Penalización por fallo: Reducción permanente de 5 Puntos de Atributo, la trama original avanza sin modificación.*
• Misión 2: El Secreto del Jardín Nocturno. (Estado: Inactiva)
• *Descripción: Descubre la verdadera naturaleza del encuentro entre la Princesa Elara y Lord Sebastián en el Jardín Nocturno, que la Aurelia original malinterpretó fatalmente. Esto te dará una ventaja crucial en la trama.*
• *Recompensa: 20 Puntos de Atributo, Habilidad de Observación (Nivel 1), Rumor Clave.*
• *Penalización por fallo: La trama original avanza sin modificación, el malentendido se consolida.*
Mi corazón se aceleró, latiendo con una fuerza que resonaba en mis oídos. ¡Un sistema! ¿Cómo era posible? No era solo una reencarnación, era un juego, una simulación, una intervención divina… ¿o demoníaca? La voz en mi cabeza, a pesar de su neutralidad, infundía una sensación de propósito, casi de inevitabilidad.
—¿Qué… qué eres? —murmuré en voz alta, extendiendo una mano temblorosa hacia las inscripciones flotantes. Mi dedo pasó a través de ellas sin tocarlas, como si fueran meras proyecciones de luz.
La voz respondió al instante, sin emoción, pero con una claridad espeluznante. "Soy el Sistema de Adaptación de Realidad. Mi propósito es asistir a la usuaria en la modificación de su destino predefinido, otorgándole las herramientas para alcanzar el éxito y la venganza que se le fue negada en la iteración anterior de esta realidad."
La venganza. Esa palabra me golpeó con fuerza. La Aurelia original buscaba venganza por el desprecio, por la humillación, por el amor no correspondido. ¿Significaba esto que el Sistema me empujaría a seguir ese camino? ¿A convertirme en la villana que se suponía que debía ser, pero con éxito?
—No quiero venganza —repliqué, mi voz era un hilo delgado de desafío. —Quiero sobrevivir. Quiero un final diferente.
El Sistema guardó silencio por un momento, un silencio tan denso que me hizo dudar si me había escuchado. Luego, respondió. "La definición de 'éxito' y 'venganza' es subjetiva para la usuaria. El Sistema proporciona las herramientas; el camino es elección de la usuaria. Sin embargo, las misiones están diseñadas para otorgar poder. El poder es esencial para modificar la realidad."
Poder. Esa era la clave. Si quería reescribir mi final, necesitaba poder. Y el Sistema, por extraño que fuera, parecía ofrecer una vía para conseguirlo. Pero las misiones… Recuperación de Reputación, El Secreto del Jardín Nocturno. Ambas estaban intrínsecamente ligadas a la trama original, a los errores y obsesiones de Aurelia.
La "Penalización por fallo: Reducción permanente de 5 Puntos de Atributo, la trama original avanza sin modificación" me dio un escalofrío. Significaba que si fallaba, estaría aún más atada al destino de la Aurelia original. Y esos puntos de atributo… ¿qué eran? ¿Fuerza, inteligencia, carisma?
—¿Cómo interactúo contigo? —pregunté, mi mente ya empezaba a adaptarse a la extraña lógica de esta nueva realidad. Si era un juego, tenía que aprender las reglas.
"Simplemente piense en la acción deseada o hable en voz alta. El Sistema responderá a sus comandos directos."
Pensé. *Mostrar mis atributos*. Al instante, el panel se actualizó, mostrando una serie de barras con porcentajes y números.
[Fuerza: 5 (Baja)]
[Agilidad: 6 (Baja)]
[Resistencia: 7 (Media)]
[Inteligencia: 15 (Alta)]
[Carisma: 12 (Media)]
[Encanto: 8 (Bajo)]
Una punzada de decepción. Mi inteligencia y carisma eran decentes, pero mi encanto era sorprendentemente bajo para la supuesta belleza de Aurelia. Y sus atributos físicos eran casi risibles. Claro, la Aurelia original no era una guerrera, era una manipuladora de la corte. Pero aún así, un "Encanto bajo" para la gran villana seductora… eso era una bofetada. Significaba que su belleza era innegable, pero su personalidad repelía.
"Los Puntos de Atributo pueden ser asignados a cualquier categoría para mejorar las capacidades de la usuaria," explicó el Sistema. "Las Habilidades se desbloquean y mejoran con la finalización de misiones y la acumulación de experiencia."
Esto era como un juego de rol, pero las consecuencias eran demasiado reales. Si fallaba, no podía simplemente reiniciar. Morir en esta realidad… ¿sería el final de verdad? Un escalofrío me recorrió la espalda. No podía darme el lujo de fallar.
Mis ojos volvieron a las misiones. "Recuperación de Reputación". Esto era urgente, dada la audiencia con el Rey. ¿Cómo recuperaba la reputación de una villana notoria en cuestión de días? Era un desafío enorme, casi imposible.
"El Baile de Máscaras de Casa Vilar" era el punto de referencia. Recordé ese evento en la novela. Fue el lugar donde Aurelia intentó sabotear la relación de Elara y Sebastián de una manera particularmente cruel, lo que llevó a un distanciamiento aún mayor de su padre y a la consolidación de su imagen como la villana. Si yo tenía que "recuperar la reputación antes del baile", significaba que tenía que actuar rápido y de forma diferente.
El Sistema añadió una nota debajo de las misiones: "Recordatorio: El tiempo es un recurso finito. El avance de la trama original es inevitable sin la intervención activa de la usuaria. Cada día cuenta."
La presión era inmensa. Tenía que ir a ver al Rey. Tenía que parecer lo suficientemente compuesta para no empeorar las cosas, y lo suficientemente astuta para empezar a trazar un plan. Y todo esto mientras una voz en mi cabeza nombró: "Sistema", y una fría puntuación de misiones apareció frente a mí.