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La Cura No Es El Olvido.

La Cura No Es El Olvido.

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Jakelyn Arevalo

En el corazón de un pueblo olvidado donde la guerra es el único idioma que se habla, Isaí, una joven doctora de 23 años, lucha cada día por arrebatarle vidas a la muerte. Su mundo de batas blancas y juramentos éticos se tambalea cuando conoce a Antonio, un guerrillero marcado por la pólvora cuya sola presencia es una sentencia de peligro.
Lo que comienza como una cura clandestina se transforma en un romance prohibido que desafía toda lógica. Sin embargo, en un lugar donde la lealtad se paga con sangre, el amor es un lujo mortal. Convencido de que su cercanía es la mayor amenaza para la mujer que ama, pero el reto y desafío más grande que enfrentar es un inesperado embarazo que sirve de ruleta a huir dejando a atrás los sueños por amor no es la Cura al olvido.

NovelToon tiene autorización de Jakelyn Arevalo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: El ojo de la serpiente.

Aquella noche en San José todo está tranquilo, era inusualmente clara, pero el ambiente externo generaba una incertidumbre, pero para Isaí y Antonio no era más que una noche con una luna de plata preciosa, que iluminaba hasta el último rincón de los cafetales y se dejaba colar en el reflejo de la ventana generando y provocando un ambiente gustoso para los dos.

Dentro del consultorio, el mundo se reducía al calor de una vela y al susurro de las confesiones. Antonio se había quitado la guerrera, dejando ver la cicatriz que Isaí cuidaba con devoción, mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro, ajena al peligro que acechaba tras el vidrio.

—Si nos descubren, Antonio... —murmuró ella, trazando círculos en su brazo mostrándose angustiada y vulnerables.

—Nadie me vio bajar, doctora te lo aseguro. Mis hombres creen que estoy patrullando el lindero sur jamás pensaran que vengo a parar al pueblo—respondió él, besándole la frente con una seguridad que se desvanecería en segundos todo rastro de temor que ella sentía.

Mientras entre el silencio afuera, una sombra se movía con la precisión de un depredador buscando su presa. Era Eliécer, el compañero más despiadado de Antonio, del cual todos tenían, no por su poder o influencia si no porque era quien dejaba en evidencia hasta lo más mínimo para quedar bien, esa noche no se había tragado la historia de la patrulla solitaria.

Había seguido el rastro de unas botas que no buscaban al enemigo, sino una dirección prohibida.

Eliécer se pegó a la pared de adobe, conteniendo la respiración. Se asomó apenas unos centímetros por el borde de la ventana. Lo que vio le heló la sangre y encendió su rabia: su compañero casi comandante, por no tener fallos ni errores en su puesto estaba traicionado sus principios y estaba desarmado y vulnerable en los brazos de una mujer civil, de las cuales el tampoco podía aprovechar.

El crujido de una bota sobre la madera seca del porche fue casi imperceptible, pero Antonio, entrenado por años en la selva, se tensó al instante.

—¡Quédate ahí! —le susurró a Isaí, alcanzando su fusil en un movimiento felino.

Antonio salió por la puerta trasera, buscando interceptar la amenaza, pero se encontró de frente con el cañón del arma de Eliécer apuntándole al pecho. Los ojos de su compañero brillaban con una mezcla de traición y desprecio.

—Así que esta es tu "misión especial" al patrullar la zona sur, Antonio —dijo Eliécer con una voz cargada de veneno—. Cambiaste la revolución por una mujer civil que porta una bata blanca.

—Baja el arma, Eliécer. Esto no tiene que ver con la unidad —replicó Antonio, su voz era una orden fría, pero sus ojos delataban el desespero viéndose acorralarlo de su falla.

—Lo tiene todo que ver replicó Eliécer. Si el Comandante se entera de que duermes con la ley del pueblo, te fusilan a ti... y a ella la borran del mapa para que no hable conoces las reglas y las estás rompiendo.

—Vuelve al campamento ahora mismo —sentenció Eliécer, bajando el arma pero sin dejar de amenazar con la mirada—. Por hoy, guardaré tu secreto, pero solo porque te debo un ligero favor. Pero recuerda esto, Antonio: esa mujer es tu sentencia de muerte. Y si tú no la matas, entre tú enredo, el olvido lo hará por ti. Mientras en su mente retumbaba — fácilmente yo también terminaría con ella.

Esa noche, el engaño dejó de ser un secreto entre dos cuerpos, ya era un secreto compartido convirtiéndose en una cuenta regresiva de mayor fuerza para Antonio.

Antonio regresó a la montaña bajo la vigilancia de Eliécer, dejando a Isaí sola y sin explicación más que un:

—" quédate ahí " retumbando en su cabeza

1
Elizabeth Medina
uuufffff que va pasar con esta doctora
Elizabeth Medina
que fuerte
Elizabeth Medina
que fuerte decisión de Antonio pero tiene que proteger a la doctora
Elizabeth Medina
bueno veremos que pasa con esta doctora y ese desconocido
Jakelyn Arevalo
Los invito a ver parte de mi historia, en 25 capítulos que continuará 😘😘😘
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