Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
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capitulo 6
🖤 Capítulo 6 — Habitaciones separadas
La noche en la mansión Volkov no era ruidosa.
Era… absoluta.
Elena no recordaba haber estado en un lugar tan silencioso. Ni siquiera en su antigua casa, en las madrugadas más profundas, el mundo se sentía tan vacío.
Ahí, en cambio…
El silencio tenía peso.
Se quedó acostada, mirando el techo, con los ojos abiertos durante lo que parecieron horas. El cansancio estaba en su cuerpo, pero su mente no se detenía.
Pensamientos.
Recuerdos.
Dudas.
Todo mezclado.
Se giró sobre la cama.
Las sábanas seguían intactas, como si nadie realmente durmiera ahí.
Como si esa habitación solo existiera para ser usada… no habitada.
Cerró los ojos.
Intentó forzarse a descansar.
Pero entonces lo escuchó.
Un sonido.
Leve.
Lejano.
Una puerta.
Elena abrió los ojos de inmediato.
Se incorporó lentamente.
Escuchó otra vez.
Pasos.
Firmes.
Medidos.
No necesitaba verlo para saber quién era.
Leonardo.
Había llegado hacía rato… pero ahora se movía por la casa.
A esa hora.
Casi como si el día empezara cuando todo el resto del mundo se detenía.
Elena dudó.
No tenía por qué salir.
No tenía por qué verlo.
No era necesario.
Pero aun así…
Se levantó.
No supo exactamente por qué.
Tal vez curiosidad.
Tal vez aburrimiento.
Tal vez algo más.
Abrió la puerta con cuidado.
El pasillo estaba en penumbra, iluminado solo por algunas luces bajas. Todo seguía siendo perfecto… incluso de noche.
Caminó despacio.
Sin hacer ruido.
Siguiendo ese sonido casi imperceptible.
Hasta que lo vio.
Leonardo estaba en el extremo del pasillo, con la camisa ligeramente desabrochada, sin saco, con una copa en la mano.
Apoyado contra la pared.
Solo.
Mirando hacia la nada.
No parecía el mismo de siempre.
No completamente.
Había algo distinto.
Más relajado.
Más… humano.
Pero duró poco.
Porque en cuanto sintió su presencia…
Giró la cabeza.
Y volvió a ser él.
Frío.
Controlado.
Impenetrable.
—No deberías estar despierta.
Su voz rompió el silencio.
Elena cruzó los brazos suavemente.
—Podría decir lo mismo.
Él no respondió de inmediato.
Solo la observó.
Como si estuviera evaluando por qué estaba ahí.
—No es necesario que te acostumbres a mis horarios.
—No intento hacerlo.
Silencio.
Pero no incómodo.
No del todo.
Había algo distinto.
Una tensión nueva.
—¿Siempre es así? —preguntó Elena.
—¿Así cómo?
—Solo.
Él llevó la copa a sus labios.
Bebió.
Tranquilo.
—Prefiero el silencio.
Elena lo miró unos segundos.
—No parece una preferencia… parece una costumbre.
Eso hizo que él la mirara de una forma diferente.
No más cálida.
Pero sí más atenta.
—¿Siempre analizás tanto?
—Cuando no tengo nada más que hacer… sí.
Pequeño golpe.
Sutil.
Pero directo.
Leonardo dejó la copa sobre una pequeña mesa cercana.
—Podés ocupar tu tiempo como quieras.
—¿Dentro de tus límites?
—Dentro del contrato.
Frío otra vez.
Distante.
Pero ya no tan automático.
Elena avanzó un par de pasos.
No demasiado.
Pero lo suficiente para acortar la distancia.
—Es curioso.
—¿Qué cosa?
—Compartimos una casa… pero no una vida.
Él no se movió.
—Eso ya estaba claro.
—Sí… —murmuró ella—. Pero vivirlo es diferente.
Silencio.
Más denso.
Más real.
Leonardo la observó.
Y por un segundo…
Pareció pensar en algo.
Pero no lo dijo.
—Deberías dormir.
Volvió a lo mismo.
Al control.
Al orden.
A las reglas.
Elena dejó escapar una pequeña sonrisa sin humor.
—¿Eso es una orden?
—Es una recomendación.
—No sonó como una.
Él dio un paso hacia ella.
Lento.
Seguro.
La distancia entre ambos se redujo.
Y por primera vez…
Elena sintió algo distinto.
No miedo.
No exactamente.
Pero sí…
Presencia.
Fuerte.
Imposible de ignorar.
—No confundas las cosas —dijo él en voz baja.
—No lo hago.
—Bien.
Silencio otra vez.
Pero esta vez…
Más cargado.
Más cercano.
Más peligroso.
Elena sostuvo su mirada.
No retrocedió.
No bajó la vista.
Y eso…
Eso no era lo que él esperaba.
Se notó.
Por apenas un segundo.
Pero se notó.
Entonces él se apartó.
Como si esa cercanía hubiera sido suficiente.
O demasiado.
—Buenas noches, Elena.
No “señora Volkov”.
No distancia formal.
Solo su nombre.
Y eso…
Fue más de lo que había tenido hasta ahora.
—Buenas noches, Leonardo.
Él no respondió.
Se giró.
Y se fue.
Sus pasos se perdieron en el pasillo.
Y el silencio volvió.
Pero ya no era el mismo.
Elena se quedó ahí unos segundos más.
Mirando el lugar donde había estado.
Sintiendo todavía esa tensión en el aire.
Esa cercanía breve.
Ese momento que no significaba nada…
Pero que tampoco había sido completamente vacío.
Finalmente, volvió a su habitación.
Cerró la puerta.
Se apoyó contra ella.
Y soltó el aire lentamente.
No entendía por qué…
Pero algo había cambiado.
Muy poco.
Casi nada.
Pero suficiente para que esa casa…
Ya no se sintiera completamente muerta.
Se metió en la cama.
Y esta vez…
El sueño llegó un poco más rápido.
No por paz.
Sino por cansancio.
Pero antes de cerrar los ojos…
Un pensamiento cruzó su mente.
Uno que no debería estar ahí.
Uno peligroso.
Tal vez… no iba a ser tan fácil ignorarse como él creía.