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La Sangre Que Nos Condena

La Sangre Que Nos Condena

Status: Terminada
Genre:CEO / Venganza / Mafia / Doctor / Romance oscuro / Completas
Popularitas:578
Nilai: 5
nombre de autor: Amanda Ferrer

Logan MacGyver guardó resentimiento durante 15 años. Abandonado por su propia familia y separado de su hermano, a quien amaba, construyó su propio mundo de poder: gobierna un hospital de élite y un cartel implacable. Pensaba que no necesitaba nada más… hasta que Maya Summer cruzó su camino.

Inteligente, audaz y con una lengua afilada, Maya despierta en Logan una obsesión posesiva que nunca antes sintió. Pero el peligro acecha: la poderosa familia MacGyver cree que Maya es el punto débil de Logan. La quieren para obligarlo a regresar, para retomar el control.

Solo olvidaron un detalle: Logan MacGyver ya no sigue sus reglas, y está dispuesto a manchar su bata de médico con sangre para proteger lo que es suyo.

NovelToon tiene autorización de Amanda Ferrer para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

El ambiente en el Hospital MacGyver ese lunes estaba cargado. Logan observaba a Maya a través del vidrio de la central de enfermería. Ella se movía como una máquina, pero había una rigidez nueva en sus hombros. Desde el inicio del turno, no había tocado nada sólido; solo el sonido de las latas de energético abriéndose y el aroma fuerte de café negro llenaban el aire a su alrededor.

Estaba pálida, las ojeras escondidas bajo el maquillaje impecable, y sus manos temblaban levemente, una señal peligrosa para una cirujana.

Cuando el reloj marcó 24 horas de turno ininterrumpido, Logan no aguantó más.

—Summer, a mi sala ahora —ordenó, la voz grave no admitiendo réplicas.

Tan pronto como la puerta se cerró, lanzó un sándwich de pavo y un jugo natural sobre la mesa.

—Te vas a matar, Maya. A partir de hoy, vas a cortar ese exceso de cafeína. Eres médica, sabes muy bien que tu corazón va a acabar parando si sigues mezclando estimulantes con el estómago vacío.

Maya lo encaró, pero el fuego que solía brillar en sus ojos parecía haberse tornado en una humareda gris.

—Estoy bien, Director. Ocúpese de su vida.

—Come ahora —gruñó, cruzando los brazos.

Maya se forzó a dar algunas mordidas, la comida parecía gris en su boca; la voz de su madre gritando que estaba "gorda" y que era una "prostituta" martillaba en su cráneo. Comió solo la mitad y empujó el plato, el estómago revolviéndose de náuseas y culpa.

Logan bufó, frustrado. No entendía por qué ella luchaba tanto contra su propia supervivencia. La tomó por la muñeca, no con fuerza, pero con una firmeza inquebrantable, y la guio hasta la suite integrada a la oficina.

—Vamos a aprovechar el descanso, necesitas un baño y dormir.

En el baño, comenzó a desvestirla normalmente, este sería el momento en que Maya lanzaría una mirada seductora o haría un comentario ácido para excitarlo. Pero, hoy, ella solo escupía insultos vacíos.

—Eres un maníaco, MacGyver. Te voy a denunciar por acoso, voy a acabar con tu carrera, tu neandertal prepotente —disparó, pero su voz no tenía fuerza—. ¡Déjame en paz! Sabes que soy virgen, ¿por qué sigues insistiendo? ¡Déjame ir!

Logan se detuvo, el jabón en la mano, observándola. Su cuerpo estaba tenso, los ojos fijos en un punto invisible en la pared. Ella no estaba tratando de seducirlo; estaba tratando de protegerse de algo que él no conseguía ver. La Maya audaz había dado lugar a una mujer que parecía haber desistido de luchar contra el mundo.

—Cállate, Maya —dijo suavemente, lavando su espalda con una delicadeza que contrastaba con su imagen de bruto.

Después del baño, la llevó a la cama king-size. Maya se acostó, pero continuó la pelea verbal, las palabras saliendo mecánicamente.

—Te odio, odio este hospital, odio la manera en que me miras como si yo fuera tu propiedad.

Ella no quería más ser usada. Sus padres tenían razón y ella era solo un objeto de placer, ella quería que el juego terminara, ella quería desaparecer en la oscuridad del cansancio.

Logan no respondió a los insultos, él solo se acostó detrás de ella, atrayendo el cuerpo pequeño cerca del suyo, envolviéndola en un abrazo protector. Él sintió la resistencia de ella por algunos minutos, hasta que el cansancio extremo finalmente venció la mente atribulada de Maya.

Ellos durmieron por solo dos horas antes de que el bipe del hospital sonara nuevamente. Pero, para Logan, aquellas dos horas cambiaron todo. Sentir el cuerpo de ella relajarse contra el de él, oír la respiración de ella calmarse y sentir el calor de su piel fue como una droga nueva. Él, que nunca dividió la cama con nadie además del acto sexual, percibió que estaba viciado.

Él no quería solo el sexo de ella; él quería el sueño de ella, el silencio de ella y el alma que ella intentaba tanto esconder.

Logan se levantó primero, mirando a ella adormecida por un segundo más.

—Puedes intentar desistir de ti misma, conejita —él susurró para el cuarto vacío—, pero yo no voy a dejar.

El silencio de la madrugada en el Hospital MacGyver fue quebrado por el sonido de pasos apresurados y el brillo de una lámina. El hombre, camuflado entre las sombras de un pilar, avanzó contra Maya con un movimiento rápido. Él buscaba el corazón, pero ella se esquivó por instinto, el cuchillo cortó el aire y rasgó la piel de su barriga, un corte superficial que, no obstante, manchó su pijama quirúrgico de un rojo vivo instantáneamente.

Asustada, Maya corrió, el dolor palpitaba, pero la adrenalina la empujaba por el corredor vacío. Logan, que se dirigía a la UTI, congeló al ver la escena: su conejita sosteniendo el vientre sangrando, siendo cazada.

Él la interceptó, atrayéndola para detrás de su cuerpo como una muralla.

—Conejita, cierra los ojos —ordenó Logan, la voz de una frialdad mortal.

Maya obedeció, cubriendo el rostro con las manos temblorosas. El sonido del disparo resonó por el corredor silencioso, seguido por el golpe seco del cuerpo atingiendo el suelo, el cazador había abatido la amenaza.

Logan tomó el celular, la voz desprovista de emoción:

—Necesito al equipo de limpieza ala Este ahora.

Él la llevó para una sala de exámenes privada y cerró la puerta. Con manos firmes, él retiró el pijama de ella. Por debajo de la blusa de frío, Maya usaba solo un sostén de encaje negro. Logan sintió la mandíbula trabarse al ver las costillas de ella tan evidentes, pero enfocó en la herida. Mientras limpiaba y suturaba el corte, él disparó:

—A partir de hoy, tú no vives más con tus padres, es peligroso. Ellos están intentando atingirme a través de ti, quieren forzarme a volver para las riendas de ellos.

Maya, confusa y aún en choque, disparó sus insultos creativos.

—¡Estás loco! ¡Un dictador enfermo! ¡Yo no voy a vivir contigo en ningún lugar!

Ella se inclinó y dio un chupetón fuerte en el cuello de él, una marca de desafío.

—Para de ser tarado, MacGyver, yo no soy tu propiedad.

Logan sonrió sombríamente, aproximando el rostro del de ella.

—Yo soy tarado por ti, conejita, y a ti te encanta. Tú me amenazas, pero cuando yo te toco, tú imploras por más.

Él la besó con fuerza, pero Maya lo mordió, sintiendo el gusto de sangre.

—No tienes elección —sentenció Logan—. Vas a vivir conmigo, voy a comerte hasta que implores, eres mi perra preferida.

El sonido de la bofetada estalló en la sala. Maya tenía los ojos desbordando lágrimas.

—¡Yo no soy perra! Yo no soy... —Las palabras murieron en su garganta, sofocadas por el trauma de las ofensas que oía en casa.

Ella salió de la sala y terminó el turno con una dignidad férrea, ignorando el dolor físico y la furia que sentía por él.

Al llegar a casa para la cena, el infierno continuó. Jordan y Margareth Summer escupían veneno sobre el plato de Maya.

—Estás gorda, Maya, su prostituta. Mira esos pechos, están caídos. Vamos a marcar tu silicona —Margareth decía, entre un sorbo de vino y otro—. Aprende con Chloe. Ella está comprometida con un heredero conservador. Los nobles se casan con las puras, y usan las "cualquiera" como tú.

—Lo bueno de ser "cualquiera" —Maya replicó, la voz trémula— es que ustedes no pueden venderme como ganado, como están haciendo con Chloe.

En ese momento, la puerta de la mansión fue derribada. Logan entró como un huracán.

—Maya, arregla tus cosas ahora.

—¡Estás loco! ¡Ya dije que no voy! —ella gritó.

Logan no discutió, él la tomó y la lanzó sobre el hombro como un saco de patatas. Maya gritó de dolor, el corte en la barriga repuxando. Ella lo insultaba, lo mordía y lo golpeaba mientras él la cargaba para fuera, bajo la mirada atónita y cobarde de sus padres.

Dentro del coche, camino de la Mansión Salazar, Logan intentó avisar:

—La familia de mi madre es diferente, no te asustes.

—¡Cállate! —ella sollozó—. ¡Yo no quiero saber de tu vida de criminal, su dictador de mierda!

La llegada a la mansión fue un caos de gritos. Logan, perdiendo la paciencia con el desespero de ella, la cargó escalera arriba.

—Maya, o te quedas quieta, o te pongo de castigo.

Él la lanzó en su cuarto y cerró la puerta por fuera. El sonido de la llave girando fue el gatillo final. Maya no estaba más en el cuarto de Logan; en su mente, ella estaba encerrada en el clóset oscuro de sus padres. El pánico la sofocó. Las paredes parecían cerrarse sobre ella, las voces de Jordan y Margareth gritando que ella era una basura se tornaron ensordecedoras.

Allá abajo, Alba cuestionaba al hijo:

—Logan, ¿por qué hiciste eso?

—Intentaron matarla en el hospital, madre. Ella es importante de más, no está segura allá —Logan explicó, pero fue interrumpido por un grito viniendo del lado de fuera.

—¡Señorita, no haga eso! —los soldados en el jardín gritaban.

Maya, en un acto de puro desespero para huir de las rejas invisibles de su mente, había saltado de la ventana del segundo piso. El barullo del impacto en el suelo fue seguido por un llanto desesperado y dilacerante, que hizo el corazón de Logan parar por un latido.

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