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NuevaEl Veredicto De Las Olas: Renacer En El Búnker

NuevaEl Veredicto De Las Olas: Renacer En El Búnker

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación
Popularitas:545
Nilai: 5
nombre de autor: Santiago López P

Sinopsis
Tras morir en un trágico accidente, Sheila Roy despierta en el cuerpo de Saori, la hermana mayor de un personaje secundario en una popular novela de supervivencia zombie. Sabiendo que el fin del mundo comenzará en cuestión de días, utiliza sus conocimientos y los recursos de sus padres para construir un búnker inexpugnable y rescatar a sus hermanos.
Sin embargo, tras la primera noche del apocalipsis, Saori recupera un recuerdo aterrador: el mundo en el que habita no pertenece a una sola novela, sino a la fusión de dos historias distintas. La segunda trama introduce las "Olas de Mutación", eventos globales que transforman el clima, la flora y la fauna en depredadores letales.
Ahora, con un bebé rescatado, un perro que empieza a mostrar una inteligencia inquietante y un grupo de supervivientes bajo su mando, Saori debe liderar a los suyos a través del "Destello de los Mil Soles", un sueño profundo que marcará el inicio de la verdadera evolución biológica.

NovelToon tiene autorización de Santiago López P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7

Los primeros rayos de sol se filtraron a través de las placas reforzadas, creando un ambiente opresivo dentro de la habitación. Saori se despertó sobresaltada, con el corazón martilleando contra sus costillas. Se levantó de un salto y corrió hacia el monitor de seguridad.

​La pantalla mostraba un panorama desolador. Varios infectados deambulaban erráticamente por el jardín, mientras a lo lejos se escuchaban gritos desgarradores y el choque metálico de vehículos colisionando. No era un sueño. El apocalipsis era real, y por alguna razón que ella aún no lograba descifrar, había comenzado mucho antes de lo previsto.

​Saori intentó concentrarse. Sus recuerdos de la vida pasada eran borrosos, pero la trama de la novela estaba grabada en su mente con una claridad aterradora. ¿Por qué se adelantó? Se preguntaba, mientras una duda gélida recorría su espalda.

​—Vamos, hay que comer algo —dijo Sora, interrumpiendo sus pensamientos.

​Ella asintió, tratando de recuperar la compostura. Yuuta, con esa madurez inusual que parecía haber adoptado de la noche a la mañana, tenía los ojos puestos en la tableta.

​—Hermanos, deberíamos descargar juegos, películas y libros ahora —sugirió el niño—. No sabemos cuánto durará la electricidad o el suministro de internet.

​—Es una idea excelente —respondió Sora, sorprendido por la sensatez del pequeño.

​Pasaron las siguientes horas en un frenesí digital, acumulando todo el entretenimiento posible antes de que el mundo exterior se desconectara para siempre. Estaban sumidos en esa tarea cuando el timbre resonó por toda la casa, una estridencia desesperada que los hizo congelarse.

​Saori se deslizó hasta el monitor. En la cámara del frente, una figura sucia y temblorosa golpeaba la puerta con fuerza. Era Naoko.

​—Qué molesto... —murmuró Saori, apretando los dientes.

​En la historia original, Naoko moría en las primeras horas. ¿A quién habrá sacrificado para salvarse? La sospecha le dejó un sabor amargo en la boca.

​—¿La dejarás entrar? —preguntó Sora, acercándose con cautela—. Es tu mejor amiga, ¿cierto?

​Saori no respondió. Se dirigió hacia la entrada principal, pero antes de tocar el cerrojo, su mano buscó el cuchillo de caza que había escondido en la consola de la entrada. Lo empuñó con firmeza, ocultándolo tras su espalda.

​Abrió la puerta apenas unos centímetros, manteniendo la cadena de seguridad puesta.

​—¡Saori, por favor! —chilló Naoko, con el maquillaje corrido y la ropa rasgada—. ¡Abre, están viniendo!

​Saori no se inmutó. Sus ojos escanearon cada centímetro de la piel expuesta de Naoko, buscando cualquier señal de una herida o una mordedura.

​—¿Te han mordido? —preguntó Saori, con una voz desprovista de cualquier calidez.

​—¡No, no lo han hecho! ¡Te lo juro! —gritó Naoko, golpeando el metal.

​Saori analizó la situación durante un segundo eterno. Podría dejarla morir, pero tal vez Naoko fuera útil. Con mucha lentitud, abrió la puerta lo suficiente para que pasara, pero no para que entrara en la casa.

​—Al patio —ordenó Saori, señalando el área cercada—. Quédate ahí. No entrarás a la casa hasta que esté segura de que no estás infectada.

​Naoko se quedó paralizada por la frialdad de su antigua amiga, pero al escuchar un rugido inhumano a la vuelta de la esquina, corrió hacia el patio sin decir palabra. Saori cerró la puerta de golpe, cerrando todos los seguros. La tensión en la habitación era tan espesa que casi se podía cortar con el cuchillo que aún sostenía.

Naoko temblaba tanto que apenas podía mantenerse en pie. Sus uñas estaban incrustadas con tierra seca y sus ojos, inyectados en sangre por la falta de sueño y el pánico, no dejaban de mirar hacia la calle por si algo la seguía desde la oscuridad del jardín. Tenía un corte superficial en la mejilla que goteaba sangre, pero lo que más perturbaba a Saori era su mirada: una mezcla de terror absoluto y una determinación desesperada.

—¿A quién sacrificaste para salir con vida? —soltó Saori, sin darle ni un segundo de tregua. Su mano, oculta en el pliegue de su chaqueta, aferraba con firmeza el cuchillo de caza. No bajaría la guardia, no ahora que todo estaba en juego.

Naoko tragó saliva con dificultad, el sonido fue audible en el silencio del patio.

—... ¿Podemos hablar en privado? —rogó Naoko, con la voz quebrada.

Saori la miró de pies a cabeza, evaluando cada fibra de su ser, buscando cualquier rastro de actuación. Tras un suspiro gélido, comenzó a caminar hacia la entrada. Naoko, confundida por la ausencia de respuesta, se quedó inmóvil un segundo antes de darse cuenta de que no tenía otra opción.

—¿Qué esperas? —preguntó Saori, sin voltearse—. Mueve los pies.

Naoko la siguió de inmediato.

—Ten cuidado por dónde pisas. Podrías activar una trampa —advirtió Saori, cortante—. Y si lo haces, no esperes que te ayude a salir de esta.

Naoko dio un respingo. Se volvió extremadamente cautelosa, observando cada movimiento de Saori y evitando pisar cualquier baldosa que pareciera fuera de lugar. Apenas entraron, la atmósfera cambió; el aire dentro de la casa era pesado, casi irrespirable. Sora levantó la vista desde el sofá, escaneando a la intrusa con una mirada de advertencia, mientras Yuuta seguía concentrado en su tableta, ajeno al peligro que tenían frente a ellos.

—Hablaremos un momento en mi habitación —anunció Saori, señalando el pasillo.

Sora solo asintió, aunque su mano se cerró con fuerza alrededor del apoyabrazos del sofá. Yuuta ni siquiera levantó la vista, siguiendo con su misión de descargar todo el contenido posible. Una vez dentro y con la puerta cerrada, Saori se posicionó bloqueando la salida.

—Habla. ¿Quién eres realmente? —exigió Saori, manteniendo una distancia de seguridad.

Naoko se dejó caer en una silla, soltando un suspiro que sonó como un sollozo ahogado.

—Tú... no eres de este mundo, ¿verdad? —soltó Naoko de repente, fijando sus ojos desorbitados en los de Saori.

Saori sintió un escalofrío, pero su rostro permaneció como una máscara de piedra.

—¿Estás loca? —respondió, aunque sus manos empezaron a sudar.

—Lo digo en serio —insistió Naoko, con una desesperación que parecía real—. Antes de llegar aquí, yo estaba en mi cama, leyendo un libro, y luego... un camión. Fui atropellada. ¡Desperté en este cuerpo!

Saori se quedó helada. Ese recuerdo, esa sensación de haber leído la historia antes, no era un síntoma de locura, sino la confirmación de una realidad distorsionada.

—¿De dónde eras? —preguntó Saori, con la voz baja.

—Era de Latinoamérica... —respondió Naoko, frotándose los brazos como si tuviera frío—. No sé qué pasa en esta historia, solo pude leer el primer capítulo. Cuando desperté en este mundo y vi el caos, te vi a ti salir corriendo del salón con tanta seguridad. Sabías exactamente qué hacer. Así que te perseguí. Cuando me di cuenta de que estabas buscando a tus hermanos, lo supe.

Saori se apoyó contra la pared, procesando la información. La sospecha no se había ido, pero ahora tenía una nueva dimensión. Si Naoko también era una "transmigrada", significaba que las reglas del juego acababan de cambiar.

—¿Qué dos cosas te diste cuenta? —preguntó Saori, dando un paso hacia ella, sin dejar de observar sus manos—. Habla rápido, Naoko. Porque si me estás mintiendo, te prometo que no volverás a ver el sol.

—¿Cuáles? —preguntó Saori, manteniendo la mirada fija en los ojos de la otra chica. No bajó la guardia ni un segundo; el cuchillo, aunque oculto tras su espalda, seguía siendo una extensión de su voluntad.

Naoko se secó las lágrimas con el dorso de la mano, dejando un rastro de suciedad en su mejilla. Sus hombros subían y bajaban con espasmos violentos.

—Primero, eras la segunda protagonista, pero tu comportamiento... no encajaba con el personaje. Además, tengo los recuerdos de este cuerpo y sé que estuviste evitándome por un tiempo. Segundo... —hizo una pausa, tragando saliva con dificultad—, el hecho de que lo más probable es que estuvieras en una situación casi igual a la mía. Era demasiado sospechoso.

Saori soltó una carcajada seca, carente de humor.

—Bueno, es fácil llegar a esa conclusión si prestas atención —respondió, dándose la vuelta para mirar hacia la puerta.

Naoko se quedó hundida en la silla, con la mirada perdida en el suelo—. Después de eso, me encerré en un almacén de la escuela que nadie usaba. Decidí salir solo porque no tenía comida... Pensé que si tú eras de otro mundo como yo, tal vez podría sobrevivir.

El llanto de Naoko volvió a surgir, esta vez más fuerte. Ya no era la estudiante de preparatoria que se preocupaba por los exámenes o por su apariencia; era una náufraga emocional en un mundo que no le pertenecía.

—Es difícil —dijo Saori, suavizando ligeramente el tono, aunque sin acercarse—. Para alguien que ha vivido una vida tranquila, ser enviada a un mundo donde en cualquier momento puedes morir... es un shock. Yo no recuerdo nada de mi antigua vida, solo la novela. Supongo que por eso no me afectó tanto.

Naoko levantó la vista, con los ojos inyectados en sangre.

—Yo no pude leer el libro... Si supiera la cura... —su voz se apagó, cargada de desesperación.

Saori se quedó pensativa unos instantes, sopesando si compartiría esa información. Si Naoko iba a estar con ellos, necesitaba conocer las reglas del juego.

—Yo la sé —sentenció Saori.

Naoko se puso rígida. —¿En serio?

—Sí, pero no la he probado —explicó Saori—. Es chocolate caliente. Tenemos que inyectarlo o echar un poco directamente en la herida. Para volver a un zombie a la normalidad, hay que bañarlo completamente en chocolate caliente. Y en caso de que alguien aún no se haya convertido, una inyección basta.

Naoko la miró como si hubiera perdido el juicio.

—Pero... ¿chocolate?

—Así es. En nuestro mundo, inyectarse eso sería una muerte dolorosa —admitió Saori, encogiéndose de hombros—. No sé por qué en este mundo funciona así. Quizás tenga algo que pelea contra el virus, o tal vez aquí la lógica simplemente no aplica. Aunque creo que el chocolate no debe estar tan caliente... No lo sé, nunca lo explican.

Naoko asintió lentamente, procesando la información con una mezcla de horror y alivio.

—Entiendo.

—Tengo planeado esperar un tiempo antes de probarlo —concluyó Saori, guardando el cuchillo—. Puedes quedarte, Naoko.

—¡Gracias! —Naoko intentó levantarse, pero Saori le bloqueó el paso con una mirada gélida.

—Sí, pero escucha bien: si llegas a poner en peligro a mis hermanos, no te lo perdonaré.

—Sí... —susurró Naoko, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda—. Lo tendré en cuenta.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe y Yuuta entró, ajeno a la tensión que se cortaba en el aire.

—¡Hermana, mira todo lo que descargué! —exclamó, mostrando la tablet con una sonrisa inocente.

Saori le dedicó una sonrisa genuina, la primera en mucho tiempo. Naoko, observando la escena desde un rincón, comprendió la jerarquía: mientras pudiera ser de utilidad para Saori, sobreviviría. Ella siempre había tenido una buena intuición, aunque parecía que no tan aguda como la de Saori, quien claramente sabía algo que ella ignoraba. Si Saori no hubiera sentido que debía escucharla, Naoko sabía perfectamente que, allá afuera, ya estaría muerta.

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