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La Épica De Los Antiguos

La Épica De Los Antiguos

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Mitos y leyendas / Acción
Popularitas:59
Nilai: 5
nombre de autor: Bastian Silva

El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará

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entrenamiento

Había pasado un día desde que el pecoso comenzó a entrenar con Void. Ya tenía los brazos con moretones por la paliza que le dio el hombre, pero como Jean le había mencionado la noche anterior, solo sabía defenderse a puño limpio, a pesar de que jugase sucio utilizando cualquier cosa para defenderse y usarla como arma. Edgard lo llevó al patio de la casa, el cual era bastante amplio y las cercas medían tres metros de altura, ya que se encontraba en dirección al bosque.

Los ojos de Jean estaban decorados por ojeras; apenas durmió una hora, cosa bastante normal, ya que el remordimiento de provocar la muerte de dos personas en una sola noche se sumaba al descubrimiento de que todo lo que sabía de sí mismo era mentira. Aprovechó la madrugada para llorar amargamente hasta una hora antes del amanecer, cuando fue despertado por su nuevo tutor para entrenar. Sin embargo, al castaño no le importó esto.

—Veamos qué sabes hacer con esto —dijo Edgard invocando una espada de madera. La arrojó a los pies del joven, que la recogió con nervios.

—Espera —dijo Jean nervioso y sacudiendo sus manos.

—Solo ten en cuenta que soy un enemigo, tienes un arma a tus pies y debes defenderte —dijo Edgard invocando otra espada de madera mientras corría hacia el adolescente, saltaba y hacía un ataque descendente. Jean logró bloquear el ataque poniendo su arma en posición horizontal, pero el golpe, junto al peso del hombre, hizo que los brazos del joven no resistieran el impacto, siendo empujado un par de metros.

Edgard usó ese instante para deslizar horizontalmente el palo en dirección al vientre de Jean. El joven se quejó del dolor, pero intentó reincorporarse dándole una estocada en el hombro derecho; Void usó este error para volver a golpearle en el abdomen; sin embargo, el pecoso otra vez atacó, impactándole en el esternón.

—Nada mal para un novato, pero ten en cuenta que ya moriste dos veces. Entrenarás con un maniquí para mejorar el uso de la espada; cuando vea que puedes usarla mejor, volveremos a pelear —dijo Edgard.

—Está bien, como digas —respondió Jean jadeando por el dolor de su abdomen y tocándoselo con la mano izquierda.

Void invocó tres maniquíes del vacío a su costado. Eran blancos, estaban rellenos de algodón, tenían un esqueleto de metal e incluso engranajes que sobresalían de los hombros. La cara estaba hecha de un material fino, similar a la cerámica.

—Vas a entrenar tres días con estas cosas —dijo Edgard—, luego veremos lo de tus habilidades, ya que es muy complicado de explicar.

Edgard entró en la casa dejando al muchacho solo con los autómatas. El pecoso comenzó a golpear con rudeza a uno de los maniquíes hasta el hartazgo, continuando así todo el día, mejorando un poco al tomar el arma de madera. Llegó la noche y Jean se fue a bañar al segundo piso, ya que estaba bastante sudado. Las escaleras estaban adornadas con cuadros de fotografías que colgaban de la blanca pared.

El baño estaba en frente de dos habitaciones y al costado derecho de una tercera. La primera habitación era de Lisa; su cama era una queen size y su cobertor era de un color rojo; la mesa de noche era de color negro; sobre ella había una lámpara de lava y un cuadro con la foto de la muchacha junto a Kevin, en la que estaban abrazándose en un parque de atracciones. Un enorme peluche de un oso negro estaba al pie de la cama y varios pósters estaban pegados en la pared. Al lado de la puerta tenía un televisor anclado al muro y la pared siguiente era la del clóset.

La adolescente estaba en la cama, sentada, jugando con un mando de PS4 mientras conversaba con su tío acerca de sus heridas. El hombre le acariciaba la mollera con cariño, diciendo: «Estarás bien». La joven sonrió: «Lo sé», girando levemente la cabeza cuando notó que Jean miraba desde fuera. Su expresión amable cambió drásticamente por una amarga, criticando al antiguo con la mirada.

—¡Hey! —dijo Jean saludando nerviosamente, ya que la mirada de la muchacha le hacía recriminarse a sí mismo por no ayudarla cuando el esqueleto la golpeó.

—¡Muévete, imbécil! —gritó Lisa, roja del enojo, apuntando con su dedo índice a la cara de Jean; una bola roja salió disparada de la falange, impactando en la mejilla derecha del pecoso, pero no se detuvo y siguió golpeando las mejillas varias veces, haciendo que el joven escupiera sangre.

—¿Qué fue eso?, maldita bruja —preguntó el antiguo.

—Lisa, ya déjalo, te dije que la inestabilidad de tu poder puede comprometernos a todos —ordenó Edgard.

—Está bien, pero si vuelvo a verlo mirando dentro de «mi» habitación, volveré a usarlo —amenazó la joven usando su habilidad para cerrar la puerta. Jean siguió caminando para llegar al baño, pero fue interrumpido por Kevin, quien salió de allí sin ningún gesto de odio o repelús.

—Edgard me contó todo —dijo el rubio calmadamente, caminando hacia su cuarto—. Solo sigue entrenando.

—¿Aún están lastimados? —preguntó Jean al ver que su rival se tocaba las zonas afectadas.

—A ti no te interesan las personas, Jean, pero sí, aún lo estoy. La habilidad de Edgard también tiene un límite, pero nosotros no —dijo Kevin.

—¿Qué era la habilidad de esa chica? —preguntó el pecoso.

—Según Edgard y ella, puede manipular la sangre. Te atacó con su sangre —contestó el australiano—. Su habilidad le provoca dolor y no quiero que lo sienta nunca más, y si veo que no le ayudas otra vez, voy a quebrarte un brazo de un golpe.

—Sabes muy bien que yo no sé cómo usarlo, apenas llevo dos días, denme un respiro —dijo Jean. —Hay cosas que están más en juego que tu identidad. Andersen es amigo de Void, pero si se entera de que Edgard nos cubrió, lo asesinará y también a Lisa —dijo Kevin—. También me dijo que te dolía al usar tu elemento.

—Sí, es verdad —admitió Jean.

—Qué raro, yo nunca sentí dolor cuando usaba la arena por primera vez, después de despertar en este siglo. Solo me sentía cansado —dijo Kevin—. Ya báñate de una vez, que apestas a sudor.

El australiano entró en su cuarto, que tenía una cama king con cobertor azul marino, una mesa de noche repleta de stickers de diversa temática y las paredes llenas de pósters de bandas de rock como Queen y Foo Fighters; había también imágenes de canguros y la bandera de Australia. Tenía un escritorio negro con un portátil rojo, un cuadro con la foto de los dos Strathman junto a él; además, una silla negra siempre estaba pegada al mueble. Una guitarra eléctrica de color blanco reposaba en la pared del clóset junto a un amplificador.

—Arkana —dijo el rubio recostándose en su cama. Se frotó la frente y se quitó la banda roja, revelando unas puntiagudas orejas.

Según Kevin, pasó una semana dentro de la dimensión de bolsillo de Edgard. A pesar de ser solo un día, se encontraba sanando sus heridas cuando sintió que algo le observaba. No eran las bestias de Void, puesto que estas siempre se encuentran en un estado de sueño y no piensan por sí mismas.

—Ayúdame, la tierra te necesita —dijo la misma voz que escuchó Jean cuando estuvo dentro.

—¿Qué eres? —preguntó Kevin con mucho miedo.

—Me atraparon aquí, en el Arkana. En verdad hace mucho que me olvidé de la respuesta correcta a esa pregunta; puedes tomarme como un guía, si lo deseas.

—¿En qué puedo ayudarte? No sé dónde estoy ni por qué fuiste encerrado aquí en primer lugar —respondió el rubio.

—Muy simple, debes matar lo que generó el caos en la tierra.

—¿Y cómo sé que no me vas a engañar? —preguntó el australiano.

—Yo no miento, la tierra en un principio fue alterada por criaturas belicosas, provocando que los inocentes sufrieran, ¿no recuerdas acaso eso?

—No sé a qué te refieres.

—Me refiero a tu tierra natal, αιώνια κόκκινη γη.

—¿Qué significa eso? —preguntó Kevin, sintiendo como algo envolvía su cuerpo. La cabeza le dolía bastante, creyendo que le iba a explotar—. ¿Qué te hace creer que no soy?

—Un humano, niño, tus orejas y ojos te delatan; tienes una pregunta sobre de dónde vienes, puedo responderte a eso si me dejas, claro está. Puedo sentir tu inquietud, cómo no estás completo, algo te falta y quieres saber de tu mundo; YO soy la respuesta.

—Yo... sí quiero —dijo Kevin en un sincero tono de angustia.

—Vamos entonces, permíteme contarte una historia. Había una vez, hace 200 millones de años, en el continente de Gondwana...

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