Keile es el hijo de un estricto general toda su vida fue criado entre régimen reglas y perfección su ojos verdes siempre alerta siempre fríos y distante no omite errores si piel blanca y su cabello dorado no van encanja dentro de los estándares de soldado para el que fue creado a sus 24 años no conoce el amor lo concidera un distracción de lo que realmente importa sengu el.
Su nemesis Brayan hijo del más temido mafioso fue criado de forma muy distinta sin reglas sin estándares
Lejos de la perfección extrema y rodeado no solo de lujos también de amor de pies impecable ojos grises y complexión musculosa a sus 25 años es listo escurridizo estratégico su mente es analítica cuando debe
ambos comienza una rivalidad desde el jardín de infancia cuando Brayan derramó sin queres sobre la mochila de Keile un juego de uva desde entonces Keile lo a visto como un ejecutivo pero mientras el va enserio en querer hundirlo Brayan se divierte viendolo intentar y fracasar tomado todo como un juego
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Hogar dulce mafia
Brayan
Entré en la mansión silbando una de esas canciones de trap que sé que vuelven locos a los guardias de la entrada. Me encanta este lugar; es un caos de lujo, gente riendo, olor a buena comida y ese sentimiento de que, mientras estés aquí, el mundo exterior no puede tocarte. A diferencia de las celdas de cristal donde vive Keile, mi casa tiene alma.
Pasé por la cocina y robé una manzana, guiñándole un ojo a la cocinera que me regañó de broma. Subí las escaleras de dos en dos y entré al despacho de mi viejo sin llamar. ¿Para qué? En esta familia, las puertas están para cerrarse solo cuando hay problemas, y hoy yo me sentía como un rey.
Mi padre estaba revisando unos mapas, con ese aire de jefe que impone respeto a kilómetros, pero en cuanto me vio, sus ojos se ablandaron. Esa es la diferencia: mi viejo no ve un "activo", me ve a mí.
—¡El hijo pródigo regresa! —exclamó él, soltando un puro sobre el cenicero y abriendo los brazos—. Me dijeron que te estabas divirtiendo en el muelle. ¿A quién hiciste perder la cabeza esta vez?
Me lancé sobre el sofá de cuero, estirando los brazos por el respaldo.
—A un Alfa que tiene más nudos en la espalda que una red de pesca, papá —solté con una carcajada, recordé el rostro de Keile su cara mientras yo jugaba con su guante lanzándolo al aire para atraparlo—. Deberías haber visto su cara. Estaba tan confundido que casi olvido que quería arrestarme.
Mi padre soltó una risa profunda, de esas que te calientan el pecho. Se acercó y me revolvió el pelo, un gesto que Keile probablemente no ha recibido en toda su vida.
—Eres igual a tu madre, Brayan. Un espíritu libre. Pero recuerda que incluso los pájaros tienen que bajar al nido de vez en cuando —se sentó en el borde del escritorio, mirándome con orgullo—. Te llamé porque hay un movimiento nuevo en el sector norte. Los Alfas están reforzando la vigilancia y no quiero que te pillen desprevenido si decides volver a "jugar" con tu soldadito.
—Él no me va a pillar, pa —dije, dándole un mordisco a la manzana—. Es demasiado previsible. Se guía por manuales, y yo... bueno, yo me guío por lo que siento en el momento.
—Lo sé, y por eso eres el mejor enigma que tienen —mi padre se puso serio por un segundo, pero mantuvo su mano en mi hombro—. Cuídate, hijo. Ese Alfa puede ser rígido, pero los hombres como él son los que más fuerte golpean cuando se rompen.
—Que se rompa entonces —respondí con una sonrisa burlona, pensando en el pulso acelerado de Keile bajo mis dedos—. Yo estaré allí para ver cómo se caen todos sus pedacitos de cristal.
Me levanté y le di un abrazo rápido a mi viejo antes de salir. Mientras caminaba hacia mi habitación, acaricié el cuero del guante robado. Keile creció entre reglas y muros de hielo; yo crecí entre risas y balas, pero con el corazón lleno. Por eso siempre voy a ganar: porque yo juego por placer, y él solo juega por deber.
equipo de adorno
Estoy muy agradecido con esta obra, la disfruté demasiado, muchas gracias.