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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: El recuerdo que nunca murió

El mundo regresó como un suspiro.

Primero, una luz tenue.

Luego, un olor a desinfectante.

Un pitido suave como un latido artificial.

Y finalmente…

una mano cálida, envolviendo la suya.

La de él.

Liam.

Cuando Mía abrió los ojos del todo, lo primero que vio fueron los suyos:

grises, rojos de llanto, y llenos de una devoción tan intensa que casi le dolió.

Liam apenas respiraba.

—Mía… —susurró, con la voz completamente rota—.

Estás aquí… estás…

Ella apretó su dedo, muy, muy despacio.

Un gesto débil.

Pero para Liam, fue suficiente para caer de rodillas al borde de la cama, sosteniendo su mano como si fuera una reliquia sagrada.

—No… vuelvas a hacerme esto —dijo él, con lágrimas cayendo sin vergüenza—.

No me vuelvas a dejar entre la vida y la muerte.

No, Mía… por favor…

Ella intentó hablar, pero su garganta estaba seca.

Aun así, lo dijo:

—Yo… también te conocía… antes.

Liam parpadeó.

Se quedó congelado.

—¿Qué… dijiste? —preguntó, como si temiera que hubiera sido una alucinación.

Mía respiró con dificultad.

—Antes… de la casa.

Antes de esa noche.

Antes de… todo.

Liam sintió que el corazón se le detenía.

—¿Cuándo? —susurró él, acercándose más—.

Mía… ¿cuándo?

Dímelo… necesito saberlo…

Ella cerró los ojos, buscando entre sombras un recuerdo que había enterrado tanto como él.

—Éramos… niños.

No amigos.

No cercanos.

Pero… nos vimos una vez.

En un muelle.

Liam sintió un escalofrío recorrerlo entero.

—¿Un muelle…? —preguntó, con la voz temblando.

—Sí… —susurró ella—. Yo estaba con mi mamá. Tú… estabas solo.

Mirando el agua.

Como si estuvieras triste.

Liam sintió un sonido dentro de su propia cabeza.

Como un vidrio astillándose.

—Mía… —murmuró, con la voz ronca—.

Yo recuerdo ese día.

Recuerdo… a una niña.

Los ojos de ella se abrieron más.

—¿Me recuerdas?

Liam cerró los ojos con fuerza, apretando su mano.

—Recuerdo tu vestido blanco —susurró—.

Y que estabas llorando.

Tu madre… estaba gritando con alguien.

Tú viniste hacia mí porque no sabías a dónde ir.

Mía sintió un escalofrío en la piel.

—Yo… —ella tragó saliva—… yo me escondí detrás de ti.

Liam abrió los ojos.

Llenos de agua.

Llenos de sorpresa.

Llenos de algo que él no tenía nombre para describir.

—Tú… —susurró él— te quedaste conmigo hasta que tu mamá se calmó.

Y cuando te fuiste… dijiste mi nombre.

“Liam”.

El corazón de Mía tembló.

—Yo… pensé que lo había soñado.

Él negó.

—Nunca lo soñaste.

Ese día… —su voz se quebró— fue la primera vez que alguien me habló con amabilidad.

La primera vez que alguien me tocó sin miedo.

Los ojos de ambos se llenaron de lágrimas silenciosas.

—Y yo… te recordé —dijo Liam, con un tono que era plegaria y confesión—.

Siempre te recordé.

Solo que no sabía… que eras tú.

Las lágrimas de Mía rodaron por sus mejillas.

—No entendía por qué…

cuando te vi en la empresa…

cuando me rechazabas…

cuando me ignorabas…

cuando me gritabas…

Liam apretó los dientes, deshecho por dentro.

—Yo… lo recuerdo fragmentado… pero… —sus ojos se nublaron—… esa primera noche… después del accidente de tu departamento… cuando te contrataron… yo… yo te reconocí.

Algo dentro de mí lo hizo.

Pero no podía admitirlo.

Mía cayó en un silencio helado.

—¿Por eso… me tratabas así?

Liam apoyó la frente en la cama.

—No sabía cómo acercarme.

No sabía cómo hablar contigo sin sentir que todo se me rompía por dentro.

No sabía… cómo protegerte… sin sentir que te estaba poniendo en peligro.

Mía sintió que el pecho le dolía… no por la herida…

por él.

—Liam…

Él levantó el rostro.

Su mirada estaba cargada de una verdad que había estado enterrada por años.

—Te amo desde antes de saber qué era el amor.

Ella quedó sin aire.

—Yo…

Pero la puerta se abrió.

Sophie entró… y su expresión no era buena.

—Liam… —dijo en voz baja.

Él se incorporó inmediatamente.

—¿Qué pasó?

Sophie miró a Mía un segundo.

Luego a Liam.

—No quería decirlo frente a ella… pero ya no hay opción.

Liam frunció el ceño.

—Sophie, ¿qué—?

Ella respiró hondo.

—Tu padre… desapareció del hospital.

Y Calder también.

Alguien los ayudó a escapar.

El cuerpo de Liam se tensó.

—¿Quién?

Sophie bajó la mirada.

—Las cámaras lo muestran.

No hay duda.

Liam avanzó un paso.

—¿QUIÉN, SOPHIE?

Ella alzó la vista.

—Alexander.

El mundo de Mía se contrajo.

Liam sintió un golpe en el pecho.

—¿Qué… hizo… Alex?

Sophie apretó los labios.

—Los liberó.

Les dio acceso a los pisos inferiores.

Y… —trago saliva— se fue con ellos.

Mía jadeó.

Liam se quedó inmóvil.

Pálido.

Frío.

Vacío.

—¿Alex…? —susurró, como si no pudiera comprenderlo—.

Él…

¿lo ayudó a escapar?

¿A mi padre?

Sophie asintió lentamente.

—Los tres se fueron juntos.

Mía sintió que la sangre se le helaba de terror.

—Liam… —susurró—. Eso significa que ahora…

que ahora…

Liam no la miró.

Su mirada estaba perdida.

Como una tormenta oscura.

—Significa que ahora… —dijo, con una voz tan fría que no parecía humana—

los tres vienen por ti, Mía.

Ella sintió que su corazón se detuvo.

Y Liam añadió con un tono que heló a todos en la habitación:

—Y para llegar a ti…

van a pasar primero por mí.

Su mirada finalmente regresó a ella.

Pero no era Liam.

No el Liam dulce.

No el Liam roto.

No el Liam vulnerable.

Era un Liam que ella nunca había visto.

Era fuego.

Era sombra.

Era furia.

—No van a tocarte —dijo con una calma aterradora—.

Porque esta vez…

no me van a quitar lo que amo.

Y mientras la noche avanzaba…

Mía comprendió que Liam no solo estaba dispuesto a luchar.

Estaba dispuesto…

a destruir.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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