⚠️ por favor no denunciar y no apto para sensibles ⚠️🙏🏻
Ella es de un grupo rebelde pero es capturada en una misión el está encargado de hacerla hablar y luego ejecutarla Pero se obsesiona locamente por ella
NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 12
La Coronel Vera cerró la puerta al salir, pero su amenaza quedó flotando en el aire como humo de pólvora.
Killa se quedó un momento en silencio, mirando la puerta. Luego, con la calma de quien ya tiene todas las piezas en su lugar, abrió el cajón de su escritorio y sacó un sobre grueso.
Dentro había un informe.
Lo había preparado hace días. Antes incluso de que Nox llegara a su base. Como si hubiera sabido que alguien vendría a cuestionarlo.
Se levantó. Cruzó el pasillo con pasos lentos. Llegó a la oficina de comunicaciones, donde el oficial de enlace con el alto mando revisaba documentos toda la noche.
—Ten esto —dijo Killa, dejando el informe sobre la mesa.
El oficial lo leyó en silencio. Hoja por hoja. Frunció el ceño al principio. Luego asintió.
—¿Dos meses? —preguntó.
—Dos meses —respondió Killa, con las manos en los bolsillos.
El informe era claro: Nox, la rebelde más buscada, sería sometida a interrogatorios prolongados para extraer información sobre toda la red insurgente. Su valor estratégico era demasiado alto para ejecutarla de inmediato. Dos meses era el plazo estimado. Luego de eso...
—¿Después? —preguntó el oficial, señalando la última página.
Killa sonrió.
—Después, ejecución.
El oficial asintió. Estampó el sello de aprobación. Firmó. Fechó.
—El informe fue aprobado —dijo, devolviéndole el documento—. Tiene luz verde, coronel.
Killa tomó el informe. Lo guardó en el sobre. Lo apretó contra su pecho como si fuera un trofeo.
—Genial —dijo, y su voz cambió. Tenía un brillo nuevo. Una energía contenida—. Preparen el interrogatorio.
El oficial asintió y levantó el teléfono para dar las órdenes.
Killa ya se giraba para salir cuando se detuvo en la puerta. Miró al oficial por encima del hombro.
—Y que nadie nos moleste —dijo.
No hizo falta añadir "o lo pagarán con su vida". Se sobrentendía.
El oficial tragó saliva.
—Sí, mi coronel.
Killa caminó por los pasillos del cuartel con paso firme. El eco de sus botas era el único sonido a esas horas.
Pasó frente a las celdas comunes. Pasó frente al hangar. Pasó frente a la enfermería.
Llegó a la puerta de ella.
La celda de Nox.
Se detuvo un segundo. Respiró hondo.
Luego deslizó la tarjeta magnética, giró la manija y abrió.
Adentro, la penumbra. El olor a desinfectante y a sangre seca. El gotero vacío.
Y ella.
Nox estaba despierta. Sentada en la camilla, con la espalda apoyada en la pared, las piernas encogidas, los brazos rodeando sus rodillas. La venda en su pierna izquierda estaba limpia. Alguien había cambiado las gasas.
Sus ojos se clavaron en él en cuanto la puerta se abrió.
No dijo nada.
Killa entró. Cerró la puerta tras de sí. La llave giró.
—Levántate —dijo.
—No puedo —respondió Nox, con voz ronca—. Me disparaste en la pierna, ¿recuerdas?
Killa sonrió.
—Puedes cojear. Vamos. El interrogatorio te espera.
Nox lo miró fijamente. Buscando algo en su rostro. Miedo, tal vez. Compasión, quizás.
No encontró nada.
—¿Interrogatorio? ¿Sobre qué?
—Cosas —dijo Killa, dando un paso hacia ella—. Muchas cosas. Vas a estar conmigo mucho tiempo, Nox. Dos meses, para ser exactos.
Los ojos de Nox se abrieron un poco más.
—¿Dos meses?
—Aprobado por el alto mando. Luego de eso…
Hizo una pausa. Se inclinó ligeramente hacia ella.
—Ejecución.
Nox apretó la mandíbula. No dijo nada. No suplicó. No lloró.
Eso encendió algo en Killa. Algo caliente. Algo que no entendía del todo.
—Ahora ven —dijo, tendiéndole la mano.
Nox no la tomó.
Se levantó sola. Cojeando. Agarrándose a la pared. Mordiéndose el labio para no gemir de dolor. Pero se levantó.
Solita.
Killa bajó la mano. No se ofendió. Al contrario. Esa rebeldía miserable era exactamente lo que quería ver.
—Detrás de mí —ordenó.
Abrió la puerta.
Nox cojeó detrás de él.
Y juntos caminaron por el pasillo vacío hacia la sala de interrogatorios.
Él, sonriendo.
Ella, apretando los dientes.
Dos meses.
Se iban a hacer eternos.
Esta escena es devastadora. Ko, que siempre pareció el villano abusivo, ahora se muestra roto. Y su padre, el líder de la resistencia, revela la verdad más cruel: Nox nunca fue una compañera, fue una moneda de cambio. Una "bala perdida" que les sirve muerta.
Tomo tu borrador, lo edito y lo alargo con más dolor, más diálogo y ese vacío que deja la traición.
Mientras tanto, Ko estaba perdiendo la cabeza.
No podía dormir. No podía comer. No podía dejar de ver el rostro de Nox cuando la sacaron del banco, arrastrándola, herida, entre soldados.
Sabía lo que pasaba en los calabozos militares.
Sabía que todos los rebeldes capturados eran ejecutados por decreto.
Era inevitable.
Ko caminaba de un lado a otro del refugio, con las manos en los bolsillos, mordiéndose las uñas hasta hacerse sangrar. Los demás rebeldes lo miraban con miedo. Nadie se atrevía a hablarle.
Hasta que no pudo más.
—¡Debemos hacer algo! —gritó en medio de la reunión, golpeando la mesa con el puño.
El silencio cayó como un muro.
Su padre, el líder de la organización, levantó la vista del mapa que estaba estudiando. Lo miró con una calma que dolía más que un grito.
—Lo siento, hijo —dijo.
Lo siento.
Esa frase lo mató por dentro.
—En las guerras siempre se pierden balas perdidas —continuó su padre, con la voz plana, como si hablara del tiempo—. Ya no podemos hacer nada por la joven.
Ko sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
—¿Está bromeando? —preguntó, con la voz quebrada—. Siempre se puede hacer algo.
Se acercó a la mesa. Señaló el mapa con un dedo tembloroso.
—Podemos negociar. Podemos atacar. Podemos intercambiar prisioneros. Podemos…
—No —lo interrumpió su padre—. Nos conviene que muera.
Ko se quedó helado.
—¿Qué?
Su padre suspiró. Se recostó en la silla. Juntó las manos sobre el estómago. No miraba a Ko. Miraba un punto fijo en la pared, como si estuviera repasando un discurso ya ensayado.
—Ella es hija de alguien que fue muy importante —dijo, despacio—. Su padre era un líder popular. Un héroe para la gente. Si ella muere a manos del Régimen…
Hizo una pausa.
—La gente estará en contra de los dictadores. Y eso nos conviene.
Ko abrió la boca. La cerró. No encontraba palabras.
Su padre siguió hablando, imperturbable.
—Mañana será pública mi candidatura. Vamos a ganar la presidencia, Ko. Pero necesitamos mártires. Necesitamos rostros. Necesitamos que la sangre de los inocentes corra para que la gente se indigne.
Ko negó con la cabeza.
Dio un paso atrás.
—¿Lo tenías planeado?
Su voz era un hilo.
—¿Desde cuándo?
Su padre no respondió.
Pero su silencio fue la respuesta más cruel de todas.
Ko sintió las lágrimas arder en sus ojos. No las derramó. No delante de él.
—¿La noche que la recluté? Tuvo que ver contigo, ¿verdad? ¿La misión del banco? ¿Todo?
Su padre lo miró a los ojos por primera vez.
—Así es esto —dijo, con una frialdad que heló la sangre de Ko—. En las guerras, algunos ganan. Otros pierden.
Se puso de pie. Ajustó su chaqueta.
—Debemos seguir. Ella es una pérdida asumida. No mires atrás.
Salió de la sala.
Ko se quedó solo.
Frente a la mesa vacía.
Frente al mapa.
Frente a la verdad.
Ellos lo habían planeado desde el principio.
Nox nunca fue una compañera.
Nunca fue una soldado.
Nunca fue suya.
Fue una pieza.
Un peón.
Una bala perdida que ellos mismos dispararon.
Ko apretó los puños. Cerró los ojos.
Y por primera vez en su vida, se preguntó si todo lo que había hecho —los golpes, las noches, el "eres mía"— había sido amor o solo otra mentira dentro de tantas.
—Te juro que voy a sacarte de ahí —susurró a la noche—. Aunque tenga que quemar todo esto.
Pero nadie lo escuchó.
Y afuera, las sirenas de los militares seguían sonando.
Que saque la casta, porque esa fama que tiene y siendo sometida así...