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La Pequeña Esposa Del Señor Douglas

La Pequeña Esposa Del Señor Douglas

Status: En proceso
Genre:La mimada del jefe / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Se supone que mi corazón no debe detenerse cada vez que entras en una habitación...

NovelToon tiene autorización de A.B.G.L para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo VIII

Madison Beckham conocía ese mundo como se conocen las cicatrices grabadas en el alma: sin orgullo, sin sorpresa, con una resignación amarga que no debía confundirse con debilidad. Era una aceptación estoica de su destino, una máscara que ocultaba una herida profunda y nunca cicatrizada.

El club nocturno palpitaba con un pulso artificial, una vibración hueca que intentaba enmascarar su verdadera naturaleza. Luces blancas y plateadas rebotaban sobre cuerpos en movimiento, creando un espejismo de euforia y desenfreno. La música electrónica resonaba en sus oídos como un latido sordo, vibrando en lo más profundo de su pecho. Era uno de esos lugares donde el dinero se lavaba con la misma facilidad que las conciencias, un refugio para los privilegiados que buscaban olvidar sus pecados entre copas caras y risas fáciles. Allí, entre la ostentación y la superficialidad, Madison hacía lo que siempre había hecho: arreglar los errores de su hermano mayor, borrar los rastros de sus imprudencias, convertir el caos en una historia aceptable para el público.

Vestía de blanco, un color que contrastaba con la oscuridad que la rodeaba.

Un vestido ceñido que abrazaba sus curvas con una elegancia provocadora, de escote cuadrado que revelaba la delicada línea de sus clavículas y que descendía hasta la mitad del muslo con una sensualidad peligrosa. Los tacones abiertos, adornados con pequeños diamantes que atrapaban la luz como estrellas fugaces, brillaban al compás de la música, marcando el ritmo de su cautiverio. Su cabello rubio platino caía suelto sobre sus hombros, una cascada de seda que le permitía sentirse libre por unas horas, una rebelión silenciosa contra las cadenas que la ataban a su familia. Con su imponente 1.79 metros de altura, Madison destacaba entre la multitud sin proponérselo: delgada pero con curvas precisas, una presencia inevitable que atraía todas las miradas.

Bebía, reía, bailaba.

No porque fuera ingenua o porque creyera en la fantasía que la rodeaba, sino porque sabía fingir a la perfección. Porque esa era la otra parte de su trabajo: parecer viva y despreocupada mientras todo en su interior se endurecía, mientras su alma se convertía en una piedra fría e impenetrable.

—Por una noche sin llamadas ni chantajes —brindó una de sus amigas, levantando su copa con una sonrisa despreocupada.

Madison alzó su copa, con los ojos brillando con una ironía amarga.

—Por mentir bien y convencernos de que somos felices —respondió, con una voz suave que ocultaba su dolor.

El alcohol ardió agradablemente al descender por su garganta, quemando las mentiras que intentaba tragarse. Por un momento fugaz, casi creyó que podía olvidar sus responsabilidades, que podía escapar de su destino. Pero los Beckham nunca olvidaban a Madison cuando necesitaban solucionar sus problemas. Y ella nunca lograba escapar de ellos por completo.

El cambio en el ambiente fue sutil, casi imperceptible para un ojo inexperto. Un silencio mal colocado entre el murmullo constante de la multitud, un movimiento rígido entre los cuerpos que se balanceaban al ritmo de la música. Madison lo sintió en el aire, como una descarga eléctrica que le erizó la piel.

El guardaespaldas de su padre avanzó hacia ella con paso firme y decidido, abriéndose camino entre la multitud como si fuera un muro de carne.

Grande, macizo, con el rostro pétreo y la mirada vacía. Un autómata programado para obedecer.

—No —dijo ella, su voz tensa y apenas audible—. No ahora, por favor.

No hubo respuesta. El hombre continuó avanzando, ignorando su súplica. Su mano se cerró alrededor de su brazo con una fuerza brutal que no dejaba lugar a la negociación, apretando su piel como si intentara marcarla como de su propiedad. Madison se resistió, intentando zafarse de su agarre, pero el club siguió girando a su alrededor, indiferente a su lucha. Nadie intervenía para ayudarla. Nadie nunca lo hacía.

—¡Suéltame, maldito idiota! —espetó, con la voz cargada de rabia y desesperación.

La arrastraron fuera del club, sin importar sus protestas. El aire frío de la noche la golpeó de lleno, haciéndola temblar. La camioneta negra estaba allí, esperándola como un viejo conocido, un presagio de su destino. La empujaron al interior del vehículo sin miramientos.

El golpe llegó de inmediato, cortando su protesta de raíz.

Una bofetada seca y brutal que le hizo estallar la cabeza contra el respaldo del asiento. El mundo se volvió ruido blanco, una cacofonía de sonidos distorsionados que la desorientaron. Madison apenas pudo enfocar su mirada cuando lo vio aparecer en su campo de visión.

Jeremy Beckham.

El mismo rostro severo y sin arrugas que siempre la había intimidado, la misma mirada fría y calculadora que le hacía sentir como un objeto, el mismo terror aprendido desde la infancia que volvía a apoderarse de su cuerpo.

—¿Creíste que podías humillarme de esa manera, Madison? —rugió, su voz cargada de una furia contenida que amenazaba con desbordarse—. ¿Delante de ese hombre?

Madison tragó saliva con dificultad, sintiendo el corazón latiendo desbocado en su pecho.

—Papá… yo… lo siento… no era mi intención…

Pero Jeremy no escuchó sus disculpas. Nunca escuchaba sus razones, nunca le daba la oportunidad de explicarse.

La camioneta arrancó y avanzó a toda velocidad por las calles oscuras de la ciudad. Madison supo a dónde se dirigían antes de que llegaran a su destino. Su cuerpo lo supo en lo más profundo de su ser. El miedo le subió por la espalda como un animal antiguo, paralizándola con su terror.

—Por favor, papá —susurró, con la voz temblorosa—. Por favor, no me lleves allí otra vez…

El edificio apareció entre las sombras, emergiendo de la oscuridad como un monstruo silencioso. El edificio sin nombre, sin ventanas, sin alma. El que no figuraba en ningún mapa ni registro oficial. El que vivía en su memoria como una herida abierta, supurando dolor.

La bajaron de la camioneta a empujones, sin importar sus protestas. Madison se aferró al marco de la puerta con todas sus fuerzas, gritando, suplicando que la dejaran en paz. Sus palabras se rompían contra el silencio implacable de la noche, perdiendo toda su fuerza. Jeremy no vaciló en su determinación.

La habitación negra la esperaba, reclamando su presencia.

Oscura, fría, vacía de todo excepto de recuerdos dolorosos.

La empujaron al interior con brutalidad. La puerta se cerró tras ella con un sonido seco y definitivo, sellando su destino. El cerrojo giró con un chasquido metálico, aprisionándola en la oscuridad.

Madison cayó de rodillas sobre el suelo frío, temblando incontrolablemente. El aire parecía más pesado allí dentro, opresivo y asfixiante. Las paredes absorbían el sonido como si se alimentaran de su miedo, dejando tras de sí un silencio sepulcral. Su respiración se volvió errática, desordenada, como si sus pulmones se negaran a llenarse de aire.

No otra vez, pensó con desesperación.

No puedo soportar volver a pasar por esto.

Pero la pesadilla ya había despertado, reclamando su atención.

Imágenes antiguas brotaron en su mente sin permiso, desfilando ante sus ojos como fantasmas del pasado: gritos ahogados en la oscuridad, castigos disfrazados de disciplina, noches interminables donde aprendió que el amor podía doler más que el odio. Se abrazó a sí misma con fuerza, tratando de mantenerse entera mientras los recuerdos la devoraban desde dentro, arrancándole pedazos de su cordura.

Gritó con todas sus fuerzas, pero su voz se perdió en la oscuridad. Nadie respondió a su llamado. Suplicó clemencia, pero la oscuridad no tuvo compasión de ella.

Allí, encerrada en la habitación negra, Madison Beckham entendió algo con una claridad devastadora: no importaban los vestidos de diseñador ni las joyas costosas, no importaba el prestigio ni las sonrisas falsas que mostraba en público. Para su padre, siempre sería un instrumento, una herramienta para alcanzar sus objetivos. Un sacrificio aceptable que podía ofrecer sin remordimientos. Las lágrimas rodaron por sus mejillas en silencio, no de debilidad, sino de furia contenida, la rabia creciendo como una bestia enjaulada en lo más profundo de su ser.

Y en algún lugar de la ciudad, ajeno a su sufrimiento, Kennedy Douglas había puesto sus ojos sobre ella, desatando una cadena de eventos que cambiarían sus vidas para siempre.

Mientras tanto, en la fría opulencia del penthouse, Kennedy Douglas analizaba los datos que Alexander Moore le había proporcionado sobre Madison Beckham. Rutinas, amistades, lugares frecuentados, incluso los detalles más íntimos de su vida privada. Pero no encontraba lo que buscaba. La información era superficial, no revelaba la verdadera esencia de la mujer que se escondía tras la fachada de perfección.

—Esto no me sirve —dijo, con el ceño fruncido—. Quiero saber qué la impulsa, qué la motiva, qué la aterra. Quiero conocer sus secretos más oscuros.

Alexander suspiró.

—Eso lleva tiempo, Kennedy. Y dinero. La gente no suele revelar sus secretos gratis.

—Pues encontraremos la forma de que lo hagan —respondió Kennedy, con una determinación implacable—. Todos tienen un punto débil. Solo hay que saber dónde presionar.

La noche avanzaba, espesa y silenciosa, cargada de promesas rotas y peligros ocultos. Kennedy Douglas sentía que se acercaba a la verdad, pero también sabía que el camino estaría lleno de obstáculos y desafíos. Madison Beckham no era una pieza fácil de manipular. Era una mujer inteligente, astuta y con una fuerza interior que no debía subestimarse, pero Kennedy no se dejaba intimidar fácilmente. Había superado pruebas mucho peores a lo largo de su vida. Y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para conseguir lo que quería.

Incluso si eso significaba desatar una guerra contra la familia Beckham.

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Malu Enriquez
Pinta interesante 😸
Anonymous
Interesante
Anonymous
Hasta aquí en este último y penúltimo capítulo fue q me pareció interesante esta novela, espero lo sea
Lelis Vellejo
Me está gustando la historia 👏
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