Alina siempre creyó que su matrimonio era solo un contrato frío con el hombre más poderoso de la ciudad. Durante tres años vivió ignorada por su esposo, el misterioso empresario Adrián Valek.
La noche en que decide firmar el divorcio, un atentado cambia todo.
Adrián pierde la memoria… y lo único que recuerda es que Alina es la persona más importante de su vida.
Mientras él intenta enamorarla otra vez, enemigos ocultos del imperio empresarial de Adrián comienzan a atacar.
Pero hay un secreto que nadie conoce:
Alina no es una mujer común… ella lleva años investigando quién intentó destruir su vida.
Y ahora que Adrián cambió…
tal vez el amor que nunca existió pueda nacer de verdad.
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La traición del pasado.
El silencio frente a la mansión Valek era pesado.
Las palabras de Victor todavía flotaban en el aire como una tormenta a punto de estallar.
Adrián estaba completamente inmóvil.
—Eso es mentira —dijo finalmente.
Su voz era baja, pero firme.
Victor levantó una ceja.
—¿De verdad lo crees?
Adrián apretó los puños.
—Mi padre jamás traicionaría a su mejor amigo.
Victor soltó una pequeña risa.
—Tu padre no era el hombre perfecto que imaginas.
Alina seguía en silencio.
Pero dentro de ella algo estaba cambiando.
Durante diez años había buscado la verdad sobre la muerte de su padre.
Y ahora…
La respuesta estaba frente a ella.
Adrián.
El hijo del hombre que pudo haber destruido su familia.
Victor observó su expresión.
—¿Lo ves, Aria? —dijo con calma—. El destino tiene un extraño sentido del humor.
Lucas dio un paso adelante.
—¿Por qué decir esto ahora?
Victor lo miró con una sonrisa calculadora.
—Porque es momento de terminar lo que empezó hace diez años.
Adrián frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Victor levantó el colgante nuevamente.
—La bóveda Black.
Sus ojos se movieron hacia Alina.
—Solo tú puedes abrirla.
Alina habló por primera vez desde la revelación.
—¿Y qué te hace pensar que te ayudaré?
Victor sonrió.
—Porque si no lo haces…
Señaló la mansión.
—El imperio Valek caerá.
El silencio volvió a llenar el lugar.
Isabella intervino con voz suave.
—Tal vez deberíamos entrar y hablar con calma.
Sus ojos se movieron hacia Adrián.
—Después de todo… somos familia.
Adrián la miró con frialdad.
—No somos nada.
La sonrisa de Isabella se tensó un poco.
—Eso no es lo que firmaron nuestros padres.
Pero Adrián no respondió.
Porque estaba mirando a Alina.
Y lo que vio en sus ojos lo hizo sentir algo que nunca había sentido antes.
Miedo.
—Alina… —dijo en voz baja.
Pero ella retrocedió un paso.
Sus ojos estaban llenos de dudas.
—¿Tu padre realmente conocía al mío?
Adrián no sabía qué responder.
Porque en ese momento…
Ni siquiera él sabía en quién confiar.
Victor sonrió al ver la distancia entre ellos.
—Los secretos siempre salen a la luz.
Pero justo en ese momento…
Un ruido fuerte rompió el silencio.
El sonido de motores.
Tres camionetas negras aparecieron en la calle frente a la mansión.
Lucas reaccionó inmediatamente.
—Eso no es parte del plan de Victor.
Los vehículos se detuvieron bruscamente.
Las puertas se abrieron.
Y varios hombres armados bajaron.
Adrián dio un paso adelante.
—¿Quiénes son?
Victor frunció el ceño.
—No son míos.
El caos estalló en segundos.
—¡Alina! —gritó Lucas.
Uno de los hombres armados corrió directamente hacia ella.
Otro disparó al aire.
Los guardias de la mansión reaccionaron tarde.
Todo se volvió confusión.
Adrián agarró a Alina del brazo.
—¡Ven conmigo!
Pero uno de los hombres logró alcanzarlos.
Intentó sujetar a Alina.
Adrián lo golpeó con fuerza.
El hombre cayó al suelo.
Pero había demasiados.
Lucas luchaba contra otro atacante.
Isabella gritó mientras dos guardias la protegían.
Victor observaba todo con una expresión tensa.
Pero en medio del caos…
Uno de los atacantes logró lo que quería.
Agarró a Alina por detrás.
Y colocó un arma contra su cabeza.
—¡Nadie se mueva!
Todo quedó en silencio.
El hombre respiraba agitado.
—Ella viene con nosotros.
Adrián dio un paso adelante.
—Suéltala.
El hombre sonrió.
—Ni lo sueñes.
Pero antes de que pudiera moverse…
Alina hizo algo que nadie esperaba.
Se movió rápidamente.
Golpeó el brazo del atacante.
El arma cayó al suelo.
Luego giró y lo golpeó en el estómago con precisión.
El hombre cayó de rodillas.
Lucas lo miró sorprendido.
—Sabía que entrenabas… pero eso fue rápido.
Adrián también estaba sorprendido.
Pero el problema no había terminado.
Porque uno de los atacantes habló por un comunicador.
—El objetivo está confirmado.
Hubo un momento de silencio.
Luego la voz de alguien respondió desde el dispositivo.
Una voz fría.
—Entonces elimínenla.
Los ojos de Alina se oscurecieron.
Porque reconocía esa voz.
Pero lo que dijo después hizo que todos se congelaran.
—Ese es…
Lucas miró su comunicador.
—No puede ser.
Adrián frunció el ceño.
—¿Quién es?
Alina levantó lentamente la mirada.
—El hombre que destruyó a mi familia.
Hubo una pausa.
Y entonces dijo el nombre.
—Marcus Black.
Lucas se tensó.
Adrián frunció el ceño.
—Pero ese es tu…
Alina terminó la frase.
—Mi tío.
El silencio explotó entre todos.
Porque si eso era verdad…
Entonces el verdadero enemigo no era Victor.
Y la guerra que estaba comenzando…
Era mucho más grande de lo que cualquiera imaginaba.