Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.
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sospechas y malentendidos
Unos minutos después, el doctor Rafael salió de la habitación. Apenas cruzó la puerta, Camilo se levantó de inmediato y se acercó con evidente preocupación.
—Doctor, ¿cómo está mi papá? ¿Es grave?
El médico lo miró con calma y luego dirigió una breve mirada hacia Sergio.
—Hablemos en privado —dijo con voz serena.
Sergio entendió la insinuación.
—Te espero afuera, en el jardín —comentó—. O si prefieres, hablamos luego.
Camilo negó con la cabeza.
—No, Sergio, espera. Ve al jardín y ahora te alcanzo. Daré la orden para que te lleven algo de beber.
Sergio asintió y salió acompañado por una de las empleadas de la casa. Camilo y el doctor caminaron hacia el estudio.
Cuando cerraron la puerta, el joven volvió a preguntar, esta vez con mayor inquietud.
—Cuénteme, doctor. ¿Qué es lo que ocurre?
El doctor Rafael suspiró ligeramente antes de responder.
—No quiero alarmarte. Tu padre siempre ha sido un hombre fuerte y saludable. Lo que ocurrió hoy parece haber sido solo una baja de presión sin causa aparente. Sin embargo… hay algo que me gustaría revisar.
Camilo frunció el ceño.
—¿De qué se trata?
—Tu padre me recordó algo importante. Me comentó que su madre, es decir tu abuela, murió de forma prematura. Y que tu abuelo falleció de cáncer de pulmón.
Camilo asintió.
—Sí, mi padre siempre dice que fue por experimentar con químicos cuando trabajaba con cuero.
—Es posible —respondió el médico—. Pero hace años la ciencia no tenía los avances que tenemos hoy. Muchas veces se atribuían las enfermedades a lo que parecía más evidente. Actualmente podemos estudiar genes, patógenos y otros factores que antes eran imposibles de detectar.
Camilo lo miró con atención.
—¿Qué propone entonces?
—Quiero realizar algunos estudios. Análisis de sangre, algunas pruebas básicas y una evaluación del estilo de vida. Solo para descartar cualquier predisposición genética.
Camilo tardó unos segundos en reaccionar.
—¿También debo hacerme esos exámenes?
—Sí —respondió el médico con naturalidad—. Sería lo más recomendable.
Camilo torció un poco el gesto.
—No me gustan los hospitales.
El doctor sonrió.
—No será necesario que vayas. Podemos hacerlo aquí mismo. Llamaré a un equipo de enfermeras para que tomen las muestras en casa. Después solo tendremos que esperar los resultados.
Camilo pensó un momento y finalmente asintió.
—Está bien, doctor. Si es por la tranquilidad de mi padre, hágalo.
El médico hizo una llamada desde su teléfono y, menos de una hora después, un pequeño equipo de enfermeras y fisioterapeutas llegó a la casa para realizar las evaluaciones. Comenzaron con el personal doméstico mientras Camilo decidió salir al jardín a buscar a Sergio.
Ambos se sentaron en el pequeño kiosco que había entre los rosales.
—Ahora sí —dijo Camilo—. Cuéntame bien lo del anillo.
Sergio sonrió, sacó nuevamente la pequeña caja de terciopelo de su bolsillo y la abrió.
—¿Qué te parece?
Camilo observó el anillo.
—Se ve costoso… y elegante. Pero es un anillo de compromiso. No me digas que…
—Sí —interrumpió Sergio—. Voy a pedirle matrimonio a Sonia.
Camilo se sorprendió.
—¿En serio? Pensé que… bueno, que aún no lo tenías claro.
Sergio bajó la mirada un instante antes de responder.
—Hay algo más. Creo que Sonia está embarazada.
—¿Te lo dijo ella?
—No exactamente —admitió Sergio—. Su hermano me mostró una prueba que ella se hizo hace unos días. Creo que tiene miedo de decírmelo… tal vez piensa que no asumiré la responsabilidad.
Camilo guardó silencio por un momento.
—Entonces no la hagas esperar —dijo finalmente—. Si la amas, hazlo.
Desde unos arbustos cercanos, el doctor Rafael había escuchado parte de la conversación sin ser visto. Sonrió al comprender el malentendido que había provocado el desmayo de Guillermo.
“Pobre hombre”, pensó. “Casi se infarta por nada”.
Minutos después, una enfermera se acercó.
—Doctor, ya casi terminamos.
—Perfecto —respondió.
El médico caminó hacia el kiosco.
—Disculpen la interrupción, Camilo. Ya estamos terminando con las revisiones.
—Perfecto, doctor.
Camilo miró a Sergio.
—Quédate. Almorzamos juntos. Luego le contaremos a mi padre lo de la empresa… dependiendo de cómo lo vea el doctor.
Sergio aceptó la invitación.
Mientras tanto, en la habitación principal, Guillermo conversaba con Laura y el médico.
—Entonces —dijo el doctor sonriendo—, podemos decir que una de sus preocupaciones ya quedó descartada.
Guillermo soltó una carcajada.
—¡No sabe el susto que me llevé!
Laura también sonrió, aunque en su interior aún quedaban muchas dudas.
—Ahora solo queda esperar los resultados de los análisis —añadió el médico.
—Así será —respondió Guillermo.
Pero, aunque la casa parecía volver poco a poco a la calma, las preguntas sobre Camilo seguían flotando en el aire.
Y, por alguna razón que nadie podía explicar, Guillermo tenía la sensación de que aún había algo que no terminaba de encajar.