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Mi Vida Después De Ti

Mi Vida Después De Ti

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Rosalva

Valentina creyó haberlo dado todo. Años de amor, de entrega, de familia y de sostener una vida que sin darse cuenta ya estaba quebrada.
Hasta que una noche, sin aviso, todo termino. Lo que siguió no fue una separación... fue un descenso al vacío. Entre el dolor, soledad y la reconstrucción de si misma, aparece Santiago... Un encuentro inesperado que despierta en ella emociones que creia muertas. Pero no todo lo que se enciende... sana, no todo lo que llega... permanece.
Esta es la historia de una mujer que tuvo que perdió a si misma, para finalmente reencontrarse.
"A veces, para volver a vivir... hay que aprender a soltarse"

NovelToon tiene autorización de Maria Rosalva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 8

Lucas

Me fui directo a su apartamento… primero necesité parar. Frenar en algún lugar donde el ruido de mi cabeza se mezclara con algo más.

El bar estaba medio lleno.

Luces bajas.

Música suave.

El tipo de lugar donde nadie pregunta nada.

Me senté en la barra.

—Un whisky —dije.

Sin hielo.

Sin vueltas.

El primero bajó rápido.

Fuerte.

Como si pudiera apagar algo.

Pero no.

La cabeza seguía ahí.

"Voy a trabajar."

La voz de Valentina.

Clara.

Firme.

Distinta.

Pedí otro.

Y otro.

No conté.

No quería hacerlo.

Solo quería dejar de pensar.

Pero cuanto más tomaba…

más claro se volvía todo.

Su mirada.

Su tono.

Esa seguridad nueva que no le conocía.

Esa forma de hablarme como si ya no me necesitara.

Apreté la mandíbula.

Terminé el vaso.

Dejé el dinero sobre la barra.

Y me fui.

El aire de la calle me pegó de golpe.

Caminé sin pensar demasiado.

Pero en el fondo…

ya sabía a dónde iba.

Siempre terminaba igual.

Siempre en el mismo lugar.

El edificio de Lucía.

Subí.

Toqué el timbre.

Escuché sus pasos.

La puerta se abrió.

—Hola, querido… ¿qué hacés acá?

Su sorpresa fue real.

—Hace tanto que no venías así… de sorpresa.

La miré.

Intenté sonreír.

Pero algo en mí estaba tenso.

Cargado.

—Hola, Lucía.

Entré sin esperar demasiado.

—Hoy me quedo con vos.

Hice una pausa.

—Si querés.

Me encogí de hombros.

—Y si no… me voy a mi apartamento.

Me miró más detenidamente.

Evaluando.

—¿Qué te pasa?

Su tono cambió.

Más serio.

—¿Por qué estás tan agresivo?

Silencio.

—¿Te pasó algo en tu casa?

Sostuve su mirada.

—¿En el trabajo?

Apreté los dientes.

—No quiero hablar.

Fue seco.

Cortante.

Ella se quedó en silencio unos segundos.

Después asintió.

—Bueno.

Se dio media vuelta.

—No hablemos entonces.

Su voz volvió a la calma.

—Voy a preparar la cena.

Señaló el living.

—Ponete cómodo.

Entré.

Cerré la puerta.

El departamento estaba como siempre.

Perfecto.

Ordenado.

Sin ruido.

Sin conflicto.

Me dejé caer en el sillón.

Pasé una mano por mi cara.

Intentando bajar algo que no sabía manejar.

Escuché cómo se movía en la cocina.

Sin apuro.

Sin tensión.

Como si nada.

Como si yo no estuviera desbordado.

Al rato volvió.

Con una botella en la mano.

—Te traje esto.

La reconocí enseguida.

Mi vino.

El que me gustaba.

—Mientras preparo la cena… podés disfrutar.

Asentí.

La tomé.

Sin decir nada.

Busqué una copa.

La apoyé sobre la mesa.

Descorché la botella.

El sonido seco del corcho al salir rompió el silencio.

Serví.

Y tomé.

El primer trago fue largo.

Necesario.

Sentí el calor bajar.

Aflojar apenas la tensión.

Serví otro.

Y otro.

No medí.

No pensé.

Desde la cocina, Lucía seguía en lo suyo.

Tranquila.

Sin preguntas.

Sin invadir.

Y eso…

eso me daba algo.

Algo parecido a la paz.

O al menos…

a la ausencia de conflicto.

Me recosté en el sillón.

La cabeza empezó a sentirse más liviana.

Pero la mente…

no.

No se callaba.

"Por primera vez voy a hacer lo que quiero."

Otra vez su voz.

Otra vez esa firmeza.

Esa seguridad.

Esa mujer que…

ya no era la misma.

Apreté la copa.

—¿Querés algo para picar? —preguntó Lucía desde la cocina.

—No.

Respondí sin pensar.

Más fuerte de lo necesario.

Ella no dijo nada.

No insistió.

Y eso… otra vez… me sostuvo.

Cerré los ojos un segundo.

Pero ahí estaba todo.

Más claro.

Más fuerte.

Más incómodo.

No era solo enojo.

Era otra cosa.

Algo que no quería nombrar.

Algo que no quería ver.

—La cena ya está.

Abrí los ojos.

Lucía estaba ahí.

Tranquila.

Como siempre.

—Vamos.

Me levanté.

Caminé hacia la mesa.

Me senté.

Ella sirvió.

Se acomodó enfrente.

—¿Querés hablar ahora?

Negué con la cabeza.

—No.

Comimos en silencio.

Pero no era pesado.

Era simple.

Y tal vez…

eso era lo que buscaba.

Algo que no me exigiera.

Que no me enfrentara.

Que no me hiciera sentir…

expuesto.

Después de un rato, dejé los cubiertos.

Me recosté en la silla.

El alcohol ya hacía efecto.

—Podés quedarte —dijo ella—. No hace falta que te vayas.

La miré.

Y por un segundo…

todo pasó por mi cabeza.

Mi casa.

Valentina.

Los chicos.

Lo que estaba pasando.

Lo que ya no podía controlar.

Y ese vacío.

Ese que no se iba.

Que no se llenaba.

Ni con esto.

Ni con nada.

Suspiré.

—Sí.

Mi voz salió baja.

—Me quedo.

Lucía asintió.

Sin hacer preguntas.

Sin exigir nada.

Y en ese momento…

lo entendí.

No estaba eligiendo.

Estaba escapando.

Y lo peor…

era que ya no sabía de qué, me quedé dormido.

☆☆☆☆

"Lo simple, con el tiempo se vuelve pesado, como siempre sos el reflejo que ves en otros"

Valentina

A la mañana siguiente me desperté a las seis y media.

Pero esta vez… fue distinto.

No hubo peso.

No hubo esa sensación de arrastrar el cuerpo fuera de la cama.

Abrí los ojos y, por un momento, me quedé en silencio, sintiendo.

Algo había cambiado.

Había una energía nueva en mí.

Ligera.

Firme.

Como si algo, después de tanto tiempo… finalmente hubiera empezado a encenderse.

Me levanté sin dudar.

Fui al baño, me arreglé, elegí mi ropa con una seguridad que no recordaba haber tenido en años.

No era la ropa.

Era yo.

Tomé mis cosas y salí.

Sin mirar atrás.

Cuando llegué al restaurante, sentí ese mismo cosquilleo del día anterior.

Pero ya no era miedo.

Era expectativa.

Empujé la puerta y entré.

Y ahí estaba.

Luciano.

Apoyado en el mostrador, mirando hacia la entrada.

Como si supiera que yo iba a llegar en ese momento.

Su mirada se encontró con la mía.

Intensa.

Directa.

Sin incomodar… pero imposible de ignorar.

—Buen día, Valentina.

Su voz fue firme.

Segura.

—Buen día, señor Luciano —respondí, inclinando levemente la cabeza.

Él asintió.

—Hoy vas a estar con Melina.

Hizo una pequeña pausa.

—Necesito que te enseñe todo. Va a ser un día largo.

Lo escuché con atención.

—Quiero que seas eficaz en todo —continuó—. Tenemos clientes importantes, nuevos menús, nuevas recetas.

Su mirada no se movía.

—Dá todo lo que tengas.

Asentí.

—Sí, claro.

Mi voz salió suave… pero decidida.

Melina apareció casi de inmediato.

—¡Acá está la estrella del día! —dijo con una sonrisa.

Me abrazó.

Ese abrazo simple… me acomodó.

Me sostuvo.

—Vení, te muestro todo.

La seguí por un pasillo largo, hasta la zona donde se cambiaban los empleados.

El ambiente era distinto.

Más real.

Más mío.

Mientras me acomodaba, Melina me miró con esa sonrisa cómplice.

—Che… ¿viste cómo te miró?

Fruncí el ceño.

—Meli…

—¿Qué? —dijo, divertida.

—No estoy en esa —respondí, seria—. No estoy buscando a nadie.

Bajé la mirada un segundo.

—Estoy tratando de salir adelante.

Respiré.

—De verdad.

Melina levantó las manos en señal de rendición.

—Bueno, bueno… tranquila.

Hizo una pausa.

—Pero igual… el tonto de Lucas seguro no está muy contento.

La miré.

Y sentí cómo algo dentro mío se quebraba apenas.

Asentí.

—No vino a dormir.

Mi voz bajó.

—No vino, Meli.

El silencio cayó entre nosotras.

—Seguro está con ella —agregué—. Estoy segura.

Melina apretó los labios.

—¿Y por qué no lo dejás de una vez?

No respondí.

—¿Por qué seguís ahí? —insistió—. Tus hijos están grandes. Podés hacerlo.

Sentí ese nudo.

Ese mismo que tantas veces me había callado.

—No puedo… todavía —dije.

La miré.

—Primero tengo que levantarme yo.

Melina no dijo nada más.

Pero su mirada… entendió.

El día fue largo.

Intenso.

Doce horas de trabajo.

Doce horas donde no hubo tiempo para pensar.

Solo hacer.

Cortar.

Probar.

Servir.

Coordinar.

Aprender.

Y en medio de todo eso…

me encontré.

Mis manos volvieron a moverse con seguridad.

Mi mente volvió a enfocarse.

Mi cuerpo respondió.

Y por primera vez en mucho tiempo…

me sentí útil.

Necesaria.

Capaz.

El evento fue un éxito.

Se sentía en el ambiente.

En los comentarios.

En las miradas.

En el movimiento.

Cuando todo terminó, el reloj marcaba las siete.

Estaba agotada.

Pero era un cansancio distinto.

Uno que valía la pena.

Fui al vestuario, tomé mis cosas, me acomodé el pelo.

Y cuando estaba por salir…

lo vi entrar.

Luciano.

—Valentina.

Me giré.

—Quería agradecerte.

Se acercó.

Su tono era más suave que en la mañana.

—Fue un éxito el evento.

Hizo una pausa.

—Y en gran parte, gracias a vos.

Sentí un leve calor en el pecho.

—Sos eficaz —agregó—. Sabés lo que hacés.

Me sostuvo la mirada.

—No es una prueba.

Respiré.

—Es un contrato abierto.

El mundo se detuvo un segundo.

—Si querés quedarte… el lugar es tuyo.

No pude evitar sonreír.

Una sonrisa real.

—Gracias —dije.

Y esa palabra… salió desde lo más profundo.

Él asintió.

—Bienvenida al restaurante.

Hizo un gesto hacia la salida.

—Ahora andate. Ya es tarde.

Sonreí apenas.

Tomé mis cosas.

Y salí.

Caminé hacia mi casa con el corazón liviano.

Cansada.

Sí.

Pero llena.

Llena de algo nuevo.

De algo que crecía.

Cuando llegué, abrí la puerta despacio.

Y ahí estaba.

Lucas.

Sentado.

Esperando.

El aire cambió de inmediato.

No dije nada.

Caminé directo hacia la habitación.

Necesitaba ducharme.

Sacarme el día.

Entré al baño.

Cerré la puerta.

Pero no la traba.

Y en segundos… la puerta se abrió.

Sentí su presencia detrás mío.

Antes de poder girar…

me tomó de los brazos.

Fuerte.

Me sacudió.

—¿Todo el día estuviste con tu macho?

Su voz era dura.

Cargada.

—¿O con el otro?

Una sonrisa sarcástica se formó en mis labios.

Pero no de burla.

De cansancio.

Me zafé.

Con fuerza.

—Es suficiente, Lucas.

Lo miré.

—¿Todavía no entendés?

Mi voz no tembló.

—No soy como vos.

Silencio.

—No ando buscando nada.

Di un paso atrás.

—Solo quiero estar bien.

Su expresión se endureció.

—No vas a ir más a trabajar.

Esa frase…

ya no me tocó igual.

—Sí —respondí—. Voy a ir.

Sus ojos se encendieron.

—Si seguís yendo… me voy de la casa.

Lo miré.

Y por dentro…

algo se terminó de romper.

—Bueno —dije—. Andate.

El silencio fue brutal.

—Si anoche no viniste a dormir —continué—, significa que ya no somos tan importantes para vos.

No esperé respuesta.

Me di vuelta.

Abrí la ducha.

Y dejé que el agua cayera.

Esa noche…

no lloré.

No grité.

No me quebré.

Cuando salí, me acosté.

El cuerpo no me daba más.

Apoyé la cabeza en la almohada.

Y me dormí.

Así.

Sin pensar.

Sin esperar.

Porque algo dentro mío ya sabía…

que lo que estaba empezando…

ya no se iba a detener.

Buenas noches mis bellas, estoy tratando de escribir lo más que puedo , quiero que ustedes vivan ese momento, que su imaginación vuele y que puedan disfrutar de cada capítulo... hoy trabaje mucho y por ese motivo tardó en dejar capítulos♡

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Paola Elizabeth
es un boludo
Paola Elizabeth
hombres hombres
Paola Elizabeth
hdp
Emperatriz Reales
Q bueno q te enfrentaste a ese narcisista de porquería , q cree q él es el único q tiene valor como humano , cuando es una reverenda porquería
Maria Rosalva: 🤭🤭🤭 Emperatriz como estás? Bendiciones mi bella🥰
total 1 replies
Emperatriz Reales
Realmente así es, todos opinamos, pera la realidad es otra q no nos deja pensar con claridad, y esa llega el día menos pensado
Emperatriz Reales
No entiendo a esta mujer,suelta esas ataduras, ese demonio no te quiere, déjalo d una v z , para q alargar el dolor , ya esta clara q eso no va a ningún lado
Emperatriz Reales: Exacto, pero es así tal cual , cuando estamos donde ya no tenemos cabida
total 2 replies
Emperatriz Reales
La excusa perfecta, me molestó y no vuelvo
Maria Rosalva: tranqui el proceso puede cambiar , solo dale tiempo al tiempo, te prometo vivir una montaña rusa de emociones
total 1 replies
Emperatriz Reales
Hay q repetirnos, la infidelidad no se perdona
Emperatriz Reales
El no cambio , mejoró las estrategias
Emperatriz Reales
No se , no le creo a ese falso
Emperatriz Reales
Q cagada de hombre , Lucas te deseo lo peor q le puede pasar a una basura humana como tú , es despreciablemente, ósea , ella está enferma q tipo tan valuado
Maria Rosalva: 🤣🤣🤣tranquila mi bella jiji falta más
total 1 replies
Karina Vazquez Gonzalez
leyendo tu historia y ya estoy fascinada
siento que eso es lo peor que una mujer le puede pasar pensar que es hasta que lleguemos a viejitos los dos..y resulta que nada es para siempre sin saber que duele excelente inicio
Maria Rosalva: Cada capítulo es más intenso, mi alma le estoy dejando en cada línea, espero que disfrutes mucho
total 2 replies
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