Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
NovelToon tiene autorización de Edgar Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9
Nunca le pedí un centavo a mi madre. Yo adoraba a mi mamá, era lo más importante de mi vida, mi amiga, mi consejera y mi soporte emocional, sin embargo yo quería abrirme paso con mi propio esfuerzo sin requerir de la inmensa fortuna de mi madre.
Mamá había puesto su centro de operaciones en Glasgow donde tenía sus oficinales principales del enorme conglomerado que era su imperio económico. Tatiana, mi hermana gemela, era su gerente general y entre las dos llevaban adelante el consorcio Dumitrache con sucursales en todo el globo terráqueo y franquicias mundiales. Mi madre quería que me mude a Escocia y viva con ella, incluso me ofreció la vicepresidencia del conglomerado pero no quise. Por esos días yo quería ser astronauta y le dije que iba a estudiar y trabajar en la administración espacial y de aeronáutica y prepararme para viajar a Marte.
Eso también lo saben. No fui astronauta y mi vida naufragó en la nada, sin saber qué hacer ni a qué dedicarme aunque hice de todo para sobrevivir je je je. Yo le decía a a mamá que estaba bien, que triunfaba en la vida, que era exitosa y que, en efecto, encabezaría la primera misión tripulada a Marte, pero todo era mentira. ¡¡¡Yo no tenía un cobre en la cartera!!!
Entonces me hice policía. Y cuando se enteró mi madre puso el grito en el cielo. -Eso sí que no, señorita, ninguna hija mía se agarrará a balazos con delincuentes, usted, señorita, se viene de inmediato, ahora mismo, conmigo a Glasgow-, daba bufidos a gritos mamá, indignada de haberme hecho policía sin su consentimiento.
Obviamente no le hice caso y ahora soy capitana de la policía, je je je. Mamá me dejó de hablar un mes entero que para mí fue una agonía porque necesitaba de ella, pero después de ese tiempo, volvimos a hablar, a contarnos nuestras cuitas y hacer lo de siempre: llorar como tontas.
Tatiana viene siempre a verme a casa y es mi cómplice en todo. Somos tan idénticas que a veces nos confundimos en quién es quién, je je je. Tenemos el mismo cutis, la misma risa, nos peinamos igual, nos gustan los mismos hombres y hemos sido súper traviesas desde niña. Las profesoras sufrían para controlarnos porque éramos terribles. Le pegábamos a nuestras amiguitas, desafiábamos a las tutoras, cambiábamos de identidad en todo momento para evitar castigos y suspensiones, y no había día que llamaban a mamá a la dirección porque le rompimos la nariz a alguien. -Sus hijas son un terremoto juntas, señora Dumitrache-, se quejaba indignada la directora.
Yo era buena en letras y mi hermana en números, así es que yo hacía las tareas de ella y ella las mías, je je je. ¡¡¡Nuestras letras eran idénticas!!! Nadie ni nada podía delatarnos, je je je.
También hacíamos sufrir a los chicos que nos invitaban a bailar, al cine, a la playa o a fiestas. -Me gustas Claudia-, decían unos y yo respondía coqueta, - te equivocas, chico, yo soy Tatiana, chico-, riéndome a carcajadas porque estaba ocupando el lugar de mi hermana, desconcertando a los hombres hasta la locura.
Ya era capitana en la policía cuando empezaron mis irrefrenables deseos eróticos y el querer beber sangre. Eso tampoco le conté a mamá ni a Tati, pero yo quería tener relaciones a diario, con cualquier sujeto y después morderle el cuello y beberme su sangre hasta quedar empalagada. Era una combinación de hacer el amor y brindis sanguinolento. Asociaba la cama con el cuello y eso me volvía febril, excitada en extremo, envuelta en llamas, incendiando mis entrañas.
Lo que más deseaba era embarazarme, ya les conté. Las ansias superaban mis deseos y el querer quedar encinta se había tornado en una obsesión. ¡¡¡Yo aspiraba engendrar vampiros!!!
Cuando visité a un ginecólogo muy reconocido en la ciudad me dijo que yo era una mujer sumamente fértil y que tendría bastante descendencia. -Usted está muy sana, señorita Dumitrache, es fuerte, súper saludable y no hay ningún problema en que se embarace hasta mil veces-, me subrayó el galeno riéndose. Sin embargo yo no podía embarazarme. Había tenido sexo muy intenso con Gabriel, sin protección alguna, y embargo no quedé preñada. A mí me hubiera encantado tener descendencia de él, empero no pasó nada. Luego un delincuente mató a mi enamorado, ya lo saben.
Eso me sumía en el desaliento. sentía que le había fallado a Gabriel y que también me había fallado a mí misma.