Antonio Kühne llega a la ciudad con un único propósito firmar un contrato con la familia Blackmore.
Émily Blackmore, universitaria, hija del empresario Joseph Blackmore. Creció con el amor de sus padres, pero con la llegada del nuevo socio de su padre todo cambiara.
secretos muy oscuros seran revelados, infidelidades, surgirá un amor netamente prohibido.
NovelToon tiene autorización de stefy.R para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 7
Volteo y miro hacia arriba, hacia la zona VIP. Unos ojos claros logran llamar un poco mi atención, pero me doy la vuelta para regresar con mis amigos, que están buscando una mesa.
—Este lugar es muy elegante para ser un club —le susurro a Magnus al oído.
Él asiente y se sienta frente a mí.
—¡Que empiece lo bueno! —dice Joset, abriendo la botella.
Se acercan dos mujeres y se sientan a su lado.
Ese nunca va a cambiar. Ruedo los ojos.
No quería venir, pero la noche no está tan mal; hay buen ambiente y la música suena perfecto.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco… ya ni sé cuántos tragos llevo. ¿Cinco o quizá siete?
Estoy encendida.
Me paro en la mitad de la pista y muevo mis caderas al compás de la música de Daddy Yankee.
Amo su música, me prende, me libera.
—Princesa —escucho en mi oído. Volteo y veo esos ojos claros color miel.
Se me eriza la piel, pero de miedo. Hay algo en este hombre… algo en su presencia que inspira respeto, tal vez peligro.
—Gra… cias —digo nerviosa. Me alejo, pero él me toma del brazo y me atrae hacia él.
—Princesa, baila conmigo esta y no molesto más —susurra. Me relajo un poco y me pego a su cuerpo.
Huele delicioso, demasiado, diría yo. Hay que reconocer que está muy bueno.
Suena una salsa romántica y me toma de la cintura. Me siento curiosamente cómoda bailando con él, aunque es un desconocido.
Termina la canción y sigo pegada a él por pura inercia.
Levanto la mirada y me encuentro con esos ojos grises que me estremecen por completo. Me incomodo y suelto al hombre que tengo enfrente.
Él me mira raro y se aparta sin decir nada más.
Dios, qué calor. Hoy es el día de ver ojos lindos, al parecer.
—Chicos, voy al baño —anuncio, pero ellos están demasiado concentrados con varias mujeres encima.
Perfecto, ya los perdí.
Entro al baño, veo mi reflejo en el espejo y me arreglo un poco el cabello. Me observo unos segundos y salgo para volver a la mesa.
Choco con alguien y, cuando levanto la vista, lo miro con cierto desagrado.
—¿Tu padre sabrá que su niña está aquí metida? En un lugar donde, si haces un movimiento en falso, te matan —me susurra con esa voz ronca que se me mete en los huesos.
No digo nada. Solo lo miro con picardía, y su expresión cambia. Nos quedamos viendo fijamente por unos segundos. Yo bajo la mirada a sus labios rosados.
Me van a matar estos hombres tan lindos que aparecen aquí.
Sin más, él se acerca, pero yo tomo la delantera y lo beso.
Él me sigue el beso con más intensidad y me pega contra la pared. Su aliento a alcohol y el sabor de sus labios son… exquisitamente peligrosos.
Esto es una adicción. En serio.
Me separo un poco, pero él abre mis piernas y me aprieta más contra la pared.
Qué calor, Dios santo.
Ahora es él quien me besa con hambre. Me recorre el cuello, baja lentamente, y esto es la gloria. Cada toque suyo me quema.
De pronto se separa, sin decir nada, y se va, dejándome así.
Mierda. No lo alcanzo. Me meto al baño para calmarme un poco.
Definitivamente, esto fue increíble. Tengo unas ganas enormes de que me dé duro contra esa pared… qué hombre tan impresionante.
Regreso a la mesa con pasos firmes, sin mostrar evidencia alguna de lo que acaba de pasar. Mis amigos siguen más entretenidos que nunca.
—¿Les pago un cuarto? —los miro a todos, y las mujeres se alejan en cuanto me acerco.
—Nos quitaste nuestra diversión —me reclama uno.
—Quiero irme, ya me cansé, Magnus —le digo.
—Vamos —responde Joset, tomándome del brazo mientras salimos.
Son las 3 de la mañana y yo siento que no ha pasado tanto tiempo.
Subo al carro, me dejan en mi casa, me despido y entro con cuidado para no despertar a nadie.
Me sobresalto cuando veo una luz encendida y una puerta abierta: el despacho de mi padre. Sigilosamente me posiciono a un lado de la puerta y escucho.
—Sí, necesito veinticinco hombres, todos armados para mañana. Hay que recuperar lo que es nuestro. La trampa está lista. Cuando estén todos en sus posiciones, avisen —habla por teléfono con una autoridad que me deja sin aire.
¿Hombres para qué? ¿Recuperar qué? ¿Por qué habla así? No conozco a mi padre… jamás lo había visto así.