Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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HERIDAS ABIERTAS.
El omega y la mujer siempre deben obedecer a toda costa a sus superiores…
¿Pero qué sucede cuando un omega decide dejar de agachar la cabeza ante un tonto que solo sabe hablar de boberías y machismo?
Bueno…
Esa respuesta la tendría Jinxiao.
De no ser porque, en ese momento, estaba siendo cargado como un costal de papas hasta la habitación que compartía con Quian.
—¡Suéltame! —intentó protestar, forcejeando débilmente.
Pero fue inútil.
Quian lo lanzó sobre la cama sin ningún cuidado.
El golpe no fue fuerte…
Pero la cercanía sí lo fue.
El ambiente cambió.
Las feromonas del alfa comenzaron a llenar la habitación.
Eran intensas.
Dominantes.
Abrumadoras.
Algo dentro de Jinxiao tembló.
Su cuerpo reaccionó antes que su mente.
Deseaba más.
Más de ese aroma.
Más de esa presencia.
Feromonas que marcaban territorio…
Feromonas que lo envolvían.
No se imaginaba que esa intensidad provocaría algo más.
Un pre-celo.
Su respiración se volvió irregular.
Su cuerpo ardía.
El mundo a su alrededor comenzó a desdibujarse.
Ante los ojos de Quian…
El omega se veía… irresistible.
Vulnerable.
Hermoso.
Pidiendo sin palabras.
Y, en medio de ese caos…
Una voz interna.
Un susurro.
Algo dentro de Jinxiao lo llamaba.
Algo le decía que se quedara.
Que no huyera.
Que besara esos labios.
Labios color cereza que parecían decir:
"Bésame."
Quian no resistió.
Se inclinó.
Y lo besó.
Con impaciencia.
Con una necesidad que ni él mismo entendía.
Jinxiao no estaba en sí.
Pero en ese breve instante…
Entre caricias y besos…
Los recuerdos lo golpearon.
Violentos.
Dolorosos.
"Te odio."
La voz era suya.
Pero no.
"Perdí a mi bebé por tu culpa."
Las imágenes eran claras.
Demasiado claras.
"¡Desearía nunca haberme casado con esta familia!"
Cada palabra…
Un golpe.
"¡TE ODIO, TE ODIO!"
El pecho de Jinxiao se contrajo.
El dolor no era suyo…
Pero lo sentía.
Lo estaba viviendo.
"¿Por qué no puedes dejar de pensar en irte?"
La voz de Quian en los recuerdos era fría.
Cortante.
"Deja de llorar… tú y yo sabemos que ese bebé no habría sido feliz al nacer."
Eso fue suficiente.
Algo dentro de él se rompió.
La ira reemplazó todo.
Empujó con fuerza.
Y—
Le dio una patada en el estómago a Quian.
—¡Déjame…! —su voz tembló—. Por favor… déjame…
Su visión se nubló.
El mundo se apagó.
—¡Jinxiao! —gritó Quian, sacudiéndolo—. ¡Jinxiao!
No respondía.
El miedo lo golpeó de inmediato.
—¡Nana He!
La mujer llegó rápidamente, alarmada por el tono de voz.
Se acercó.
Colocó su oído sobre el pecho de Jinxiao.
Escuchó.
Evaluó.
Lin no tardó en aparecer, jadeando tras correr.
—¡¿QUÉ LE HICISTE?! —gritó, soltándole una bofetada a Quian que lo sacó de su estado.
—Yo… —intentó hablar, pero no pudo.
Lin y Nana Lee actuaron rápido.
Acomodaron la ropa de Jinxiao.
Lo levantaron con cuidado.
—¡Al hospital, ahora! —ordenó Lin.
No hubo discusión.
Esa noche…
Se suponía tranquila.
Pero ahora…
Todo era caos.
Quian y su hijo salieron detrás de ellos en otro auto.
El alfa aceleró.
Casi sin control.
Logró alcanzarlos.
Llegaron prácticamente al mismo tiempo.
El hospital los recibió con urgencia.
Quian bajó rápidamente.
Tomó a Jinxiao en brazos.
—¡Necesita atención ahora! —exigió.
El doctor lo recibió.
Lo examinó con cuidado.
Minutos que parecieron eternos.
Silencio.
Tensión.
Ansiedad.
Hasta que finalmente salió.
—¿Cómo se encuentra? —preguntó Lin Hao de inmediato.
—Señor Hao, su suegro está bien —respondió el doctor con calma—. Es común que, tras una alteración hormonal, especialmente después de haber perdido al bebé, entre en un sueño profundo.
Lin soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Gracias a Dios…
—Puede pasar a verlo —añadió el doctor.
Lin entró de inmediato.
Pero el doctor no se movió.
Su mirada se fijó en Quian.
—Señor Wang… —su tono cambió—. Creí haberle dicho que no debía alterar a su esposo.
Quian guardó silencio.
—No tiene ni dos meses de lo ocurrido.
El alfa apretó los puños.
—Por pura suerte se desmayó —continuó el doctor—. Si sus feromonas hubieran sido más intensas… su esposo podría haber entrado en coma.
El golpe de esas palabras fue directo.
—No fue mi intención… —murmuró Quian.
—Quian —dijo el doctor, ahora con un tono más personal—. Te lo digo como amigo… si sigues así, obligándolo, presionándolo… vas a perderlo.
Silencio.
Pesado.
Doloroso.
—Ya lo sé… —respondió en voz baja—. Pero no sé qué hacer para que deje de pensar en irse.
Su voz ya no tenía autoridad.
Solo cansancio.
Miró por la ventana.
Ahí estaba.
Lin.
Sentado al lado de la cama.
Acariciando suavemente el rostro de Jinxiao.
Con cuidado.
Con cariño.
Con una cercanía que…
Le dolió más de lo que esperaba.
Quian frunció el ceño.
Ahora que lo observaba mejor…
Podía verlo.
El desgaste.
Las ojeras.
La fragilidad.
No sabía cómo enfrentar la pérdida del bebé.
Ni siquiera sabía qué había pasado realmente ese día.
Había investigado.
Revisado cámaras.
Interrogado.
Pero nada.
Los sirvientes no estaban.
Las grabaciones eran inútiles.
Un vacío.
Y Jinxiao…
Solo repetía lo mismo.
"No pasó nada."
Mentía.
Él lo sabía.
Porque lo había visto.
Llorar a escondidas.
Romperse en silencio.
Incluso…
Intentar quitarse la vida.
Su pecho se tensó.
Algo había pasado.
Algo grave.
Y él…
No había estado ahí.
No había protegido a su omega.
No había hecho nada.
Y ahora…
Tal vez ya era demasiado tarde.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲