La joven Caramel tiene una nueva oportunidad de vida, y está decidida a no cometer los errores del pasado, tomar sus propias decisiones, si puede, desquitarse un poco de aquellos que la hicieron sufrir y ¿por qué no? Encontrar un verdadero amor.
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Apuesta
Reina Stella: Caramel, hija, ahora que eres la esposa oficial de Gavin, te pido que dejes de hacerle bromas pesadas, su atención ya está sólo en ti, así que a partir de ahora deberás ser una damita sumisa ante su marido, él siempre tendrá la razón y debes aceptar su amor y atención tal cual te lo demuestre. Recuerda, él es hombre y todo lo que hace está bien.
Caramel: ¿En serio majestad? ¿Usted hace eso? Siempre creí que el verdadero poder de un hombre está en la mujer a su lado, la he admirado mucho tiempo creyendo que así eran usted y su majestad.
Reina Stella: Ah, cariño, claro que las mujeres tenemos poder, lo que te sugiero hacer con Gavin es ganarte su corazón y confianza; una vez que él confíe plenamente en ti, puedes susurrar a su oído las cosas que necesitas y él te las concederá.
Caramel: (Con ironía) Lo siento mucho, majestad, mi carácter no da para tolerar a chicos… como Gavin. Además, desde que nos conocemos él me ha tratado mal, aun cuando al inicio hice lo que usted menciona, lo trataba bien, lo alababa, era dócil y hacía todo lo que él me pedía, y ¿qué gané? Que me difame diciendo que yo arruino su vida y ahora tras el castigo del Rey no dudo que me tratará peor.
Reina Stella: (Con una sonrisa fingida) ¿Castigo… el compromiso? Cariño, creo que exageras…
Caramel: Sabe que no majestad, si desea podemos hacer una apuesta.
Reina Stella: (Sorprendida) ¡Niña! Eso no lo hace una verdadera dama.
Caramel: Yo creo que sí majestad, así que démosle tres días, si él me trata mal, me menosprecia o me agrede verbalmente, usted ya no me presionará para que lo trate bien, además de que hará la vista gorda ante mis pequeñas venganzas.
Reina Stella: (Molesta) Pero Caramel, ¡¡qué cosas dices…!! ¡¡Así no se porta una princesa!!
Caramel: Sólo digo la verdad majestad, la pura verdad. Creo que, si usted se niega, es porque sabe que perderá.
Reina Stella: (Ofendida) ¡Niña! No me provoques… tu madre y yo somos mejores amigas, pero eso no quiere decir que debo tolerarte.
Caramel: Lo siento Majestad, se que mi madre y usted son mejores amigas porque coinciden en su forma de pensar, pero lamentablemente yo tengo más el carácter de mi padre. He intentado ser como mi progenitora, pero creo que ya me cansé, siento mucho si mis palabras la ofenden. Créame, la comprendo bien, si yo tuviera un hijo como Gavin sabría que es incapaz de tratar bien a una chica como yo y jamás aceptaría una apuesta conmigo.
Reina Stella: (Molesta) Sabes que no es eso, así que tres días… pero si en estos días él te trata bien, entonces, deberás actuar como una dama noble… sin chistar… ¿entendido?
Caramel (Con gran confianza y una sonrisa): Claro majestad.
La buena noticia, para mí, es que en cuanto me vio, Gavin comenzó con su alharaca.
Gavin: Oye tonta, debes estar muy contenta ¿verdad? Finalmente te has convertido en mi esposa, pero esta es la peor decisión que tomaste, no olvides que soy superior a ti, y ahora no tienes al idiota de Acedo para defenderte, así que me pagarás una a una las ofensas que me has hecho. ¡¡Lamentarás cada día de tu vida haber rogado ser mi prometida!!
Caramel: (Mirando hacia la reina) Claaaaro… ¿Quieres decir que no me quieres y me vas a hacer sufrir?
Gavin: Sabía que eras estúpida pero no creí que tanto, claro que te odio, y jamás, escúchame bien, JAMÁS me casaré con alguien tan malvado como tú.
Reina Stella (molesta): ¡Gavin! ¿Esa es la forma de tratar a tu prometida? Creí haber dejado ayer muy en claro que debes ser cortés y caballeroso con ella… ¿cómo es que ahora la amenazas?
Gavin: (Con pánico en su rostro) ¡Madre!… Disculpa… no creí que estuvieras aquí…
Caramel: Es decir, que si su Alteza no estuviera aquí, el comportamiento anterior sería lo habitual… (susurrando al oído de la reina) creo que ya perdió majestad.
Dicho lo anterior, simplemente hice una reverencia perfecta y entré a la biblioteca.
Pese al regaño de la Reina, al siguiente día Gavin se la pasó jalándome del cabello, yo me traté de portar bien, inclusive en una ocasión sentí claramente cómo se llevó un mechón completo por la fuerza que imprimió, así que definitivamente dejé que el dolor hablara y me eché a llorar…
Para mi fortuna, mi suegra iba llegando con un grupo de damas de la alta sociedad y la escena con la que se encontraron fue al joven príncipe, diciéndome cosas crueles sobre mi aspecto, un mechón de mi cabello en su mano y a mí llorando amargamente.
La autora de mis días era parte del grupo, corrió rápidamente hacia a mí, tratando de consolarme, yo gritaba más fuerte que nunca diciendo que no quería casarme con un niño tan malo como el Príncipe Gavin.
Con tantas pruebas en su contra, afortunadamente fue castigado y la reina no tuvo más que admitir que había perdido, por lo que tuvo que aceptar que siempre me vengaré de cada ofensa que me haga su hijito adorado, así que acordamos que no debo rebasar ciertos límites, sí desquitarme, pero nada que ponga en riesgo la vida o dignidad pública del chamaco este.
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