Alessio De Luca compró un esposo omega para que fuera un adorno en su vida de capo, pero esa noche Renato Vieri murió de miedo. En su cuerpo despertó Dante, un alfa estratega que perdió su vida en otro mundo.
Ahora, fingiendo sumisión, Renato usará a Alessio para escalar hasta la cima del hampa. Su plan: ser la mano en la sombra que guíe cada movimiento de su alfa. Pero su verdadera naturaleza empieza a filtrarse en su aroma, lo que debería oler solo a algodón y flor de cerezo comienza a liberar pimienta rosa, un picante que Alessio no puede ignorar.
Entre la atracción de sus feromonas y la admiración por esa mente criminal, el alfa se verá obligado a replantearse todo lo que creía sobre los omegas, el poder y la lealtad. Juntos formarán una alianza letal. Pero cuando la máscara caiga y Alessio descubra que su esposo no es quien dice ser, ¿serán dueños de la ciudad o enemigos mortales?
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Capítulo 5: El encuentro en el vacío
No había luz, no había oscuridad. Solo un vacío que lo era todo, una quietud que pesaba como siglos y se deshacía como un suspiro.
Renato había dejado de ser Renato en el momento en que la sangre dejó de brotar de sus muñecas. Su cuerpo quedó tendido sobre las sábanas de algodón, blanco sobre blanco, con el jarrón de flores de cerezo aún perfumando la habitación vacía. Pero él ya no estaba allí, se había deslizado hacia afuera como el último hilo de su aroma, como la nota final de una canción que nadie recordaba.
Flotaba, o eso creía. No había arriba ni abajo, solo una extensión sin límites donde el tiempo no corría porque no había nada que medir.
Y entonces, el otro llegó.
No lo vio llegar, en ese lugar no había ojos, pero lo sintió: una presencia densa, caliente, que olía a pólvora y a asfalto caliente. Un peso que caía desde algún lugar que ya no existía.
Dante cayó durante un instante o durante una eternidad. Había dejado su cuerpo en un callejón, con la sangre formando un charco bajo sus rodillas y el eco de los disparos todavía vibrando en sus oídos. Pero eso ya no importaba. El asfalto se había desvanecido, el dolor también, y solo quedaba él, cayendo en un abismo que no tenía fondo.
Hasta que dejó de caer.
Los dos se encontraron en el centro de la nada. No se tocaron, porque no tenían cuerpos para hacerlo, pero se reconocieron. El olor a algodón y flor de cerezo, que aún impregnaba el vacío como un eco de algo que acababa de romperse. El olor a pólvora y a la sangre que aún no se había enfriado.
—Tú también has muerto —dijo Renato. O quizás no dijo nada, pero Dante lo entendió igual.
—Sí —respondió Dante, o algo en él respondió, porque las palabras no eran necesarias en ese lugar.
Flotaron juntos en el silencio. Dos vidas que se habían apagado en el mismo instante, en mundos distintos, y que ahora compartían un mismo umbral.
—Yo tenía miedo —dijo Renato, y en su voz había la verdad de toda su existencia—. Miedo desde que nací. Miedo de no ser suficiente, de no valer lo que decían que valía, de que me devolvieran, de que me tiraran, de que nadie me mirara nunca con otros ojos.
Dante sintió esas palabras como si fueran suyas. No lo eran. Él nunca había tenido miedo, o quizás sí, pero lo había enterrado tan hondo que ya no sabía reconocerlo.
—Yo tenía lealtad —dijo—, solo eso. Una sola persona a la que proteger, y fallé.
—¿Dolió?
—No. Al final, no.
El vacío tembló. No era un temblor físico, sino algo más profundo, como si el umbral que los sostenía estuviera a punto de cerrarse. Renato sintió que algo lo tiraba hacia abajo, hacia un lugar que olía a algodón y a flores, pero también a algo nuevo, algo que no conocía.
—Me voy —dijo, y no había miedo en su voz por primera vez.
—Yo también —dijo Dante.
Pero mientras Renato se deslizaba hacia la paz, hacia el olvido, hacia el lugar donde los omegas que han sufrido demasiado pueden por fin descansar, Dante sintió que algo lo tomaba del pecho y lo detenía. No era el vacío, era otra cosa. Una mano que no estaba allí, un tirón que venía de algún lugar con luz.
Vio el cuerpo de Renato, tendido sobre la cama, las muñecas vendadas con urgencia, el pecho aún elevándose con un aliento que no debería estar allí. Los sirvientes lo habían encontrado, lo habían salvado, pero quien miraba desde el techo de la habitación sabía que el alma que había ocupado ese cuerpo ya no estaba.
Alguien tiene que ocuparlo, pensó, o lo pensó algo más grande que él, algo que movía los hilos del destino con manos invisibles.
Dante sintió que lo empujaban. No hacia la muerte que le correspondía, sino hacia abajo, hacia el cuerpo que aún respiraba, hacia las muñecas vendadas, hacia el aroma de algodón y flor de cerezo que empezaba a mezclarse con algo más.
No, quiso decir. Yo no soy él, yo no soy un omega
Pero el vacío ya se cerraba sobre él, y la última imagen que alcanzó a ver fue la de Renato alejándose hacia una luz que Dante no podía alcanzar, y en sus ojos —aunque ya no tenía ojos— vio algo que parecía una sonrisa.
Cuídalo, dijo Renato. O no dijo nada, pero Dante lo supo igual.
Y entonces cayó.
Cayó en un cuerpo que no era el suyo. Sintió las vendas en las muñecas, el dolor de los cortes, el peso de un pecho que no había conocido la violencia, la debilidad de unos brazos que nunca habían empuñado un arma. Sintió el aroma de algodón y flor de cerezo que lo envolvía como una sábana demasiado pesada y supo que desde ese momento sería Renato Vieri o sería alguien nuevo, alguien que recordaba dos vidas y que estaba a punto de empezar una tercera. Pero debajo de ese olor dulce, en el fondo de su pecho, algo áspero y cálido se removía, algo que olía a semilla recién partida
Abrió los ojos.
El techo era blanco, las sábanas eran de algodón. Había un jarrón con flores de cerezo en la mesita de noche, y alguien, en algún lugar muy lejano o muy cerca, estaba llorando.
Respiró. El aire entró en sus pulmones con la violencia de quien vuelve a la vida después de haberla abandonado. Y supo, con la certeza de quien ya no tiene nada que perder, que nunca más nada volvería a ser igual
Gracias por el cap🫶🫂
Ale cada día me gusta más, está aprendiendo a coexistir con todo lo que es y significa Ren. Todavía falta pero va por buen camino🤓🤓🤓