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EL CICLO DE LA SANGRE Y LA ESTRELLA RENACIDA

EL CICLO DE LA SANGRE Y LA ESTRELLA RENACIDA

Status: Terminada
Genre:Romance / Vampiro / Magia / Superpoder / Completas
Popularitas:966
Nilai: 5
nombre de autor: Celso Benítez

En un mundo dividido por siglos de guerra entre humanos y vampiros, Lin Xue —la Guerrera Estelar de la Secta del Nube Blanca, con el poder del Qi Estelar que canaliza la energía de las estrellas— y Kael —el rey vampiro de la Casa de la Sombra Negra, con la magia de la sangre que absorbe la vida misma— se enfrentan en la Batalla del Cielo Roto. En un último acto de desesperación y amor, se fusionan para detener la destrucción del mundo y mueren juntos.

Pero el universo les da una segunda oportunidad: son reencarnados como niños huérfanos en un bosque oscuro, con recuerdos fragmentados de su vida anterior. Cuando se encuentran, reconocen en el otro la conexión que trasciende la muerte y deciden cambiar el curso de la historia. Juntos, fundan la Secta de la Estrella y la Sangre —un refugio donde humanos y vampiros pueden vivir, entrenar y aprender juntos— y crean el Estilo Estelar Sanguíneo, una forma de artes marciales que fusiona el poder de las estrellas y la magia de la sangre.

NovelToon tiene autorización de Celso Benítez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL TEMPLO DE LA UNIÓN Y EL RETO DEL GRAN CONSEJO

Cincuenta días habían pasado desde que Ravenna se había unido a la secta. El Valle de la Estrella y la Sangre había crecido mucho: ahora tenía más de cien miembros, casas nuevas, huertos llenos de comida y un templo de entrenamiento ampliadísimo. Pero Lin Xue y Kael no estaban satisfechos —querían construir algo más, algo que fuera un símbolo de la unión para todo el reino: el Templo de la Estrella y la Sangre.

“El templo tendrá dos torres,” dijo Lin Xue en la reunión diaria del consejo de la secta. “Una torre de la Estrella, para honrar el poder humano del Qi Estelar, y una torre de la Sangre, para honrar la magia vampira. Ambas se unirán en la cima, formando un arco que represente la unión.”

“También tendrá un salón central donde los líderes de todas las facciones —humanas y vampiras— puedan reunirse para hablar de paz,” agregó Kael. “Será un lugar neutro, sin armas, sin odio.”

El Maestro Hong, Ravenna, Elder Feng y Zi Yin asintieron con aprobación. “Es un plan perfecto,” dijo Elder Feng. “Pero necesitaremos ayuda. La construcción será grande, y necesitaremos materiales que no tenemos aquí en el valle.”

“Yo sé dónde encontrarlos,” dijo Li Ming, que había llegado a la reunión con un mapa en la mano. “Hay una mina de piedra y madera en la montaña al norte. Es antigua, pero todavía tiene materiales buenos. Pero está protegida por un guardian demoníaco —un dragón de sombras que ha vivido allí durante siglos.”

Todos se quedaron silenciosos. Un dragón de sombras era uno de los monstruos más peligrosos del reino —su magia oscura era tan fuerte que podía destruir un ejército entero.

“Lo enfrentaremos,” dijo Lin Xue, con determinación. “Pero no lo mataremos. Lo purgaremos de oscuridad, como hemos hecho con las demás bestias. Ese dragón era probablemente un ser bueno antes de que la guerra lo contaminara.”

Kael asintió. “Sí. Y si lo curamos, podría ayudarnos a construir el templo. Los dragones son muy fuertes, y saben mucho sobre materiales y construcción.”

El consejo acordó. Al día siguiente, un grupo de veinte miembros de la secta —entre ellos Lin Xue, Kael, Ravenna, el Maestro Hong y Li Ming— salió hacia la mina al norte.

El viaje duró dos días. Caminaron por montañas empinadas, cruzó ríos helados y atravesaron bosques oscuros. Durante el camino, se encontraron con varias bestias demoníacas, pero las curaron sin dificultad —la secta había llegado a ser muy hábil en la purgación de la oscuridad.

Al tercer día, llegaron a la mina. Era un lugar impresionante: una entrada grande de piedra negra, con símbolos antiguos grabados en las paredes. El aire se llenaba de una sensación de oscuridad y tristeza.

“El dragón está dentro,” dijo Li Ming, mirando la entrada con respeto. “Tenemos que ser cuidadosos. No le tengamos miedo —eso lo hará más agresivo.”

Lin Xue se acercó a la entrada y habló con voz clara y calmada: “Dragón de sombras, venimos en paz. No queremos dañarte. Venimos para pedirte ayuda y para curarte de la oscuridad que te contamina.”

Un momento después, escucharon un rugido que tembló la montaña. El dragón de sombras apareció en la entrada: era grande, con escamas negras como la tinta, ojos rojos brillantes y alas que alcanzaban más de diez metros de ancho. La oscuridad emanaba de su cuerpo, creando torbellinos de sombras a su alrededor.

“¡Huíd!” rugió el dragón. “Este es mi hogar. Nadie entra sin permiso.”

“Nosotros no queremos tu hogar,” dijo Kael, acercándose a Lin Xue. “Queremos ayudarte. Te hemos visto en tus sueños —eras un dragón de luz, protector de la mina y de los seres vivos. La guerra lo cambió todo.”

El dragón se quedó quieto, sorprendido. “¿Cómo sabes eso?” preguntó.

“Porque hemos vivido la guerra,” dijo Ravenna, acercándose con cuidado. “Y lo hemos superado. La oscuridad no es tu verdadero ser. La luz lo es.”

El dragón gruñó, y su magia oscura se intensificó. “La luz no existe más,” dijo. “La guerra lo destruyó todo.”

“Eso no es cierto,” dijo Lin Xue, canalizando su Qi Estelar. “La luz está dentro de ti. Solo necesitas dejarla salir.”

Lin Xue, Kael y Ravenna se unieron, fusionando su energía: luz de estrellas, magia de la sangre y magia de la sangre y luna. Se creó una esfera tricolor —azul, roja y morada— que brilló con una intensidad tan grande que iluminó todo el área.

El dragón lanzó un rayo de sombras hacia la esfera, pero esta lo absorbió y devolvió la luz hacia él. El dragón gritó de dolor, pero también de alivio. La oscuridad en sus escamas empezó a desaparecer, y sus ojos se volvieron de color dorado.

Cuando la luz desapareció, el dragón era un ser de luz: escamas doradas, ojos dorados, alas que brillaban como el sol. Se agachó y miró al grupo con agradecimiento.

“Gracias,” dijo, su voz suave y profunda. “Hace siglos que no sentía la luz. La guerra me contaminó, y creí que nunca volvería a ser yo mismo.”

“Te damos la bienvenida,” dijo el Maestro Hong. “¿Te gustaría ayudarnos a construir el Templo de la Estrella y la Sangre? Será un símbolo de la unión entre humanos y vampiros.”

El dragón sonrió —si se puede decir que un dragón sonríe— y asintió. “Sí,” dijo. “Esa es una causa noble. Y esta mina es tuya —toma todo lo que necesites. También te ayudaré a transportar los materiales al valle.”

El grupo se alegró mucho. Durante el resto del día, recolectaron piedra y madera de la mina, y el dragón —que se llamaba Long— los transportó en sus alas hasta el Valle de la Estrella y la Sangre. Los miembros de la secta que se habían quedado en el valle se quedaron boquiabiertos al ver a un dragón de luz volando sobre ellos.

“¡Es un milagro!” gritó Zi Yin, corriendo hacia el grupo.

“Es la unión,” dijo Lin Xue, sonriendo. “La unión puede hacer lo imposible.”

La construcción del templo empezó al día siguiente. Long ayudó a levantar las torres con su fuerza, mientras los carpinteros y albañiles de la secta trabajaban en los detalles. Los humanos y vampiros trabajaban juntos, compartiendo habilidades y conocimientos. Los jóvenes entrenaban en el templo de entrenamiento mientras los mayores preparaban la comida y cuidaban de los niños.

Durante las semanas que siguieron, el templo fue tomando forma. Las dos torres —una azul y una roja— se alzaron hacia el cielo, y en la cima se unieron en un arco de oro. El salón central era grande y luminoso, con ventanas que dejaban entrar la luz de las estrellas y la luna. En las paredes, se grabaron símbolos de estrellas y sangre, y escenas de la guerra y la unión.

Cuando el templo estuvo terminado, Lin Xue y Kael organizaron una ceremonia de inauguración. Invitaron a los líderes de todas las facciones humanas y vampiras del reino —incluso a los de la Secta del Rayo Rojo, que ahora estaba dirigida por un hombre llamado Wei que quería cambiar.

El día de la inauguración, el valle estaba lleno de gente. Más de quinientos personas —humanos y vampiros— se reunieron alrededor del templo, esperando la ceremonia.

Lin Xue se paró en la entrada del templo y habló con voz clara y fuerte: “Amigos, líderes del reino. Hemos reunido aquí hoy para inaugurar el Templo de la Estrella y la Sangre —un símbolo de la unión, de la paz, de la esperanza.”

“Durante siglos, hemos luchado unos contra otros,” continuó Kael. “Hemos perdido seres queridos, hemos destruido nuestras casas, hemos contaminado el mundo con odio y oscuridad. Pero hoy, eso termina.”

Ravenna se paró a su lado. “Hoy, creamos el Gran Consejo del Reino —un grupo de líderes humanos y vampiros que se reunirá aquí en el templo para tomar decisiones sobre el reino, para resolver conflictos, para construir un futuro en paz.”

El Maestro Hong se paró también. “El Gran Consejo tendrá igual número de humanos y vampiros. Ninguna facción tendrá más poder que otra. Todo se decidirá por consenso, por amor, por respeto.”

Los líderes de las facciones se acercaron a la entrada del templo y firmaron un tratado de paz que establecía el Gran Consejo. El líder Wei de la Secta del Rayo Rojo fue el primero en firmar. “Soy un hombre que ha cometido errores,” dijo. “Pero hoy, empiezo de nuevo. Juro trabajar por la paz.”

El líder de la Casa de la Sombra Negra —que ahora era una facción de paz dirigida por una vampira llamada Mei— también firmó. “La guerra no nos llevó a ninguna parte,” dijo. “La unión sí lo hará.”

Cuando todos habían firmado, Long el dragón voló sobre el templo y soltó una lluvia de luz dorada que cayó sobre todo el grupo. Todos sintieron una sensación de calma y alegría que les invadió el cuerpo.

“El Templo de la Estrella y la Sangre está inaugurado,” dijo Lin Xue, con lágrimas de alegría en los ojos. “Que el Gran Consejo guíe el reino hacia la paz, hacia la unión, hacia el futuro.”

Todos gritaron de alegría, y la luz de las estrellas y la luna se fusionó en el cielo, creando un arcoíris de colores que iluminó el valle durante toda la noche.

Mientras todos celebraban, Lin Xue y Kael caminaron al tope del arco de las torres, con Long volando a su lado. Miraron al reino que se extendía a sus pies —montañas, ríos, bosques, ciudades— y sintieron una sensación de orgullo que nunca había sentido antes.

“Lo hicimos,” dijo Kael.

“Juntos,” dijo Lin Xue, le abrazó. “Siempre juntos.”

Se besaron suavemente bajo la luz de las estrellas y la luna, sabiendo que habían cumplido su sueño. El reino estaba unido, la paz reinaba, y el ciclo de la sangre y la estrella se había cerrado —para abrirse a un nuevo ciclo de amor y unión.

Pero en ese momento, escucharon un ruido a lo lejos: un rugido que no era de Long. Era un rugido de dolor y rabia, un rugido que venía del centro del reino.

Long miró hacia donde venía el ruido con preocupación. “Es el Dragón de la Oscuridad,” dijo. “El hermano de mi padre. Fue contaminado por la guerra hace siglos y se refugió en la Cueva de la Muerte. Creí que estaba muerto.”

Lin Xue y Kael se miraron. Sabían que su trabajo no estaba terminado. Habían curado muchas bestias, unido el reino, construido el templo. Pero el Dragón de la Oscuridad era el último bastión de la oscuridad, y si no lo curaban, podría destruir todo lo que habían construido.

“Vamos,” dijo Lin Xue, con determinación. “Tenemos que ayudarlo. La unión no se detiene aquí.”

Kael asintió. “Sí. Y esta vez, el Gran Consejo nos ayudará. Todos juntos, podemos curar a cualquier ser viviente.”

Long sonrió y extendió sus alas. “Subid,” dijo. “Yo os llevaré. Juntos, curaremos a mi tío y terminaremos con la oscuridad para siempre.”

Lin Xue y Kael se subieron a las alas de Long, y volaron hacia el centro del reino, hacia la Cueva de la Muerte. Mientras volaban, vieron a los miembros de la secta y a los líderes del Gran Consejo seguirles, listos para enfrentar el último desafío.

La noche era oscura, pero la luz de la estrella y la sangre brillaba en sus corazones. Sabían que el camino sería difícil, pero también sabían que tenían la fuerza, el amor y la unión para enfrentarlo.

El último capítulo de su historia estaba a punto de empezar.

 

Lin Xue, Kael, Long y el resto del grupo llegaron a la Cueva de la Muerte al amanecer. La oscuridad emanaba de la entrada, y el rugido del Dragón de la Oscuridad se hacía más fuerte. Estaban listos para enfrentarlo, listos para curarlo, listos para terminar con la oscuridad para siempre.

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