⚠️🔞Esto es sólo fantasía. Personajes e historia ficticia.🔞⚠️
🔞🚫No me denuncien por hechar volar mi imaginación.🚫🔞
Natt, no solo renuncia a su hogar, sino a su propia naturaleza, por una conexión ni él mismo entiende...
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Un lenguaje que no necesitaba palabras
El Serafín del Olvido no caminaba... se desplazaba como una mancha. No tenía alas de plumas, sino jirones de realidad que colgaban de su espalda, borrando todo lo que tocaban. Donde el Serafín ponía el pie, el bosque dejaba de existir: los árboles se convertían en siluetas grises y el suelo se transformaba en una nada incolora.
-No lo mires directamente, Dag.- Advirtió Natt, desenvainando su espada carmesí, aunque su brillo era débil frente a la neblina del enemigo -Él no ataca tu cuerpo. Ataca la idea de quién eres.-
Pero ya era tarde. El Serafín emitió una pulsación de energía grisácea que barrió el claro del bosque. Dag sintió como si una mano invisible entrara en su cráneo y empezara a arrancar páginas de un libro. De repente, el sonido del viento desapareció. Luego, el crujido de las ramas bajo sus pies. El mundo se volvió una película muda.
-¡Natt!- Intentó gritar Dag, pero no pudo oír su propia voz.
El pánico se apoderó de él. Se llevó las manos a los oídos, pero solo sentía el latido frenético de su corazón, un tambor sordo que retumbaba en su pecho. El Serafín se acercó, y con cada paso, una visión del pasado de Dag (los pocos fragmentos que le quedaban) se proyectaba en el aire antes de ser devorada. Vio a Natt cortando sus alas, pero la imagen se pixelaba y desaparecía. Vio su primer beso, pero el color se desvanecía hasta quedar en blanco y negro.
Natt se lanzó al ataque, pero su espada atravesaba al Serafín como si fuera humo. El enemigo no se defendía, simplemente existía, y su mera presencia estaba drenando la Gracia de Natt. El ángel caído cayó de rodillas, sintiendo que sus propios recuerdos de millones de batallas estaban siendo succionados.
-Olvídalo...- Una voz sin sonido resonó en la mente de Dag -Olvida el dolor de la caída. Vuelve al vacío donde nada duele.-
Dag miró a Natt. El ángel estaba en el suelo, gritando un nombre que Dag ya no podía oír, pero que leía en el movimiento desesperado de sus labios: Dag... Dag...
En ese momento de terror absoluto, Dag comprendió que la brutalidad del Cielo no se detenía ante el amor, lo usaba como combustible. Sintió que la marca dorada de su rostro ardía con una intensidad nueva. Si el Serafín quería su memoria, Dag le daría un incendio.
Dag caminó hacia el Serafín. Ya no escuchaba nada, lo que le daba una ventaja extraña: el llamado hipnótico del enemigo ya no tenía poder sobre él. Se situó frente a la entidad gris y, por primera vez, no esperó a que Natt lo protegiera.
Dag extendió sus manos y la marca de su rostro brilló con una luz blanca tan pura que el vacío empezó a retroceder. Expandió su energía, creando una cúpula de luz dorada que rodeó a Natt. No era un escudo de fuerza, era un escudo de identidad. Dentro de esa cúpula, los recuerdos de Natt estaban a salvo.
-¡Mío!- Gritó Dag, aunque no se oyó.
Puso sus manos directamente sobre el "pecho" de estática del Serafín. El choque fue una explosión de sensaciones. Dag sintió que su mente era succionada por un torbellino, pero se ancló a la única imagen que el enemigo no podía borrar: el sabor de los labios de Natt. Usó el deseo sexual, la pasión obscena de la cueva y la ternura de la iglesia como un escudo infranqueable.
El Serafín de la estática empezó a vibrar violentamente. La luz del Brote era demasiado sólida para él. Dag sintió un dolor agudo en sus tímpanos, una presión final que estalló como un cristal rompiéndose por dentro.
Una onda expansiva de luz blanca y dorada barrió el bosque, desintegrando al Serafín en un millón de partículas de polvo gris que desaparecieron en el aire. La realidad volvió a ser nítida: los árboles recuperaron sus bordes, la tierra volvió a ser marrón.
Pero para Dag, el silencio no se rompió.El Sacrificio de los Sentidos.
Natt corrió hacia él, tomándolo por los hombros. El ángel hablaba con una urgencia febril, sus labios moviéndose rápido, sus ojos llenos de lágrimas de alivio. Dag lo miró, y aunque veía su boca moverse, no escuchaba nada. El silencio era absoluto, una paz muerta que se había instalado en sus oídos para siempre.
Dag llevó una mano a la mejilla de Natt y negó suavemente con la cabeza. Luego, señaló sus oídos.
Natt se quedó paralizado. Comprendió el precio que Dag había pagado por salvarlo. El Brote había usado el sentido del oído como sacrificio final para expulsar al Serafín. Natt soltó un lamento que Dag no pudo oír, pero que sintió vibrar en el pecho del ángel cuando Natt lo atrajo hacia un abrazo desesperado.
Dag cerró los ojos, apoyando la cabeza en el hombro de Natt. Ya no necesitaba oír para saber que Natt lo amaba. Podía sentir el calor de su piel, el aroma a ternura y sudor, y el pulso acelerado de su corazón. El mundo se había vuelto mudo, pero el vínculo entre ellos era ahora más fuerte que cualquier sonido.
Se quedaron así, en medio del bosque que volvía a la vida, mientras Dag empezaba a comprender que a partir de ahora, sus carnes tendrían que hablar un lenguaje que no necesitaba palabras.