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Bajo El Cielo De Madrid

Bajo El Cielo De Madrid

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Amor eterno
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Camila Da Ponte

Bajo el cielo de Madrid

Camila viaja a España con su pequeña hija buscando una nueva oportunidad. Lo que nunca imaginó era que su vida cambiaría al conocer a Nicolás Ferrer, uno de los futbolistas más importantes del mundo.

Él lo tiene todo... excepto paz. Ella solo busca empezar de nuevo. Pero cuando el destino insiste en cruzar sus caminos, ambos deberán decidir si están dispuestos a arriesgarlo todo por un amor que nunca debió existir.

NovelToon tiene autorización de Camila Da Ponte para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una madre luchadora

Capítulo 7: Una madre luchadora

El despertador sonó a las seis de la mañana, pero Camila ya estaba despierta.

Había pasado gran parte de la noche dando vueltas en la cama. No por preocupación, sino porque su cabeza no dejaba de recordar los últimos días. Madrid comenzaba a sentirse como un hogar y el trabajo en el Grupo Ferrer era mucho mejor de lo que había imaginado. Sin embargo, había algo que la inquietaba.

Cada vez que pensaba en Nicolás Ferrer, su corazón reaccionaba de una manera que no lograba comprender.

Se incorporó despacio para no despertar a Lola y caminó hasta la pequeña cocina. Preparó café mientras observaba por la ventana cómo el cielo madrileño comenzaba a iluminarse.

—Hoy va a ser un buen día —se dijo a sí misma.

Minutos después sintió unos pequeños brazos rodear su cintura.

—Buenos días, mamá.

Camila sonrió antes de girarse.

—Buenos días, princesa.

Lola todavía llevaba el cabello despeinado y los ojos medio cerrados.

—¿Otra vez te levantaste antes que yo?

—Alguien tiene que prepararte el desayuno.

—Cuando sea grande voy a preparártelo yo.

Camila soltó una pequeña risa.

—Trato hecho.

Las dos desayunaron juntas entre risas. A pesar de las dificultades económicas, Camila hacía todo lo posible para que su hija nunca sintiera el peso de los problemas.

Después de vestirse, caminaron juntas hasta el colegio donde Lola había comenzado las clases hacía apenas unos días.

La pequeña todavía estaba adaptándose, pero ya había hecho dos amigas.

Antes de entrar, abrazó a su mamá.

—¿Me venís a buscar después?

—Siempre.

—¿Lo prometés?

Camila besó su frente.

—Te lo prometo.

Ver a Lola entrar al colegio con una sonrisa era suficiente para recordarle por qué había dejado toda su vida en Argentina.

No se arrepentía.

Había tomado la decisión correcta.

Cuando llegó al Grupo Ferrer, el movimiento era intenso.

Los empleados caminaban de un lado a otro organizando reuniones, respondiendo llamadas y revisando informes.

—Buenos días, Camila —saludó Elena.

—Buenos días.

—Hoy tenemos bastante trabajo.

—Perfecto.

Martín apareció con varias carpetas.

—Necesito que prepares toda esta documentación antes del mediodía.

Camila las tomó sin dudar.

—Enseguida.

Trabajó durante horas sin levantar prácticamente la vista de la computadora.

Era rápida, organizada y detallista.

Cada documento quedaba perfectamente archivado.

Cada correo respondido a tiempo.

Cada tarea terminada antes del plazo previsto.

Eso no pasó desapercibido.

Desde el último piso, Laura Gómez observaba el desempeño del nuevo personal.

—Se adapta muy rápido —comentó.

Uno de los supervisores asintió.

—Es una de las mejores incorporaciones de este año.

Al mismo tiempo, Nicolás terminaba una reunión con varios inversores.

El encuentro había sido un éxito, pero su mente seguía demasiado dispersa.

Mientras caminaba por el pasillo principal, vio a Camila al fondo de la oficina.

Ella no lo había visto.

Estaba concentrada ayudando a una compañera con unos informes.

Nicolás disminuyó el paso.

La observó durante unos segundos.

No había cámaras.

No había periodistas.

No intentaba llamar la atención.

Simplemente trabajaba.

Y, por alguna razón, esa sencillez le parecía mucho más atractiva que cualquier cosa a la que estaba acostumbrado.

—¿Nicolás?

La voz de su representante lo hizo volver a la realidad.

—¿Sí?

—Tenemos que irnos.

Él asintió, aunque antes de entrar al ascensor volvió a mirar discretamente hacia el escritorio de Camila.

A la hora del almuerzo, Camila decidió comer en una pequeña plaza cercana a la empresa.

Necesitaba un poco de aire fresco.

Se sentó en un banco con un sándwich y un jugo mientras observaba a las familias pasear.

Extrañaba Argentina.

Extrañaba a sus padres.

Pero sabía que no podía vivir de la nostalgia.

Debía construir un futuro.

Sacó su teléfono y encontró un dibujo que Lola le había hecho la noche anterior.

En la hoja aparecían ellas dos tomadas de la mano bajo un enorme sol amarillo.

Debajo podía leerse con letras infantiles:

"Te quiero mucho, mamá."

Camila sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

Guardó el dibujo con cuidado.

Ese pequeño papel valía más que cualquier otra cosa.

Al terminar la jornada pasó a buscar a Lola por el colegio.

La niña salió corriendo apenas la vio.

—¡Mamá!

Camila la recibió entre sus brazos.

—¿Cómo estuvo el día?

—¡Muy bien! La señorita dijo que dibujo muy lindo.

—¿Sí?

—Y también aprendí una canción.

Durante el camino de regreso, Lola no dejó de hablar.

Le contó todo lo que había hecho en clase.

Camila la escuchaba sonriendo.

Esos momentos eran los que realmente daban sentido a su vida.

Al llegar al departamento prepararon la cena juntas.

—¿Puedo ayudarte?

—Claro.

Lola revolvía la salsa con mucho cuidado mientras Camila cocinaba la pasta.

La cocina se llenó de risas.

—Cuando tenga una casa grande voy a cocinar todos los días con vos.

Camila la abrazó.

—No importa si la casa es grande o pequeña.

Mientras estemos juntas, siempre será nuestro hogar.

Lola apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Te quiero mucho, mamá.

—Yo también te quiero, princesa.

Muchísimo.

Esa misma noche, Nicolás regresó a su departamento después de un entrenamiento.

Encontró a Valentina hablando por videollamada con una marca de ropa.

Apenas lo saludó.

Él fue directamente a la cocina y se sirvió un vaso de agua.

Cada día sentía que la distancia entre ellos era mayor.

No discutían.

Pero tampoco compartían momentos.

Cuando terminó la llamada, Valentina se acercó.

—¿Todo bien?

—Sí.

—Te noto raro desde hace unos días.

Nicolás forzó una sonrisa.

—Solo estoy cansado.

Ella asintió, aunque no parecía convencida.

Más tarde, ya acostado, Nicolás intentó dormir.

Pero antes de cerrar los ojos volvió a aparecer en su mente la imagen de una mujer de cabello castaño claro y ojos marrones que sonreía mientras hablaba con sus compañeros de trabajo.

Abrió los ojos de inmediato.

—Esto tiene que parar —murmuró.

Se dio la vuelta intentando dormir.

Sin saberlo, mientras él luchaba por entender lo que sentía, Camila abrazaba a Lola antes de apagar la luz, convencida de que su única prioridad era darle la mejor vida posible.

Ninguno de los dos imaginaba que el destino apenas estaba comenzando a unir sus caminos.

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